Un edificio para la “lucha contra el cáncer” en España: el Instituto Príncipe de Asturias de Madrid (1910-1939)
Resumen
El Instituto del Cáncer o Instituto Príncipe de Asturias fue el primer centro especializado en el tratamiento e investigación del cáncer en España. En este artículo se analiza la evolución de dicho centro, desde la puesta de la primera piedra en los terrenos de la Moncloa de Madrid, en 1910, hasta su destrucción total durante la Guerra Civil española. Durante los que probablemente fueron los años más convulsos de la historia del país, hubo que hacer un esfuerzo colectivo para abordar los desafíos de la enfermedad, que implicó no solo a médicos y científicos, sino también a las instituciones estatales, a la monarquía y a organizaciones filantrópicas como la Liga Española Contra el Cáncer.
La necesidad de crear un hospital monográfico especializado en cáncer surgió debido al interés que despertaba, tanto en los profesionales, como en la población general, el aumento de la incidencia del cáncer. Por otro lado, las prolongadas hospitalizaciones de este tipo de pacientes y la falta de centros especializados en el país, hacían que fuera muy difícil encontrar una solución para poder prestarles asistencia. El proceso fue complejo, y estuvo influido por dificultades económicas recurrentes, que afectaron tanto la construcción como el funcionamiento del Instituto. La fundación del Instituto se enmarca en un contexto de reformas sanitarias nacionales impulsadas por campañas contra enfermedades graves, siguiendo modelos europeos. La financiación provenía de apoyos estatales, donaciones privadas y subvenciones de organismos públicos, pero nunca fue suficiente para cubrir el creciente número de pacientes.
Durante el periodo analizado, figuras como José Goyanes y Pío del Río-Hortega lideraron el Instituto en distintos momentos e impulsaron la investigación histopatológica y de radioterapia. El estallido de la Guerra Civil tuvo consecuencias devastadoras; el edificio fue destruido y parte del personal, como del Río-Hortega, se exilió, marcando una pérdida significativa para la ciencia médica española.