Revista de poética medieval, 40 (2026), pp. 25-51, ISSN: 1137-8905 / eISSN: 2660-891X

DOI: https://doi.org/10.37536/RPM.2026.40.1.118042

Los textos preliminares en los cancioneros de Baena:
fijación de su cronología y nuevas consideraciones sobre el florilegio real*

Cleofé Tato García

Universidade da Coruña, España

cleofe.tato@udc.es

https://orcid.org/0000-0002-1634-6685

A Giuseppe Di Stefano y Blanca Periñán

Juan Alfonso de Baena, compilador

Poeta y antólogo, Baena es conocido sobre todo por la última faceta, pues, según se ha mantenido en las últimas décadas, c. 1430 preparó para Juan II uno de los principales cancioneros cuatrocentistas, considerado hasta ahora el primero de la familia baenense1; no se conservó, pero pervive, bastante alterado, en otro custodiado en la Biblioteca Nacional de Francia –PN1 (Dutton 1990-1991, III: 73-327)–, que Tittmann, a partir de la filigrana, dató c. 1465, muerto su compilador (1968: 193-196)2: el monarca recibiría el florilegio a él dedicado «at the earliest during 1430’s and […] no later than February, 1445» (1968: 193). Este estudio se difundió en gran medida gracias a Blecua (1974-1979), quien, tomándolo muy en cuenta, profundizó en PN1; por lo que toca a la datación, posiblemente apoyándose en el límite de 1430, fijó la fecha del cancionero real en ese año (ibidem: 242, n. 21), hipótesis aceptada después sin discusión3.

Para conocer el trabajo del Baena antólogo hemos de basarnos, pues, en un cancionero que él ya no controló; se trata de un códice en papel, muy sobrio y con escasa decoración (Faulhaber/Perea 2018: 31), algo común en el ámbito castellano, donde «abundan los manuscritos material y estructuralmente poco sofisticados» (Beltran 2011: 414). Destaca su tamaño –«marca mayor» (Faulhaber/Perea 2018: 40-41)– y esmerada presentación, pero su ornato está lejos del de Estúñiga –MN54– (Beltran 2011: 414)4; en contrapartida y pese a las alteraciones que conoció, PN1 es una antología ordenada, en cuyos paratextos sobresale «la cuidada anotación retórica de los poemas, o las precisiones sobre el destinatario o la ocasión en que fueron compuestos» (idem)5. En su copia alternan varias manos en gótica redonda libraria, conformando un conjunto de homogénea apariencia (Tittmann 1968: 192)6; la similitud de la letra e iniciales de los fols. 4r y 193 «indica que todo el manuscrito responde a un proyecto codicológico único, incluidos los Proverbios de Santillana (ff. 193r-202v)», escritos en 1437 (Faulhaber/Perea 2018: 22)7. PN1 pudo prepararse para Enrique IV u otro destacado personaje (ibidem: 21): la copia de los Proverbios, que Juan II encargó para la educación de su hijo, refuerza la hipótesis. Es mucho lo avanzado, pero no sabemos cuánto queda en PN1 de la labor de Baena: la organización inicial se vio trastocada, pues la disposición original de los cuadernos se perdió y se reencuadernaron en desorden8. Ello explica, en parte, la discordancia entre el orden de los autores en el índice y su distribución en el manuscrito (vid. infra pp. 34-35).

La compilación del andaluz suscitó interés ya en el xv y dio lugar a otras que conforman la familia de cancioneros en la cual se inscribe PN1. Este códice perteneció al linaje soriano de los Beteta ya en el cuatrocientos, pasó después a la biblioteca escurialense y acabó en París9; no es un fiel reflejo de la labor de Juan Alfonso, de la que daba cuenta el cancionero real c. 1430, datación, según se ha visto, fijada por Blecua. No obstante, nada impide retrasarla10: al contrario, como pretendo demostrar, resulta más conveniente11. Esta desaparecida colección, a la que aplico la sigla ZZ-CRB, sin duda era un trabajo muy cuidado, a la altura del dedicatario12: podría identificarse con un manuscrito «de pergamino, de mano, en romançe, que es de coplas de Alonso Álvarez de Villa Sendino e otros», incluido en el inventario de bienes de Isabel I que en 1503 se hallaban en Segovia13; desde luego la materia escriptoria empleada era «a luxury befitting a manuscript intended as gift to royalty» (Tittmann 1968: 194), en tanto la incompleta referencia a los autores podría basarse en la fórmula del anteprólogo del cancionero de Juan II –«e todos los otros poetas» (Dutton/González Cuenca 1993: 1)–14. Pero, además de ZZ-CRB, hubo otros cancioneros de Baena sobre los que hemos de reflexionar15.

Comienzo por acercarme al trabajo previo a ZZ-CRB, sin olvidar que desconocemos «il metodo di lavoro di Baena nel raccogliere e selezionare i testi per la redazione del suo voluminoso libro» y que solo disponemos de las pistas extraíbles del propio PN1 (Elia 1999: 368). Así las cosas, apenas se han planteado preguntas sin respuesta: «How reliable were his sources for the brief biographical circumstantial details which precede the poems? Did he work entirely alone? Did he attempt to edit the poems or select the most reliable texts? How much was gathered aurally?» (Weiss 1990: 40). Tampoco sabemos qué modelos seguía: sobre él pudo pesar el Livro das cantigas compilado por el conde de Barcelos y entregado a Alfonso XI (Gómez Redondo 2024: 129), así como la tradición gallego-portuguesa16. Trataré aquí de su quehacer a partir de la información proporcionada por varios preámbulos de otras compilaciones cuatrocentistas.

Obviando las diferencias del momento en que se halla la cultura tras la aparición de la imprenta, Baena procedería en la fase inicial de modo similar a Castillo, cuyo interés y natural inclinación por la poesía lo llevan a dedicar veinte años sin descanso a

investigar, haver y recolegir de diversas partes y diversos auctores, con la más diligencia que pude, todas las obras que de Juan de Mena acá se escribieron, o a mi noticia pudieron venir, de los auctores que en este género de escrevir auctoridad tienen en nuestro tiempo. Donde copilé un cancionero […] si no muy excelente, a lo menos no malo (I, 189)17.

De este preliminar se desprende que inicia la tarea motu proprio; una vez concluye el proceso de recolección, compila un cancionero que utiliza como banco de pruebas para conocer la opinión de expertos en la materia: su valoración lo decide a «sacar en limpio el cancionero ya nombrado, o la mayor parte de él, y dar manera cómo fuesse comunicado a todos» (190)18. Conforma, pues, un segundo manuscrito, que organiza y da a conocer, «[y] assí, ordenado y corregido por la mejor manera y diligencia que pude, trabajé ponerlo en impresión» (idem)19; recurre entonces al conde de Oliva, al cual lo dedica para que llevase «el título y amparo que todas las obras que no quieren temer adversarios ni lenguas venenosas procuran y suelen llevar» y porque, tras haberlo servido largamente, creía «cometer crimen de ingratitud» si no lo hiciese (idem).

Presumo que Baena inicia también la compilación por propia iniciativa, invirtiendo tiempo en reunir materiales, pues intenta recoger textos del pasado: «pretendía antologar sólo la obra de una escuela ya extinta o en trance de extinción» (Beltran 2001: 17)20. El propósito es coherente con la importancia que el Prologus baenensis –en adelante Pb– otorga a los hechos de otros tiempos: quizá con la antología procuraba, como los historiadores, «dexar en memoria tanta remembrança» (3) de un quehacer casi reemplazado por otros modos poéticos. No sabemos cuántos años dedicó a recolectar poesía, mas no serían pocos, ya que, pese a la menor extensión del único superviviente de esta familia de cancioneros respecto a 11CG –«el más voluminoso de los castellanos» (Beltran 2012: 16)–, tropezaría con mayores obstáculos: hacia 1425-1435 no sería fácil acceder a un amplio caudal de textos antiguos21; la tarea perduraría en el tiempo. En este sentido, recuerdo que Santillana hubo de esforzarse para atender la solicitud de D. Pedro de Portugal de sus canciones y decires: «de unas e otras partes, e por los libros e cançioneros agenos, fize buscar e escriuir […] las que en este pequeño uolumen uos enbío» (Gómez Moreno 1990: 52)22. Un apuro similar pasó Gómez Manrique al disponer la colección que le pide el conde de Benavente: «fize buscar por los suelos de mis arcas algunas obras mías que allý estauan […], e procuré de aver otras de otros […], que las tenían en mejor lugar. E asý començé a fazer una copilaçión d’ellas» (Vidal González 2003: 105-106). Y es que, aunque la circulación de poesía escrita no era rara, costaría hacerse con grandes cantidades de textos23: exigiría mucha dedicación, a la que tal vez aludan los «afanes y trabajos» recordados en el anteprólogo o la «grand pena» del paratexto final de la tabla (vid. infra n. 53).

Baena, como Castillo, debió de emprender la compilación por decisión personal; iría reuniendo obras en un archivo provisional, a modo de prototipo previo, con el cual conformaría un cartapacio –ZZ-CB–, iniciado en fecha difícil de precisar y acabado hacia 1426, cuando se incorporan las piezas más recientes (vid. infra pp. 32 y 44)24. A partir de este primer depósito pediría opinión a especialistas en la materia: a su intervención y desacuerdos pueden responder algunas rúbricas de PN1 que reflejan dudas sobre aspectos relativos a las piezas, entre ellos la atribución25; así, la de ID 0128/PN1-308 «Amor, cruel e brioso» facilita pistas sobre sus asesores: Esta cantiga fizo Maçías contra el Amor, empero algunos trobadores dizen que la fizo contra el Rey don Pedro (Tato 2008: 24-26). Este epígrafe apoya la idea de que Juan Alfonso actuase de modo semejante a Castillo; y lo cierto es que, siendo poeta, sus diálogos le permitirían consultar dudas con sus interlocutores y recabar información sobre creaciones ajenas26. Ahora bien, las rúbricas de PN1 han de atenderse con cautela, pues no todas se deben a él; no por eso puede aceptarse que nada suyo pervive en ellas: conviene examinar todas y cada una evitando generalizar, porque sin duda él introdujo este tipo de epígrafe rico en datos, característico de PN1 e inusual en los cancioneros castellanos27.

Tras esas consultas con trovadores conocidos, Baena prepara un cancionero limpio de correcciones y, en lo posible, de erratas –ZZ-CB1–, en el cual introduciría algún tipo de organización básica –menos compleja que la aplicada después– y rúbricas sencillas28; una vez lo completa, redacta el Pb (vid. infra p. 36). ZZ-CB dio paso así a ZZ-CB1, un auténtico cancionero que pudo copiar el mismo Baena, no ajeno al oficio29; es más, considero probable que, para asegurar su pervivencia, dispusiese una copia –ZZ-CB2–, quizá mejorada, que entrega al rey para darle a conocer la antología y solicitar su respaldo30. Obtenido este, conformaría ZZ-CRB, posiblemente no debido a su mano, ya que «il codice consegnato ai regnanti, dovrebbe corrispondere […] ad una copia realizzata da un esperto amanuense» (Elia 1999: 372)31.

Durante este largo proceso, el quehacer de Juan Alfonso no pasó desapercibido: sería conocido entre los poetas consultados y en su entorno, mas también en la corte una vez contacta con Juan II; ello explica que la prosa inicial de PN1 se refiera a la obra como al «muy notable e famoso libro» (1)32. Además, la disposición del contenido sería objeto de interés, quizá incluso para el destinatario, y el compilador dedicaría tiempo a ordenarlo en secciones por autores y a diferenciar en ellas tipologías textuales33. Decide también abrir ZZ-CRB con Villasandino –fallecido en los años 20–, poeta al que dedica más folios34; relega sus propias creaciones al final, marcando así que con él se agotaba un modo de hacer poesía cuyo máximo exponente era, a su juicio, el de Illescas35.

Esas tareas, que sumaron tiempo al dedicado al acopio de materiales, corresponden a otra fase del quehacer del compilador, a la cual también alude Resende, de pasada, en el prólogo de 16RE: «determiney ajuntar algũas obras que pude auer dalguns pasados, & presentes, & ordenar este liuro» (Rocha 1973, I: 3)36. En el caso de 11CG, tras veinte años coleccionando textos, Castillo atiende a su organización antes de publicar los más de mil que lo componen, mas nada precisa sobre la duración de tal labor. Aceptando que Baena confeccionase ZZ-CRB a instancias del monarca, iniciaría el trabajo, como pronto, tras su coronación –1419–, que cierra el período de su minoridad, aunque ya antes, según he indicado, habría comenzado a compilar ZZ-CB1 por interés personal37; en este sentido, cabe destacar la antigüedad de bastantes piezas no recogidas en otras fuentes y difíciles de encontrar en pleno s. xv38. Pudo alumbrar ZZ-CB1 antes de 1430 y, al decidir dedicarlo al monarca, preparó una copia para él –ZZ-CB2–39; en este punto, su antología, conocida en ciertos ambientes, lo sería más –y se haría famosa poco después–. Juan II apoyó el proyecto y ZZ-CB1 dio paso a ZZ-CRB, en el que se introdujeron cambios40.

ZZ-CB1, que contenía las piezas de PN1 fechables en 1425-1426 –las últimas incluidas en el cartapacio previo (vid. supra p. 30)–, se conformaría más tarde, quizá c. 142841; esto quiere decir que, si en 1430 el rey hubiese recibido ZZ-CRB, en apenas cuatro años Baena habría dispuesto dos cancioneros, ZZ-CB1 –y su réplica, ZZ-CB2– y el real, ya distinto. Es este un lapso temporal muy corto para tamaño trabajo; importa, asimismo, recordar que los cambios del florilegio real no eran menores: se desarrollan las rúbricas, que, aparte de su rica información, se diferenciarían en generales y particulares; se ordenan los textos según un complejo sistema organizativo y, como se verá en el siguiente apartado, se prepara la dedicatoria y la tabla. Con seguridad estos trabajos requirieron dedicación y esfuerzo, sobre todo porque, vistas las difíciles circunstancias vividas en Castilla entre 1426 y 1430 (Porras Arboledas 2009: 116-152), se llevarían a cabo en un clima poco propicio, lo cual aconseja también retrasar el momento en que Baena alumbró ZZ-CRB.

Las noticias del compilador no desmienten la viabilidad del proceso establecido: nacido c. 1375, en 1408, cuando el heredero de Enrique III frisaba los dos años, no solo actuaba como escribano, sino que debía de estar integrado en la corte desde algún tiempo antes; de hecho, en diciembre de 1406, con motivo de la muerte del rey Doliente, compuso el decir ID 1180/PN1-37 «El sol innoçente, con mucho quebranto» (Gómez Redondo 2024: 135)42. No era noble, sino «un caballero villano de condición social entre media y alta, de posición económica desahogada tras su enlace con Elvira López de Cárdenas» (ibidem: 134); tenía inquietud intelectual y cierta formación, características, por otra parte, no extrañas en un escribano real43: se trataría de un «hombre letrado», etiqueta aplicable a un burócrata cortesano al servicio del rey y a no pocos poetas que contribuyeron a fortalecer el poder regio y la imagen de la monarquía (Nieto Soria 1988: 189-190)44.

En el xvi hay noticia de varios cancioneros de Baena del cuatrocientos45: a través del inventario de bienes de la reina Isabel de 1503, sabemos de uno en pergamino y otro en papel distintos de PN1, pues el tamaño de este excede al precisado en aquel registro (Faulhaber/Perea 2018: 41); tampoco ha de olvidarse el perdido ZZ-CRB ni la existencia de alguna colección previa –ZZ-CB1, duplicada en ZZ-CB2–. Es posible, pues, que en el xv existiesen al menos seis cancioneros de esta familia, pero pudo haber más. Hemos adelantado en nuestro conocimiento de PN1 y de su recorrido histórico, de sus autores, poemas, rúbricas, géneros, temas, métrica…, y pronto se publicará una nueva edición46; no obstante, quedan problemas sin resolver y resta mucho por indagar sobre el proceso de compilación, que quizá no lleguemos a conocer bien.

Tres preliminares diferentes redactados en dos momentos distintos

PN1 se abre con tres textos prosísticos en tercera persona: anteprólogo o dedicatoria, prólogo e índice, todos de interés en tanto facilitan datos y, salvo el último, desempeñan una función47. Lo cierto es que en el xv el prólogo es elemento bien conocido en el libro y a menudo «cumple el oficio de una mera dedicatoria» (Porqueras Mayo 1957: 86)48; tal vez por ello, aunque muchos cancioneros castellanos carecen de preliminares, no faltan ejemplos de los que incorporan dedicatoria, como es usual en los destinados a personajes relevantes (Beltran 1999: 35-56). El caso de Baena resulta, no obstante, singular: no prepara un texto, sino tres distintos en propósito, extensión e incluso estilo49; la explicación, según pretendo demostrar, está en que fueron compuestos en momentos diferentes para distintas colecciones: redactó el Pb para ZZ-CB1 y, al conformar ZZ-CRB, añadió anteprólogo e índice50.

Comienzo por la tabla, no exenta de problemas, que han sido atendidos, mas no definitivamente zanjados51. Se localiza en el fol. 3v, tras el Pb, interrumpido de modo abrupto52; se copia, como el Pb, a dos columnas: la rúbrica –en rojo– se halla al final de la primera, seguida del texto –en negro–, que diferencia autor y tipos de texto, comenzando con Villasandino, a quien siguen los demás poetas en la segunda columna. Interesa, además, el rótulo al pie del folio, que retoma lo dicho en la dedicatoria sobre el afán y trabajo que supuso el cancionero para el compilador53; ello pone en relación índice y anteprólogo, contemporáneos y debidos al mismo amanuense. Enseguida se percibe que la tabla no recoge los nombres de todos los poetas de PN1, sino solo los de aquellos que cuentan con sección propia, con dos excepciones54; además, la relación de los indexados no sigue el orden de PN1. Estas anomalías, como se infiere de la rúbrica, se deben a que estamos ante el índice de una compilación distinta: Esta tabla es de los dezidores que están en este libro, la qual se puso aquí, al comienço d’él, por qu’el dicho señor Rey e las otras personas que la leyeren fallen por ella más aína las cantigas o dezires que le[s] agradare leer (9); el epígrafe, sin sentido en PN1, anunciaba en ZZ-CRB la tabla, que facilitaba la localización de los textos55. No incluye a todos los creadores con sección en PN1: faltan Pedro González de Mendoza y Garci Fernández de Gerena56.

En este punto importa atender al Pequeño cancionero –MN15–, pues contiene un índice con los mismos poetas incluidos en el de PN1 que obvia también a Mendoza y Gerena57; la rúbrica precisa: Los auctores que se nombran en el libro grande original de Cancionero de San Lorenço del Real son éstos (Elia 2002: 94-95). Uno de los escribas de MN15, que esta estudiosa individualiza como el «copista erudito» (ibidem: 13), introduce a posteriori notas marginales; en una de ellas, relativa a los decires de Mendoza, advierte que «se siguen los terçeros tras los de Francisco Imperial» (Elia 2002: 95) y, en mi opinión, lo afirma tras cotejar la tabla de MN15 con el contenido de un códice escurialense distinto de PN1 e integrado en esta familia de cancioneros: lo tiene delante y de él toma este y otros datos contenidos en las rúbricas (ibidem: 30-35), pero nada dice de Gerena58. En el fol. 5v, que estaba en blanco, de nuevo esta mano interpola ID 0125 «Bive leda si podrás», de Rodríguez del Padrón, y aclara: «En el Cancionero antiguo que está en la librería real de San Lorenço a fs. clxxix» (ibidem: 103; vid. también Tittmann 1968: 201); el escolio evidencia que su fuente no es PN1, donde el texto figura en el fol. 156, cifra, además, allí consignada en números arábigos59. Se trata, pues, de dos colecciones distintas que, en último término, remontan a ZZ-CRB –como ya sugería la tabla–, entre las cuales no hay relación de dependencia60; es difícil concluir, en cambio, que los dos poetas figurasen ya en ZZ-CRB, sin duda muy cuidado y provisto de índice: se adicionarían después en otra compilación de la familia, de la cual derivarían PN1 y el de San Lorenzo.

A los problemas vistos se suma la ausencia en la tabla de PN1 del número de folio de los poemas: solo en la sección de Villasandino se precisa que sus cantigas «comiençan a la j foja»61; en los demás casos, un espacio precede a la voz fojas. Nadie duda ya de la sinrazón de este índice, que en ZZ-CRB reflejaría la realidad del manuscrito, precisando los folios en cifras romanas, entonces aún usuales (Beltran 2001: 30). Tampoco extraña que el autor mejor atendido en él sea Baena, quien sin duda controlaba su propia obra62; en su caso, la tabla diferencia recuestas, preguntas y respuestas, decires generales y decires de los reyes63. No obstante, «son pocos los “dezires” que pueden encontrarse [en PN1] –con intención satírica por lo común–, al contrario de las “preguntas e reqüestas”, multiplicadas hasta la saciedad» (Gómez Redondo 2024: 291), y se dan por perdidos los de los reyes64. En este sentido, Blecua (1974-1979: 262) señala que las indicaciones del índice «se cumplen a pies juntillas» en los apartados de Villasandino, lo cual le hace suponer que parte de los problemas de PN1, como la falta de aquellos decires, se debe más que a su desencuadernación a la de su antígrafo, que perdería «probablemente el cuaderno final» (ibidem: 262), posición sujeta a un mayor desgaste.

Más extensos que la tabla son el anteprólogo y el Pb: uno compuesto en el mismo momento que el índice para ZZ-CRB; el otro redactado para ZZ-CB1 y, por consiguiente, anterior a ambos65. Fue a este al que Baena dedicó mayor atención y espacio; de hecho, era más largo que el conservado, al que falta la conclusión que daría sentido a la larga «argumentación en defensa de la poesía» (vid. supra n. 52). El epígrafe adelanta su condición proemial –Prologus– y la autoría –baenensis–, no explicitada en los paratextos de la dedicatoria, en la que solo el pospuesto recuerda a Juan Alfonso sin precisar su responsabilidad: Johanes Baenensis homo vocatur in sua domo. Mas si algo particulariza el Pb es su anticipación en el cierre del anteprólogo, que reza66:

E por que la obra tan famosa d’este dicho libro sea más agradable e mejor entendida a los leyentes e oyentes d’ella, fizo e ordenó el dicho Johan Alfonso de Baena e puso aquí, al comienço d’esta su obra, una acopilada escriptura como a manera de prólogo o de arenga e por fundamento e raíz de toda su obra, la qual es ésta que se aquí comiença (2).

Del texto se desprende que, completada la primera antología –ZZ-CB1–, Baena redactó un solo preámbulo, el Pb, bastante más extenso que el anteprólogo y calificado en este como «fundamento e raíz de toda su obra» (2), lo cual desvela la relevancia que le otorga. Hay una conexión más entre dedicatoria y Pb: la rúbrica de aquella adapta un pasaje de la epístola de San Pablo a los Efesios –Unicuique gracia est data, secundum Paulum relata–, que adelanta un principio «del sistema de pensamiento poético» definido en el Pb (Gómez Redondo 2024: 137): la importancia de confiar la praxis poética solo a quienes «puedan proyectar su nobleza en su ejecución y […] hayan recibido el don divino de una “gracia”, que, especialmente, es creadora» (Gómez Redondo 2020: 144-154; cita en p. 149). Cabe preguntarse por qué, siendo el Pb tan significativo para Juan Alfonso, decidió relegarlo.

Sin duda, el Pb perdió visibilidad al ser desplazado al vuelto del fol. 1, pero lo que definitivamente lo postergó fue la inclusión de un nuevo preliminar, sobre todo dada su especial mise en page: se copia con tinta roja y a línea tirada –los demás textos, salvo excepciones, están en negro y a dos columnas–; por añadidura y pese a la parca decoración de PN1, se abre con una inicial de ocho líneas de altura, la única del códice artísticamente coloreada (Faulhaber/Perea 2018: 31-32)67. Para Montoya (1994: 701) «[l]a disposición […] de esta dedicatoria en el manuscrito y aun su ornamentación dicen bien a las claras la especial intención que debió tener su autor al redactarla»; (vid. también Montoya/Riquer 1998: 303-304)68. Pienso que la condición del destinatario de ZZ-CRB exigía la inclusión de esta pieza –«el más antiguo de los preliminares literarios», variable en extensión e inspirada en el género epistolar (Ruiz García 1999: 310)–, que, además, no debía pasar desapercibida; ello explica su singular presentación. En cuanto al contenido, se ajusta al esperable en este tipo de texto:

el autor intelectual o material ofrece el fruto de su trabajo, a modo de generoso don, con el deseo de agradar al destinatario y alcanzar su agradecimiento. Tal gesto contribuye a ensalzar al receptor y, además, a encumbrar el producto dedicado, con lo cual ambos quedan investidos del prestigio puesto en juego por las dos partes. […] En el s. xv esta práctica no es ajena a los escritores «palaçianos» ya que encajaba perfectamente con los ideales cortesanos del momento. En principio el camino a seguir era presentar previamente el ms. –ultimado o en ciernes– al dedicatario, quien habría de dar luego su consentimiento si juzgaba a la obra digna de tal honor (Ruiz García 1999: 310-311).

Juan Alfonso, que llevaba tiempo trabajando en su cancionero, decide dedicarlo a su señor, al igual que hacen Castillo y otros compiladores cuatrocentistas (Beltran 1999: 35-36); a tal fin, le entrega una copia de ZZ-CB1 –ZZ-CB2– con menos errores y, como su fuente, con un solo preliminar. El trabajo complace a Juan II, que lo aprueba y patrocina un ejemplar de mayor calidad, en pergamino; no obstante, su implicación en ZZ-CRB acarrea cambios: como mínimo se adicionan dos nuevos textos –dedicatoria y tabla–, colocados antes y después del Pb. El anteprólogo acaba así inaugurando la antología y, de este modo, obra y destinatario alcanzarían mayor prestigio; por esta vía, se comprende también que, siendo común la ausencia de preliminares en muchos cancioneros castellanos, PN1, como antes ZZ-CRB, se inicie con tres distintos debidos al mismo responsable. Y es que, a diferencia de otros compiladores que ofrecen un único prefacio, Baena decide conservar el Pb, que redactara para ZZ-CB1, y compone dos nuevas piezas; es decir, la presencia de tres preliminares en PN1, en buena medida, está relacionada con el proceso de compilación y transmisión de los primeros cancioneros de Baena.

Resulta, por otra parte, significativo que los textos prosísticos más recientes individualicen al dedicatario de la colección inequívocamente, mientras el Pb nunca lo menciona por su nombre ni con precisión69: en él se emplea la frase «reyes e príncipes e grandes señores», aplicable a cualquier alto dignatario de la casa real70. Tal proceder se debe, a mi juicio, a que el texto se redactó al conformar ZZ-CB1, cuando Baena aún no se había dirigido al rey solicitando su apoyo; en cambio, anteprólogo y tabla recuerdan en ZZ-CRB su nombre y dignidad porque, tras respaldar este el proyecto, era obligado mencionarlo. Pero habría otras diferencias entre ZZ-CB1 y el códice real: obviando la presentación, que presumo muy cuidada en el segundo, es posible que se introdujesen cambios en los poemas seleccionados, hoy difíciles de determinar; no sería extraño que, a instancias de Juan II, se añadiesen textos de carácter histórico relacionados con su linaje, útil instrumento de legitimación y propaganda de la monarquía.

Nueva fecha de la antología real y posible ampliación de su contenido

ZZ-CRB es anterior a septiembre de 1435 –Baena ya había muerto (vid. supra n. 42)–, pero cabe precisar más su cronología y la de su antecedente –ZZ-CB1– gracias a la dedicatoria, que menciona a Juan II y a su esposa e hijo71. Y es que esas referencias implican que es posterior a la coronación de aquel en 1419 y al nacimiento del príncipe en 1425, del cual se dice: «E aun se agradará e folgará con este dicho libro el muy illustrado e muy graçioso e muy generoso príncipe don Enrique su fijo» (2). Es este un comentario no irrelevante, pues, asumiendo que ZZ-CRB remontase a 1430, el niño tendría solo cinco años; así, cuando Tittmann la adscribe al período 1430-1445, considera poco probable que el infante –incluido entre quienes disfrutarían de su lectura– pudiese hacerlo a tan temprana edad, pues contiene poemas muy obscenos, aunque, a renglón seguido, mitiga ese inconveniente arguyendo: «On the other hand young men matured early in the Middle Ages; and it is also possible that the inclusion of the Infante’s name was perfunctory» (1968: 193). Una vez Blecua fijó en 1430 la fecha de ZZ-CRB, esa cronología no se ha revisado, aunque, dado el largo y complejo proceso de compilación llevado a cabo por Baena, resulta forzada (Tato 2018: 28)72.

Tras introducir la obra y presentarse en la dedicatoria, Baena se centra en subrayar la importancia y beneficios del libro, sin siquiera prodigarse en elogios hacia el principal destinatario73. Por lo que toca a la mención de Enrique, siendo verdad que el joven medieval maduraba pronto, no es fácil suponer que en 1430 se complaciese con los textos de la colección, si bien tampoco es imposible que estemos ante la formulación de un deseo de una realidad futura –dada casi por hecha–. Cierto es que D. Juan Manuel establecía en ese momento el acercamiento a la lectura: «Et deque pasare[n] de çinco años adelante, deven començar poco a poco a les mostrar leer, pero con falago et sin premia. Et este leer deve ser tanto, a lo menos, fasta que sepan fablar et entender latín» (Macpherson/Tate 1991: 198). Y, de emprender ese aprendizaje entonces, el discente tardaría en adquirir esa competencia, pero, aun así, provoca «extrañeza la edad de cinco años para iniciarse en la lectura» (Beceiro Pita 1991: 583-584)74; de hecho, esta investigadora recuerda casos más ajustados a la realidad: niños que leían con siete o diez años (Beceiro Pita 2000: 183, n. 21)75. De cualquier manera, no hay duda de la esmerada educación del príncipe: a fines de 1429 Juan II le dio «por ayo a Pero Fernández de Córdoua, fijo del mariscal Diego Fernández, señor de Vaena» y «por maestro, que le mostrase Gramática y escreuir» a Lope de Barrientos (Carriazo 1946a: 83). Ambas figuras eran, en efecto, responsables de la formación del noble: una impartía conocimientos intelectuales; la otra era casi un segundo padre para el joven (Beceiro Pita 1991: 576).

Pese a la educación recibida por Enrique, es difícil que c. 1430 los textos de ZZ-CRB lo cautivasen, situación que pudo darse algo después: Baena vivía en 1433, cuando ultimaba la antología real; por su parte aquel, con ocho años, comprendería algunos poemas, con los que, quizá, se solazaba. Dada la relevancia de la historia en la instrucción de la juventud, es posible que ZZ-CRB sirviese para acercarlo al pasado76: el verso facilitaba el aprendizaje y lo familiarizaría con hechos de sus antepasados, estrategia seguida en otros casos para fomentar el conocimiento histórico (Beceiro Pita 2000: 196).

A fin de delimitar el período en que el andaluz preparó su colección, se ha acudido a los textos más recientes de PN1. Obviando los añadidos tras su muerte, merecen especial atención los compuestos hacia 1425-1426, ya que permiten acotar la fase de colecta de materiales, concluida poco después. Particular interés presenta ID 1594/PN1-466 «Señor Juan Carrillo, ventura e audacia», escrito por Baena tras el 11 de abril de 1426, cuando Beatriz de Avellaneda –v. 2–, que un año antes amadrinara a Enrique (Flórez 1790: 734-735), se tituló condesa; y es que en aquella fecha su marido, el adelantado Diego Gómez de Sandoval, recibió en Toro la villa de Castrojeriz y el título de conde de Castro en presencia del rey de Navarra –coronado en septiembre de 1425–, quien, según la crónica de Juan II, agasajó al matrimonio con grandes fiestas y justas (Rosell 1877: 436)77.

Dada la escasez de datos, interesa ahondar en la trayectoria de Juan Alfonso, que no impide retrasar la fecha de ZZ-CRB, pues seguía componiendo después de 1430, como evidencian ID 6787 «Poderoso dominable» e ID 0285 «Para rey tan exçelente», sus únicas piezas no recogidas en PN1 (Gómez Redondo 2024: 291). Aceptando, además, que conformó dos cancioneros distintos después de 1426 –ZZ-CB1, del que hace una copia, y ZZ-CRB–, es razonable admitir que invirtiese más de cuatro años en dar término a esos trabajos, en los que, como compilador, lo lógico es que incluyese estos decires.

El Reparo y satisfación de Juan Marmolejo contra Juan Agraz por Juan Alonso de Vaena (170) –ID 6787– forma parte de una larga contienda verbal iniciada por Agraz contra Marmolejo, su habitual interlocutor78; en ella se diferencian dos fases: la primera, integrada por dos diálogos entre ambos –uno da lugar a dos piezas distintas y el otro a un poema interestrófico–; la segunda, por sendos textos monológicos debidos, respectivamente, a Agraz –lo escribe como secuela de la anterior tensón– y a Baena, quien «toma la voz» del denostado Marmolejo79. Leída toda la serie, el conjunto cobra pleno sentido y se refuerza el de cada uno de sus componentes (Tosar 2023: 109), que, sin embargo, no se conservan en un mismo cancionero (ibidem: 100)80. En cuanto a su creación, los dos últimos poemas nos situarían en julio de 1431 –tras la batalla de la Higueruela–, en alguna de las celebraciones que tuvieron lugar en Córdoba, donde Juan Alfonso residía (ibidem: 104-105); los diálogos previos se habrían gestado dos años antes en Sevilla (Tosar 2023: 105)81. Pese a la importante presencia de intercambios en PN1, Tosar no contempla su inclusión en el cancionero real, hasta ahora datado en 143082; no obstante, no puede descartarse que se copiase en sus folios si fuese posterior a aquel año. En tal supuesto resultaría lógico que, actuando Baena como compilador de la colección y de su propia obra –en la cual tanto la tabla como la rúbrica general diferencian más de un tipo de diálogo–, quisiese recoger esta pieza83.

El decir ID 0285, muy incompleto en SA10b, se halla íntegro en MH1 –fols. 5r-15v–84; alude a la rebelión de los infantes en 1432, pese a lo cual Dutton/González Cuenca (1993: 10, n. 73, y 739) consideraron que podía ser uno de los perdidos decires de los reyes de la antología real, que databan en 1430. Desde luego la tónica del texto no desentonaría entre ellos y su autor, de haber podido, lo habría incluido gustoso en aquella, reservándole incluso un destacado lugar, pues es su obra «más inspirada» (Azáceta 1966, I: XVI), «más densa» (Gómez Redondo 2024: 306), «más amplia, de mayor complejidad y de más interés» (López Nieto 1999: 327). Nada allí se deja al azar, como ocurre con la estructura, especialmente

por el modo en que Baena, tras fijar en un amplio prólogo (A [1-13]) sus intenciones, recrea el desarrollo letrado de la corte castellana (B [14-51), para servirse del valor de la historia (C [52-150]) con el fin de proponer un regimiento político (D [151-220]) que permitiera solucionar los problemas de su presente (Gómez Redondo 2024: 305)85.

A pesar de su interés, me detengo solo en tres cuestiones que vienen al caso que me ocupa: fortuna literaria, fecha de creación y posible integración en ZZ-CRB. Por lo que respecta a la primera, esta es una de las piezas de Juan Alfonso más veces editada: Piccus fue el primero en ofrecer el texto íntegro (1958: 335-336) tomando como base MH1, al igual que harían Azáceta (1966, III: 1160-1221), Marino (1978: 23-74) y Dutton/González Cuenca (1993: 739-779)86. Pero el decir hubo de ser conocido ya en el cuatrocientos: Dutton (1986: 493-495) da cuenta de una nota marginal del xv –copiada en el manuscrito Emilianense 17– que recupera los vv. 3-4 del poema –«Alto rey muy soberano / de los reinos de Ca[stilla]» (739)–, así como de la inclusión de los vv. 1633-166 –«Yo leí dentro en Baena, / do aprendí fazer borrones / e comer alcaparrones / muchas vezes sobre çena» (743)– al cierre de las Coplas de las comadres, de Rodrigo de Reinosa87. En el primer caso, un perplejo Dutton no acierta a explicarlo, en tanto en el segundo, atendiendo a las variantes de los octosílabos en Reinosa, conjetura que quizá el fragmento de ID 0285 se popularizase o que Baena se sirviese de una cancioncilla popular, aunque se inclina por situar el origen de la cita en el decir (ibidem: 495-496); tiempo después Puerto Moro retoma la hipótesis de que en aquellas Coplas se recupere un texto muy conocido (2010: 75-76). En mi opinión, sin embargo, los versos de ID 0285 remontan al genio del andaluz, quien deliberadamente coloca en rima el topónimo Baena y destaca así una localidad frecuentada en su juventud (Caíño Carballo 2018: 14), en la cual enmarca un retazo de su vida personal; a ello se añade el arranque del verso –«Yo leí»–, que tampoco es casual: contiene la anáfora elegida por el poeta para ligar las estrofas 14-37 al modo de las coblas capdenals y presentar «el desarrollo del marco letrado de la corte castellana» (Gómez Redondo 2024: 307). Nada extraño habría en que por dos veces se recordase este poema, que hubo de ser conocido (vid. infra n. 92) y, dado que su eco suena en dos textos no relacionados, la coincidencia –descartada la casualidad– ha de deberse a su difusión88.

El examen del decir arroja luz sobre su cronología, que lo aleja de 143089. Ya Amador de los Ríos (1865: 147-150) dedujo: «Por el contenido […] y por los hechos a que Baena se refiere […], parece indudable que hubo de escribirlo por los años de 1433, doce antes de la fecha más admisible del Cancionero» (ibidem: 147, n. 2; vid. también supra n. 3); asimismo, se percató de que el autor residía entonces en Andalucía, pues en la copla 6 aplica el deíctico acá a Baeza (ibidem: 147-148). Menos acertado estuvo Azáceta (1966, I: XV), quien lo data en 1432, cuando se produce la rebelión de los infantes, «el último acontecimiento reseñado […] por Baena» –copla 160–, pero luego retrasa su creación, pues la copla 196 –donde el autor «aconseja el matrimonio» de Blanca y Enrique– lo lleva a pensar que formula esa sugerencia una vez firmada la paz con Aragón en 1436 y acordada la boda: acaba encuadrando el texto entre 1432 y 1440, «tal vez entre 1436 y 1440» (idem). Más tarde, Marino atiende a varias referencias de interés: la rebeldía de los infantes, la mención del infante Duarte en la copla 162 –titulado rey a fines de agosto de 1433 (1978: 12)– o la advertencia del poeta a Juan II para que pacificase el reino «antes que entren los veranos» (v. 1736)90; todo ello permite situar la creación de ID 0285 en 1433 (ibidem: 18). Dutton/González Cuenca (1993: 739), fijándose en los mismos hechos pero obviando el v. 1736, la sitúan en 1432, momento al que remite el último suceso mencionado –la revuelta de los infantes–. Hoy sigue aceptándose que se escribe c. 1432-1433 (Gómez Redondo 2024: 305), lapso que cabe limitar a los primeros meses de 1433, tras solucionarse el problema de los infantes en diciembre de 1432 (Álvarez Palenzuela 2002: 76-77) y antes de que Duarte fuese coronado en agosto de 1433.

Esta datación evidencia la oportunidad de los vv. 1560-1562: el reino suplica a Juan II que asegure la paz y «[…] dé muy ricas arras / a la flor de las navarras / vuestro fijo don Enrique» (774). Asumiendo que ID 0285 se compuso en 1433 –el príncipe contaba ocho años y Blanca nueve–, la idea del enlace planearía ya en Castilla: anticipándose a los acuerdos de 1436, Baena insta al monarca a concertarlo. La conexión de ID 0285 con ZZ-CRB es, por tanto, hipótesis plausible; además, el autor está activo y el encaje del poema en la antología sería claro, pues si algo sobresale en ella desde el Pb, es el peso de la historia, indiscutible en el decir91. Solo la fecha de 1430 para aquella –temprana, según se ha visto– parece estorbar la teoría de su contemporaneidad, que no plantearía problemas si se acepta que ZZ-CRB se preparó en 1433.

En definitiva, ID 0285 podría ser uno de los decires de los reyes, quizá el último de Juan Alfonso, quien, según se deduce de la rúbrica de MH1 y del pareado inicial, lo escribe y manda como presente a Juan II: se trataría, pues, de un poema suelto o exento, escrito en pergamino –v. 1740– y muy especial. Su relación con ZZ-CRB es innegable –de ahí la confusión de Dutton/González Cuenca (vid. supra pp. 43-44)–; desde mi punto de vista, es posible que sirviese de carta de presentación del códice real, al que acompañaría: el rey acepta con cierta solemnidad el obsequio y se daría lectura a ID 0285. El acto, posiblemente celebrado en ocasión de algún evento festivo antes agosto de 1433: tal vez en las justas de Madrid, ordenadas en abril por Juan II y en las que participan varios autores de SA7 además de él (vid. supra n. 20) –entre ellos Íñigo López de Mendoza y Álvaro de Luna (Carriazo 1946b: 146-147)–, o bien en la organizada por D. Álvaro el 1 de mayo en Valladolid, donde acude el monarca desde Medina (Carriazo 1940: 144-145) –no se olvide que Baena dedica once elogiosas coplas (179-189) de ID 0285 al condestable–. Sin descartar otros escenarios, en cualquiera de esos marcos Juan II pudo recibir el decir, posible broche final del trabajo como antólogo y poeta de Baena y corolario del florilegio real92.

 

Siglas empleadas para los cancioneros de Baena previos a PN1

Sigla

Entidad a la que remite

Fecha

ZZ-CB

Cartapacio inicial

1426

ZZ-CB1

Primer cancionero de Baena

c. 1428-29

ZZ-CB2

Copia, posiblemente corregida, de ZZ-CB1 entregada al rey

1429

ZZ-CRB

Cancionero real

1433

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Recibido: 19/09/2025

Aceptado: 23/11/2025

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Los textos preliminares en los cancioneros de Baena: fijación de su cronología y nuevas consideraciones sobre el florilegio real

Resumen: Hace casi 600 años Baena preparó una antología para Juan II, que dio origen a varios cancioneros ya en el s. xv; el único superviviente, PN1, no es el entregado al rey, que ni siquiera fue reproducido fielmente. Este artículo se acerca al proceso de compilación seguido por Baena y a sus primeros cancioneros, atendiendo a los preliminares de PN1 y al momento en que fueron compuestos, así como a la fecha y a algunos textos de la colección real.

Palabras clave: PN1. Baena. Textos preliminares. Cancionero real.

The preliminary texts in the Baena cancioneros: establishing their chronology and new considerations on the royal florilegium

Abstract: Almost 600 years ago, Baena prepared an anthology for Juan II, which gave rise to several cancioneros as early as the 15th century; only the one which has survived, PN1, is not the one given to the King and does not faithfully reproduce it, either. This article examines the compilation process followed by Baena and his first cancioneros, paying attention to the preliminaries of PN1 and the time when they were composed, as well as the date and some texts of the royal collection.

Keywords: PN1. Baena. Preliminary texts. Royal Cancionero.


  1. * Este trabajo se ha beneficiado de una ayuda de la Xunta de Galicia, concedida al Grupo de investigación Hispania de la Universidade da Coruña (ref. G000208) como «Grupo con Potencial de Crecimiento» (ref. ED431B 2025/24); es, además, fruto de la colaboración con el proyecto «Entorno cortesano y orígenes de la poesía de cancionero: creación, difusión y pervivencias» (ref. PID2022-13634NB-I00, financiado por MCIN/AEI/ 10.13039/501100011033/ y FEDER, UE).

    1 Blecua (1974-1979) apuntó en el título de su aportación la idea de esta familia de cancioneros, retomada después por Deyermond (2003: 29-30); individualizo varios integrantes previos a PN1 –asumiendo que pudo haber más–, cuyas siglas y datos facilito al final en una tabla (vid. infra p. 45).

  2. 2 Detectó otra en el fol. 123, copiado por una mano de fines del xv o principios del xvi que reprodujo un folio original dañado: habría sido insertado cuando se añadieron las Coplas de Manrique en los fols. 203-205, que presentan la misma filigrana (1968: 192). Dutton/González Cuenca (1993: XXVII) la fechan c. 1500; Faulhaber/Perea (2018: 35-36) la identifican y datan c. 1463.

  3. 3 Tomando PN1 por el ejemplar de Juan II, Ticknor (1851: 459) lo adscribió a la franja 1449-1454; Amador de los Ríos lo adelanta a 1444 recordando que la reina, muerta en febrero de 1445, aún vivía cuando se redacta la dedicatoria y, además, precisa que el tope de 1449 se debe a ID 0331/PN1472 «Pues la paz se çertifica», cuya rúbrica alude a hechos históricos, mas esa pieza –como otras– pudo incorporarse «en copia sacada muy posteriormente, […] mientras el año del fallecimiento de D.a María no pudo humanamente alterarse» (Amador de los Ríos 1865: 142, n. 1). Azáceta se fija en la mención de su hijo –nacido en 1425–, sin olvidar que aquella fallece en 1445, y piensa que la antología se concluye por esas fechas, «más cerca de la segunda que de la primera» (Azáceta 1966, I: XXX-XXXI); para justificar los textos posteriores, sugiere abandonar «la idea de que la ofrenda al Rey del códice pueda considerarse como broche de la obra»: se habrían acumulado piezas hasta su muerte «en espacios reservados en blanco o en nuevos folios que se sumaron al núcleo» preparado antes de 1445 (ibidem: XXXII-XXXIII).

  4. 4 No hay cancioneros castellanos de «la gama más alta», aunque MN54 posee algunos rasgos (idem).

  5. 5 MN54, en cambio, es un cancionero de corte, caracterizado por el desorden interno (ibidem: 424).

  6. 6 No hay acuerdo en el número de copistas, no siempre fáciles de diferenciar; Faulhaber/Perea (2018: 22-29) recogen las distintas opiniones.

  7. 7 Para Tittmann (1968: 191 y 197-198) la colección preparada por Baena comprende los 185 primeros folios, aunque no parece prescindir de los textos que siguen hasta el 192, incluidos con claridad por Blecua (1974-1979: 241-242) y Dutton/González Cuenca (1993: XXVII). Por otro lado, no es seguro que todo lo contenido en PN1 se hallase en aquella, pues «es imposible conocer el número y orden de fases por las que […] pasó» hasta convertirse en el actual cancionero (1974-1979: 263). El códice no está mal conservado, pero varios cuadernos –seniones– perdieron folios (Tittmann 1968: 193; Blecua 1974-1979: 244-245; Faulhaber/Perea 2018: 36-38) y no falta la duplicación de textos ni otros desajustes.

  8. 8 Según Tittmann, la reencuadernación se dio en PN1 (1968: 196-198); para Blecua (1974-1979: 236-242) –al que suelen seguir Dutton/González Cuenca (no obstante, vid. infra n. 56)–, en su antígrafo, tesis similar –no idéntica– a la de Elia (1999: 387; vid. también infra n. 30).

  9. 9 Faulhaber/Perea (2018: 42-45; cita pp. 42-43) siguen su rastro sin llegar a reconstruir «la historia desde que se copió» hasta convertirse en propiedad de los Beteta; tampoco descifran cómo salió de Madrid y acabó en Londres, mas sí precisan cómo llegó a su actual destino (ibidem: 48-49).

  10. 10 De hecho, la corta edad de Enrique, incluido en la dedicatoria entre los destinatarios de la obra, planteó interrogantes tanto a Tittmann como a Blecua (vid. infra pp. 39-40).

  11. 11 Dutton/González Cuenca (1993: 10, n. 73 y 739) se atienen a 1430, pero sugieren que ID 0285 «Para rey tan exçelente», que fechan después, sería uno de los decires de los reyes de la antología.

  12. 12 Utilizo la convención de Dutton para marcar su desaparición –ZZ– y añado las letras CRB –«Cancionero real de Baena»–, pero cuestiono su datación en 1430. Recupero ideas que ya he apuntado (2018: 29-30) y reviso el proceso de compilación establecido entonces (vid. infra p. 45).

  13. 13 Tomo la cita de Faulhaber/Perea (2018: 41), quienes localizan PN1 en El Escorial en 1818 (ibidem: 46) y lo diferencian del códice de papel que figura en el mismo inventario (ibidem: 41-48 e infra p. 34).

  14. 14 En adelante cito por esta edición e indico la página entre paréntesis; me sirvo de la cursiva para resaltar ideas y para las rúbricas, como haré al citar otros textos medievales.

  15. 15 Implícita o explícitamente, la mayoría de los estudiosos admiten hoy esta idea, en la que aquí ahondo, asumiendo que, como mínimo, entre PN1 y ZZ-CRB se interpone un cancionero.

  16. 16 Weiss se había fijado ya en el orden y rúbricas de las antologías del occidente peninsular como posible antecedente de Baena (1990: 40-43). Interesa también la reflexión de Gómez Redondo (2020: 41-46) sobre la poesía en Castilla durante la primera mitad del xv.

  17. 17 Para el prólogo de 11CG cito por González Cuenca (2004) y procedo según indico en la n. 14.

  18. 18 La consulta es discreta y decisiva: «por haver sido de ingenios muy loados, que en mi poder le vieron, loado por bueno y porque la cosa más propia y esencial de lo bueno es ser comunicado, paresciome ser género de avaricia no comunicar y sacar a la luz lo que a muchos juzgava ser útil y agradable […]» (189).

  19. 19 El prólogo detalla los criterios seguidos, mas en el contenido hay desajustes (Beltran 2012: 20-23).

  20. 20 Así se entiende, como precisa Beltran, que no incluyese los poemas de Juan II recogidos en el Cancionero de Palacio –SA7– y escritos entre la tercera y cuarta décadas del xv; a mi juicio, ello explica también la ausencia de Santillana y otros autores de SA7 –su poesía miraba ya hacia el futuro–.

  21. 21 Tampoco el cometido de Castillo fue fácil: no dio entrada a todos los materiales que encontró, sino que seleccionó los poemas poco conocidos y aún no impresos (Beltran 2012: 17-20).

  22. 22 Y cuando advierte que de Macías «non se fallan syno quatro cançiones» (ibidem: 61), es muy posible que lo diga tras haber buscado insistentemente.

  23. 23 Aparte de en cancioneros –un tipo de archivo con mayor garantía de perdurabilidad que otros, pero costoso–, sería usual su difusión en pliegos sueltos con piezas por las que un autor sentía interés o con sus propias creaciones como regalo a amigos, protectores o destinatarios (Beltran 2002: 1044). Aún más común sería su circulación en hojas sueltas, según evidencia la crítica del arcipreste de Talavera a las mujeres: en sus cofres nunca se hallan textos religiosos, mas sí «cançiones, dezires, coplas, cartas de enamorados, e muchas locuras» (Gerli 1981: 15); vid. además Gómez Bravo (2004: 55-63) y Tato (2005: 89).

  24. 24 En esta etapa copiaría allí los textos dejando espacios en blanco para futuras incorporaciones –mismo autor, época…–, incluso introduciendo hojas sueltas por medio; para los cartapacios vid. Beltran (2006a: 198-200, 2006b: 203-205 y 2011: 414). No excluyo que el acopio de materiales se prolongase en el tiempo: ZZ-CB podría ser resultado de sucesivas campañas de recolección, cuyos frutos se recogerían en cuadernos u hojas sueltas que luego se organizaban e integraban en él.

  25. 25 Varias localizadas en la sección de Villasandino (Tato 2005: 107-108), lo cual dificulta asumir que esta se nutra de un cancionero del autor (ibidem: 113-116) –desde luego no podría ser su única fuente–.

  26. 26 Participa a menudo en intercambios en verso (Caíño Carballo: 2018), pero, además, en poemas de otro tipo menciona a distintos creadores.

  27. 27 A él remonta, en mi opinión, la rúbrica general del de Illescas y algunas otras de su sección (2018: 47-49), así como las pospuestas a sus propios debates y varias más (2005: 110-111). Sobre su posible legado en relación a este asunto, vid. pp. 38-39 del primer estudio.

  28. 28 Serían particulares y facilitarían datos elementales, como la autoría; se desarrollarían en ZZ-CRB.

  29. 29 Sin descartar la existencia de otras colecciones previas al ejemplar regio, es lógico que no pasase directamente de ZZ-CB a ZZ-CRB: en una obra destinada al monarca era indispensable depurar errores.

  30. 30 Ya Elia (1999: 387) conjeturó: «Probabilmente, da una stesura primitiva del florilegio poetico (nella quale Baena si sarebbe limitato a raccogliere i testi ed aggiungere la dedica, il Prologus e le rubriche) dovrebbero essere state tratte due copie: una più elegante per i destinatari dell’opera, l’altra da cui deriverebbe l’antigrafo del testimone superstite». Sin concordar en todo, coincido en que el punto de partida de la familia baenense no fue ZZ-CRB.

  31. 31 Tras tanto trabajo y con casi 60 años, se limitaría a supervisar el traslado (Tato 2018: 31-32, n. 19).

  32. 32 E insiste: «E porque la obra tan famosa d’este dicho libro» (2); el uso del calificativo implica que la antología estaba en boca de la gente cuando se redacta este preliminar de ZZ-CRB. Ni dedicatoria ni prólogo emplean la voz cancionero (González Cuenca 2001: 185); libro, en cambio, figura ocho veces.

  33. 33 Aunque ZZ-CB1 no sería un totum revolutum, Baena decide en ZZ-CRB la organización de los textos, quizá más compleja de lo que se piensa. Según Beltran (1995: 235, n. 4), «la tabla, que reproduce el estado original del manuscrito, revela […] que había además una ordenación de los autores según su jerarquía social y literaria» –es innegable la relevancia poética de Villasandino–; por su parte, Blecua (1974-1979: 260) percibe un orden cuantitativo: con la deliberada excepción de Baena, primero se colocarían los de obra extensa y, tras ellos, los de producción reducida. Es claro que no se atiende a la antigüedad: Ferruz y Macías, muy veteranos, están lejos del comienzo. Son cuestiones en las que habrá que ahondar; para la estructura de nuestros cancioneros vid. Beltran (2002: 1044-1051 y 2011).

  34. 34 Ticknor (1851, I: 459) situó su muerte c. 1424, fecha aceptada hasta hoy. No obstante, Díaz Marcilla (2014: 272, n. 1055) lo cree vivo más tarde, pues Fernán López de Saldaña que, según él, se ocupa de las cuentas como escribano hacia 1427, ya lo era cuando aquel compone ID 1350 /PN1-210 «Prínçipe muy acabado»: aquí pide al rey que D. Álvaro se dirija a Saldaña para que abone su nómina. Cañas Gálvez (2011: 172-173) lo hace contador mayor después de 1430-1445 (2012: 124, n. 240), cronología que Ceballos-Escalera adelanta a 1429, lo cual podría prolongar también la vida de Villasandino. Su muerte afectó a Baena, que perdió a un amigo (Tato 2018: 47-49) y posible colaborador en ZZ-CB1; reunió gran cantidad de obras suyas con esfuerzo, pues tantas escribió que el propio Santillana incide en la dificultad de hacer relación solo de sus íncipits (Gómez Moreno 1990: 62-63).

  35. 35 Pedro de Escavias organiza una colección colectiva, el Cancionero de Oñate-Castañeda –HH1–, y también sitúa su obra como cierre, proceder no carente de lógica (Tato 2005: 79).

  36. 36 Desafortunadamente, dice muy poco de cómo preparó la antología y menos aún de cómo la ordenó.

  37. 37 Azáceta (1966, I: XXVI), que contempla solo PN1, no creía que la colección se debiese a la iniciativa de Baena: Juan II se la encargaría cuando «estaba vinculado a la corte como “escribano” o administrativo».

  38. 38 Más nos adentramos en el xiv, menos textos y autores cancioneriles conocemos; a veces contamos incluso con nombres de poetas de los que nada ha sobrevivido.

  39. 39 Como más abajo señalo, la colecta de textos para ZZ-CB no había concluido en abril de 1426.

  40. 40 Algunos debidos a Baena, otros tal vez impulsados por el monarca, pues, una vez implicado en la obra, la poesía de corte político pudo cobrar mayor peso y ocupar más espacio.

  41. 41 La vuelta del exiliado Luna y las fiestas celebradas ese año pudieron dar a Juan Alfonso la oportunidad de presentar al soberano ZZ-CB2 en busca de su apoyo.

  42. 42 Nieto Cumplido (1979: 201 y 1982: 216) dio noticia de su vida –finalizada antes del 27 de septiembre de 1435– y de su oficio: era escribano ya en 1408. Como tal figura en la notaría mayor de Andalucía desde aquel año hasta 1420, momento en que desempeña la misma función en Castilla para la mesa de las alcabalas del rey (Cañas Gálvez 2012: 270); ejercía aún cuando compila ZZ-CRB. Sobre las ocupaciones de estos profesionales, vid. ibidem pp. 83-179.

  43. 43 Es posible incluso que dispusiese de conocimientos en Derecho (Caíño Carballo 2018: 18); además, en algunas composiciones deja muestra de sus lecturas y cultura (Gómez Redondo 2024: 307-308).

  44. 44 Él lo hizo, además, compilando «numerosos poemas de interés político» (ibidem: 192).

  45. 45 Vid. al respecto Faulhaber/Perea (2018: 40-48) y Tato (2018: 32-34).

  46. 46 Vid. Gómez Redondo (2024: 135-312 y n. 22), que aporta la referencia completa.

  47. 47 La forma impersonal solo resulta llamativa en el anteprólogo, pues Baena habla de sí mismo como de alguien ajeno –«El qual dicho libro […] fizo e ordenó e compuso e acopiló el indino Johan Alfonso de Baena, escribano e servidor del muy alto e muy noble Rey» (1; vid. también 2);–. Cabría sospechar de su autoría, pero es difícil refutarla visto su discurso: justifica sus errores recurriendo a «una sorta di captatio benevolentia» (Elia 1999: 371) y reivindica con claridad el Pb (vid. infra p. 37).

  48. 48 Sobre su presencia en la literatura de los ss. xiii-xv, ibidem: 77-89.

  49. 49 No entraré en las diferencias entre el Pb y el anteprólogo, que dejo para otro momento.

  50. 50 Tácita o explícitamente, la idea que prevalece es otra. Así, Blecua afirma: «Hacia 1430 […] Baena tenía listo su cancionero. Añadió […] el Prologus Baenensi […]; añadió también la dedicatoria al rey, y finalmente una tabla» (1974-1979: 262); nada objetan Dutton/González Cuenca (1993: XXVII-XXXI). Elia (1999: 372), considerándolos coetáneos (vid. supra n. 30), sugiere que el índice pudo deberse a la «iniciativa di un copista». Por mi parte (2018: 31-32), adelanté la tesis que aquí refuerzo y amplío.

  51. 51 Ya Tittmann afrontó el desacuerdo de PN1 y su índice (1968: 196-198), que, asimismo, ocuparía a Blecua (1974-1979: 236-245), Elia (1999: 372-377) y Dutton/González Cuenca (1993: XXVII-XXXI).

  52. 52 Una mano posterior añade es doctado, que no completa siquiera la oración final; PN1 se servía de un modelo en el que el Pb se truncaba por la falta de un folio (Blecua 1974-1979: 261; vid. infra p. 36).

  53. 53 En letra gótica fracta formada de módulo mayor, como los otros dos paratextos de los preliminares y alguno más (Faulhaber/Perea: 2018: 27), se escribe: Johan Alfonso de Baena lo compuso con gran pena.

  54. 54 Son 52 los incluidos, pues 22 piezas son anónimas (Potvin 1989: 48), número que rebaja los 55 deTittmann (1968: 196), 56 de Elia (1999: 371) o 57 de Rodríguez de Castro (1781: 266).

  55. 55 Nada se dejaría al azar en ZZ-CRB: este preliminar, inexistente en ZZ-CB1, cumpliría su función.

  56. 56 La tabla apenas se atendió en el pasado; así, Azáceta tan solo se queja de ella (1966, I: XIX). Fue Tittmann quien, por su desorden, la tomó como prueba de que PN1 no es el original de Baena: este añadiría a esos autores tras preparar el índice (1968: 196-198), idea asumida por Dutton/González Cuenca (1993: XXX y 318), los cuales veían posible que los incorporase «a última hora»; Blecua sospecha, en cambio, que Baena no los incluyó: serían interpolados por una mano posterior a él y anterior a PN1 (1974-1979: 260-261). Elia cree más verosímil y económico aceptar que la tabla original los mencionaba y su copista los omitió por error (1999: 374; vid. también 2002: 30, n. 30).

  57. 57 Mas no son idénticos: el de MN15 consigna, como en PN1–con las mismas fórmulas–, el tipo de obras de Baena, de Macías y del arcediano de Toro; de Villasandino solo menciona apellido y añade «de Valencia» en el caso de fray Diego.

  58. 58 Quizá no buscó allí su poesía porque no se había copiado en MN15; por otra parte, es posible que esta no alcanzase gran difusión: solo un autor de SA7 cita una de sus obras, conservadas únicamente en PN1.

  59. 59 Hay otras significativas variantes textuales entre MN15 y PN1 (vid. Blecua 1974-1979: 234-236).

  60. 60 A ello apunta también el hecho de que MN15 incluya cinco textos de Mendoza y PN1 –fol. 84v–menos de cuatro. En este, a los primeros, copiados en bloque como una sola pieza, sigue el epígrafe y la estrofa 1 del cuarto, mutilado por pérdida de folios –íntegro en MN15–; tal vez PN1 contuviese toda su poesía, editada por Dutton/González Cuenca (1993: 319-322). No obstante, no hay acuerdo sobre el momento en que Mendoza y Gerena entraron en esta familia de cancioneros ni cuáles de ellos les habrían dado cabida; vid. supra n. 56 y Elia (1999: 372-375).

  61. 61 Pero comienzan en la 4: la j no existe en PN1. Los números arábigos de PN1 son, para Faulhaber/Perea (2018: 22), típicos del s. xv; no los imputan a un copista concreto, como Tittmann (1968: 193 y 198) y Blecua (1974-1979: 243), que los adscriben al mismo.

  62. 62 Es muy posible que tratase de incorporarla completa; solo lo supera en número de piezas Villasandino, que recibe en la tabla un tratamiento similar –con un apartado menos–. Además, por decisión del mismo Baena (vid. supra pp. 30-31), ambos ocupan las posiciones más destacadas –principio y final–.

  63. 63 Adviértase que lo dicho en la rúbrica general no coincide siempre con el índice; para Baena aquella distingue «cuatro líneas temáticas o modos genéricos» (Gómez Redondo 2024: 291) –Aquí se comiençan las canticas e dezires e preguntas e reqüestas […]–.

  64. 64 Para Dutton/González Cuenca ID 0285 podría ser uno de ellos, idea avanzada con tino, pero no sin contradicción (vid. supra n. 11 e infra pp. 43-44).

  65. 65 Se elaborarían concluidas las respectivas colecciones, como muestras que son de un «género a posteriori» (Porqueras Mayo 1957: 84), aunque posiblemente conocerían un borrador previo.

  66. 66 Ya Montoya (1994: 701) incidió «sobre su proyección en el llamado “prólogo [sic.] baenensis” y, en especial sobre su función introductoria». El Pb, poco valorado durante un tiempo (Gómez Redondo 2000: 142, n. 10), mereció la atención de López Estrada (1985: 22-26 y 29-38), quien en los criterios de edición dice incorporar añadidos al texto, como «una cabecera titular que es de mi invención [...]» (p. 27), cuando, en realidad, reproduce las palabras citadas a continuación.

  67. 67 Solo el Pb y el proemio a los Proverbios presentan sendas mayúsculas idénticas en rojo (Faulhaber /Perea 2018: 33); ello evita el eclipse total del Pb, que visualmente pasaría inadvertido por la homogeneidad de la letra, debida al mismo copista –mano 1, responsable de los fols. 1-84 y 157-180 (ibidem: 24)–.

  68. 68 Obviando el Pb, Montoya solo se fija en ella, de la cual hay más ejemplos en el xv (Beltran 1999: 35-36); Porqueras Mayo (1957: 111) prescinde, en cambio, de las dedicatorias, «un simple preliminar sin carácter de género literario». Para la estructura de la de PN1 vid. Gómez Redondo (2024: 137-138).

  69. 69 La dedicatoria revela su identidad –«[el] Rey de Castilla, don Johan» (1-2)–, en tanto en la tabla se usa una fórmula que no deja lugar a dudas: «por qu’el dicho señor Rey» (9), presentado ya en el fol. 1r.

  70. 70 Alguna vez se lee: «maníficos e altos emperadores e reyes e príncipes e grandes señores» (5).

  71. 71 Poco interesa ya el momento en que muere la reina María, que ahora obvio (vid. supra n. 3).

  72. 72 También Blecua (1974-1979: 242, n. 21) encontraba algún inconveniente al mencionado comentario: «La alusión a la edad del príncipe no queda clara, es ambigua y no sabemos si se refiere a un niño recién nacido o a un niño que va a entrar en la pubertad. Más bien parece lo primero, pero […] la referencia es susceptible de interpretaciones diversas». López Nieto (1999: 335) indicaba, en cambio, que el anteprólogo –y con él el cancionero– podría datarse en 1432.

  73. 73 Habla de los reyes con el respeto debido; algo más lisonjero parece mostrarse al tratar del príncipe.

  74. 74 Es aserto formulado en el contexto de una reflexión más general sobre la formación de los nobles.

  75. 75 Álvaro de Luna sabe leer y escribir a los diez (Beceiro Pita 1991: 571); el protagonista del Libro de Alexandre, modelo mítico de niños y jóvenes en la Edad Media, aprende a los siete (ibidem: 582).

  76. 76 En el programa formativo de los jóvenes de D. Juan Manuel no falta la historia: «Et después, deven fazer quanto pudieren por que tomen plazer en leer las corónicas de los grandes fechos et de las grandes conquistas, et de los fechos de armas et de cavallerías que acaesçieron» (Macpherson/Tate 1991: 19).

  77. 77 Ya Pidal/Ochoa (1851: 688) identificaron a Beatriz, también citada en ID 1592/PN1-464 «Generosa, muy onrosa», pieza datada por Dutton/González Cuenca (1993: 715) en 1425 pese al epígrafe, que la hace condesa cuando aún no lo era –caso claro de rúbrica posterior al texto–.

  78. 78 Ha sido editado y estudiado por Tosar (2020), artículo al que remite la cita del epígrafe.

  79. 79 En ID 1507/PN1-382 «Johan Alfonso de Baena», Juan García de Vinuesa también «toma la boz» por Villasandino dirigiéndose a Baena, actuación, por tanto, con la que este estaba familiarizado; vid. Dutton/González Cuenca (1993: 653-654) y Chas Aguión (2014: 845-846). Para ID 6787 vid. Tosar (2023: 100-105) y Gómez Redondo (2024: 474-477).

  80. 80 Se reparten en varios, pero quizá todos figurarían en algún momento en SA10b, que recoge casi completa la primera parte del enfrentamiento, truncado en medio de la tensón por pérdida de folios, en los cuales se copiarían las coplas perdidas y tal vez la segunda fase de la contienda (ibidem: 102).

  81. 81 En ellos se oye aún a un anciano Marmolejo, cuya voz no suena, en cambio, en la segunda fase.

  82. 82 En la primera copla Baena se dirige encomiásticamente al rey, lo cual no permite concluir que ID 6787 se hallase en el códice real; es cierto también que nada pervive en PN1 de Marmolejo o Agraz, aun cuando lo mismo sucede en otras disputas allí recogidas, en las que a veces participan autores sin más obra conocida. Para este tipo de poesía en PN1 resulta fundamental Chas Aguión (2001).

  83. 83 Sobre todo por su singular aportación a la contienda: sin actuar como juez, contrarresta el silencio del infamado Marmolejo tras el último ataque de Agraz desacreditando a este; trata así de reparar el honor del sevillano –no está muerto, pues hay noticia suya en 1443, ya anciano (Tosar 2022: 90-91), pero Agraz lo da por fallecido (Gómez Redondo 2024: 476), lo cual sería más humillante que sus anteriores burlas–.

  84. 84 Es clara la relación de PN1 y MH1, como denota el trasvase de poemas y «la selección de un extenso “dezir”, a modo de regimiento político […] para que sirviera de pórtico introductorio [de MH1]»; por otra parte, el dístico inicial de ID 0285, que describe «el acto de entrega» del decir –«Para rey tan excelente / pertenesçe tal presente» (739)–, recuerda la cabecera del anteprólogo (Gómez Redondo 2024: 305 y n. 835).

  85. 85 Entre corchetes indico las coplas; para la estructura vid. también Marino (1978: 13-18) y López Nieto (1999). En la exposición me atengo a la propuesta de Gómez Redondo (2024: 305).

  86. 86 Cito por la última edición indicando solo la página; no olvido la muy incompleta de Menéndez Pelayo (1944: 364-382) ni los estudios que incluyen las de Azáceta (1966, I: X-XVI) y Marino (1978: 9-23).

  87. 87 Una frase más coloquial y sencilla –«y abezeme her»– reemplaza la lección original en un testimonio de Reinosa, mientras otro ofrece la lectio facilior «ya bezeme arborrones» (Puerto Moro: 75-76 y 252).

  88. 88 Propósito buscado en ID 0285 por su autor, quien primero ruega a nobles y altos linajes que no olviden el poema –copla 9– y luego insta a todos los grupos sociales a que lo escuchen –11 y 13–.

  89. 89 A la rúbrica Dezir que envió Juan Alfonso de Baena al señor Rey sobre las discordias por qué manera podían ser remediadas (739), sigue el dístico inicial (vid. n. 84), 218 coplas y finida –2, 218x8, 5–.

  90. 90 Entonces verano «designaba el fin de la primavera y el comienzo del verano, estío» (Corominas/Pascual 1980-1992: s. v. verano).

  91. 91 Para López Nieto (1999: 334) es «la obra de Baena que mejor ejemplifica la teoría expuesta por él en el “Prologus Baenensis”» y ofrece una interpretación de ella en clave política.

  92. 92 Gómez Redondo (2024: 312), que data el cancionero real de Baena en 1430 sin ligarlo a ID 0285, reconoce que este hubo de «ser un poema bien valorado en la corte», lo cual explica que abra «una nueva compilación [MH1]» conformada a partir de la baenense: sería el «proemio del que posiblemente fuera el segundo cancionero de la corte castellana», acabado en época de Enrique IV y destinado a los hijos de Isabel de Portugal. De aceptar la nueva datación de ZZ-CRB, ID 0285 habría jugado ya antes un destacado papel en la presentación del florilegio real a Juan II.