In Memoriam / In memoriam

DOI: 10.22325/fes/res.2024.245

Julio Carabaña, in memoriam



Olga Salido Cortés ORCID

Universidad Complutense de Madrid, España. osalidoc@ucm.es. Email

Revista Española de Sociología (RES), Vol. 33 Núm. 4 (Octubre - Diciembre, 2024), a245. pp. 1-3. ISSN: 1578-2824





El pasado 5 de noviembre de 2024, nos dejó Julio Carabaña Morales. Maestro, colega y amigo de quienes tuvieron el privilegio de compartir con él inquietudes y pasión por la sociología. Figura clave en el desarrollo de la sociología española, tanto por su rigor intelectual como por su calidad humana, Julio inspiró e iluminó las trayectorias de varias generaciones de sociólogos dentro y fuera de nuestras fronteras y constituye un referente indiscutible en el análisis de la desigualdad educativa y la movilidad social. Mi larga relación profesional y personal con él, extendida a lo largo de más de tres décadas, me otorga el honor de escribir estas líneas de homenaje.

Formado como filósofo en Valencia en los años 70, continuó sus estudios de Sociología en Alemania y volvió a España con una mochila llena de conocimientos e inquietudes en un momento de intenso cambio social y político. Formó así parte de una generación de jóvenes sociólogos que contribuyó decisivamente a dar forma y carácter a la incipiente Sociología en nuestro país y a consolidarla institucionalmente.

Fugitivo de la Filosofía, como él mismo se define en su libro de la serie Trayectorias, de próxima publicación por el CIS, obtuvo su primer trabajo como sociólogo en el recién creado INCIE (Instituto Nacional de Ciencias de la Educación) (1975-1982). Allí se inició en la investigación empírica sobre educación y trabó algunas de las relaciones personales y profesionales que le acompañarían toda su vida, en parte vinculadas a la inquietud política, pero sobre todo a la pasión sociológica compartida.

Más tarde, ya como director del CIDE (Centro de Investigación y Documentación Educativa) (1983-1986), tuvo ocasión de emular el Informe Coleman, llevando a cabo la primera evaluación externa de políticas educativas en nuestro país. Abordó con datos de primera mano y muestras suficientes, uno de los temas recurrentes de su agenda de investigación: la influencia del origen social en el logro educativo y la reproducción de la desigualdad.

Su obra es un testimonio de rigor metodológico y profundidad intelectual. Desde su tesis doctoral, publicada bajo el título Educación, ocupación e ingresos en la España del Siglo XX (1983), hasta libros como La inutilidad de PISA para las escuelas (2015) y Ricos y pobres: la desigualdad económica en España (2016), Julio desmanteló mitos en torno a la movilidad social y las desigualdades, confrontando con rigor y solvencia supuestos aceptados en el debate público y político.

La Encuesta Sociodemográfica de 1991, en cuyo diseño tuvo un papel decisivo, le permitió analizar la movilidad intergeneracional en España con una profundidad sin precedentes. Su libro Dos estudios sobre movilidad intergeneracional (1999) es un referente en el campo, del que él mismo advertía no sin cierta ironía que no era un libro “para ser leído, sino estudiado”. Más de una década después, la obra constituye el estudio más completo y riguroso sobre movilidad social intergeneracional de clase y de estatus socioeconómico en España.

Docente vocacional y magistral en el sentido más literal del término, fue profesor de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid desde 1976 hasta apenas unos años antes de su muerte. Su capacidad pedagógica y comunicativa, unida a su juicio claro y su afán por desentrañar la verdad, hacían de sus clases una fuente extraordinaria de conocimiento y disfrute.

Aunque no tuve la fortuna de ser su alumna directa, cada curso le invitaba a impartir una clase en el grupo que consideraba más avanzado. No importaba el tema; Julio podía ofrecer una lección magistral sobre las tendencias de la desigualdad económica en el mundo y en España, el Informe PISA o La distinción de Bourdieu prácticamente sin previo aviso. Su dominio de los temas y su habilidad para conectar con la audiencia eran excepcionales. No era infrecuente que sus clases terminaran con un aplauso cerrado de mis estudiantes, entre los que yo me sentía una más, quizás la más afortunada.

Julio disfrutaba tanto en el aula como en las conversaciones informales. Siempre estaba dispuesto a ayudar a quienes comenzaban, interesándose por los problemas de todos los que le rodeaban. A menudo se ofrecía a sustituir a los profesores más noveles, quienes veían en él no solo a un maestro, sino también a un mentor y un amigo. Quizá por eso nunca quiso un despacho para él solo; prefería rodearse de jóvenes investigadores y docentes, con quienes creaba espacios de aprendizaje compartido, marcados por su entusiasmo y generosidad.

Aunque su modestia y su humildad le alejaban con frecuencia de los focos, Julio desempeñó un papel fundamental en la institucionalización de la sociología como disciplina en España. Fue uno de los organizadores del primer Congreso de la Asociación Castellana de Sociología (Madrid, 1980) y del de la recién creada Federación Española de Sociología (Zaragoza, 1981). Más tarde, entre 2011 y 2014, dirigió la Revista Española de Sociología, contribuyendo a su consolidación y profesionalización. En 2019 fue nombrado socio de honor por la Federación Española de Sociología en reconocimiento a su trayectoria intelectual y académica y a su contribución al avance de la disciplina.

En los años 90, dirigió el equipo español del proyecto internacional sobre Estructura, Conciencia y Biografía de Clase, dirigido por Erik Wright, lo que supuso sin duda un impulso decisivo para el avance e internacionalización de la Sociología española, especialmente en un área que no había sido muy estudiada como la estratificación y la movilidad sociales. Los seminarios semanales organizados en el IESA-CSIC, en aquel edificio emblemático con vistas al Retiro, se convirtieron en un espacio de reflexión y debate intelectual único, dejando una huella indeleble en quienes participamos.

Sin duda, el "seminario del IESA" es uno de los recuerdos más mágicos que conservo de mi tiempo junto a él. Allí, Julio nos adentraba en las complejidades de la investigación con una mezcla de rigor y entusiasmo, y, sobre todo, con la humanidad y generosidad que siempre le caracterizaron. Pero, por encima de todo, a Julio le apasionaba polemizar, desmontar argumentos y obligarnos a cuestionar nuestras certezas. Sus contribuciones, tanto teóricas como metodológicas, siempre invitaban a mirar "la cara oculta de la luna", aportando perspectivas novedosas y a menudo provocadoras. Si el nacimiento de la sociología como disciplina científica no se puede entender fuera de la búsqueda de la razón, Julio fue sin duda un preclaro exponente de este proyecto ilustrado: la búsqueda incansable de la razón y el conocimiento.

A lo largo de su extraordinaria existencia, Julio Carabaña dejó una impronta imborrable en los espacios que habitó, contagiando su curiosidad, su ilusión y su pasión por la sociología con una humanidad desbordante. Sus redes de complicidad y amistad se extienden más allá de fronteras y generaciones, asegurando que su influencia perdurará en el tiempo. Nos encargaremos de que las siguientes generaciones conozcan su extraordinario legado.

Sit Tibi Terra Levis.