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        <journal-title xml:lang="es">Revista de Estudios Políticos</journal-title>
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        <publisher-name>Centro de Estudios Políticos y Constitucionales</publisher-name>
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      <article-id pub-id-type="publisher-id">rep.211.04</article-id>
      <article-id pub-id-type="doi">10.18042/cepc/rep.211.04</article-id>
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          <subject>Artículos</subject>
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        <article-title xml:lang="es">LA IZQUIERDA MÁS ALLÁ DEL PSOE Y LA IDEA DE FRENTE AMPLIO: RECEPCIÓN Y VOCACIÓN DE PERMANENCIA</article-title>
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          <trans-title>The Left beyond the PSOE and the idea of the Frente Amplio: Reception and vocation of permanence</trans-title>
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            <institution>Universidad Complutense de Madrid</institution>
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        <year>2026</year>
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        <copyright-statement>Copyright © 2026</copyright-statement>
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          <license-p>Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Transcurrido un año desde su publicación, este trabajo estará bajo licencia de reconocimiento Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obra derivada 4.0 España, que permite a terceros compartir la obra siempre que se indique su autor y su primera publicación en esta revista.</license-p>
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      <abstract xml:lang="es">
        <p>El espacio de la izquierda que va más allá del PSOE ha entrado en una nueva etapa tras su incorporación en el Gobierno de España y el final de Podemos como su fuerza conductora. Este campo político asume ahora retos vinculados a una mayor heterogeneidad desde una perspectiva coalicional o a los riesgos de oligarquización y desdibujamiento ideológico propios del momento gubernamental. De este modo, el presente artículo se propone exponer la experiencia del Frente Amplio de Uruguay al entender que cuenta con una mayor sincronía con la última fase del ciclo 2014-2024 del que se ocupa el artículo. Se concluye que, dada la persistencia de la mirada latinoamericana del espacio, el Frente Amplio y sus más de cincuenta años son un potencial horizonte para aunar una centralidad política en el panorama español con la asunción de una vocación de permanencia en el tiempo que asegure un espacio unitario y diverso.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>The left-winig space beyond the PSOE has entered a new stage after its incorporation into the Spanish Government and the end of Podemos as its driving force. This political field now assumes challenges linked to a greater heterogeneity from a coalitional perspective or to the risks of oligarchization and ideological blurring typical of the governmental moment. Thus, this article proposes to expose the experience of the Frente Amplio of Uruguay as it is understood that it has a greater synchrony with the last phase of the 2014-2024 cycle of which the article is concerned. It is concluded that, given the permanence of the Latin American view of the space, the FA and its more than fifty years are a potential horizon to combine a political centrality in the Spanish panorama with the assumption of a vocation of permanence in time that ensures a unitary and diverse space.</p>
      </trans-abstract>
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        <kwd>Frente Amplio</kwd>
        <kwd>Podemos</kwd>
        <kwd>Sumar</kwd>
        <kwd>partidos políticos</kwd>
        <kwd>vocación de permanencia</kwd>
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        <kwd>political parties</kwd>
        <kwd>vocation of permanence</kwd>
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          <funding-source>Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades</funding-source>
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        <funding-statement>Investigador que cuenta con financiación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (Gobierno de España) para la Formación del Profesorado Universitario.</funding-statement>
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          <meta-name>Cómo citar este artículo / Citation: </meta-name>
          <meta-value>Cerro Fernández, Raúl y González-Flores, Andrés (2026). La izquierda más allá del PSOE y la idea de Frente Amplio: recepción y vocación de permanencia. <italic>Revista de Estudios Políticos, </italic>211, 111-146. doi: <ext-link xlink:href="https://doi.org/10.18042/cepc/rep.211.04" ext-link-type="uri">https://doi.org/10.18042/cepc/rep.211.04</ext-link>
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    <sec>
      <label>I.</label>
      <title>INTRODUCCIÓN</title>
      <p>La izquierda en España, concretamente el espacio que va más allá del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), desde principios del siglo <sc>xxi </sc>ha mirado diferentes experiencias políticas que han tenido lugar en América Latina. La emergencia de Podemos en la escena política española no se pudo entender sin la lectura estratégica que llevó a cabo su dirigencia política sobre la región latinoamericana, que asumió la condición de modelo político (<xref ref-type="bibr" rid="B3">Alcántara y Rivas, 2019</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B89">Tarragoni, 2019</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B88">Tamames, 2021</xref>). La «marea rosa» que cubrió una parte destacada de esta región supuso una fuente de inspiración en términos políticos y organizacionales para la constitución de Podemos (<xref ref-type="bibr" rid="B83">Seguín, 2015</xref>). La «conexión bolivariana», referida principalmente a las experiencias de Bolivia, Ecuador y Venezuela, fue ese eje principal que ancló una relación dialógica del Podemos fundacional con América Latina (<xref ref-type="bibr" rid="B19">Copello, 2024</xref>).</p>
      <p>Por otro lado, el advenimiento de Podemos, sobre todo desde su transición del «antagonismo al agonismo» (<xref ref-type="bibr" rid="B27">Franzé, 2017</xref>) o una vez terminó su fase populista (<xref ref-type="bibr" rid="B88">Tamames, 2021</xref>), implicó la reconfiguración del espacio de la izquierda: poner <italic>en jaque </italic>la «zona de confort» en la que se encontraba el PSOE y actualizar a las formaciones eurocomunistas inmersas en posiciones residuales. Al no lograr el <italic>sorpasso </italic>al PSOE, se convirtió en el principal partido del espacio alternativo a los socialistas. Esta caracterización se ha seguido manteniendo a lo largo de los años, dado que el PSOE de Pedro Sánchez no sufrió una «pasokización» (<xref ref-type="bibr" rid="B73">Rendueles y Sola, 2019</xref>).</p>
      <p>La experiencia Podemos operó como el elemento refundacional de la izquierda alternativa al PSOE. En su conformación, se dio un momento de irrupción militante que se intentó canalizar a través de los círculos. Sin embargo, no se consiguió construir un cuerpo militante organizado ni territorializado, sino que se acabó apostando por un modelo dicotómico-plebiscitario (<xref ref-type="bibr" rid="B31">Gerbaudo, 2019</xref>). Asimismo, la pluralidad interna inicial devino en un continuado proceso de escisiones y la consolidación de un hiperliderazgo. Aplicando los planteamientos de Hirschman (<xref ref-type="bibr" rid="B41">1977</xref>), hubo una preferencia por la salida en lugar de la voz y la lealtad.</p>
      <p>Estas problemáticas son las experiencias fundantes de la transición de Podemos hacia Sumar y, en términos de liderazgo, del momento de Pablo Iglesias al de Yolanda Díaz. Entonces, como desde el cambio de época las reconfiguraciones apuntan al espacio de la izquierda española que va más allá del PSOE, se opta por enmarcar los desafíos organizativos de este campo político desde las problemáticas de dicho ciclo de diez años que va del 2014 al 2024.</p>
      <p>Las condiciones de enunciación han cambiado al igual que los propósitos políticos, pero el presente artículo sostiene que la mirada latinoamericana permanece. Eso sí, con una preocupación diversa: construir pluralidad interna, sobrevivir a los liderazgos y la creación militante, enunciado todo ello en la forma el «problema de la permanencia en el tiempo». Lo que enmarca la formulación de la pregunta de investigación: ¿por qué la izquierda más allá del PSOE en su experiencia de mayor fortaleza durante el periodo democrático (Podemos y Sumar) no ha sido capaz de consolidar factores de institucionalización que le permitan lograr proyectar su permanencia en el tiempo? Lo que consecuentemente empuja a asociar el objetivo de investigación con la identificación y fijación de aquellas dimensiones/causas que lo han impedido.</p>
      <p>En este horizonte, una experiencia consolidada parece recorrer ahora las miradas: el Frente Amplio uruguayo irrumpe con fuerza en la nueva etapa del campo de la izquierda en España más allá del PSOE. Se puede corroborar con los dichos de algunos de los cuadros dirigentes más influyentes del espacio. Por ejemplo, el anterior coordinador federal de Izquierda Unida (IU), Alberto Garzón, planteó convertir a Sumar en un Frente Amplio (<xref ref-type="bibr" rid="B17">Chouza, 2023b</xref>). En la misma línea, se pronunció el sucesor de Garzón en la coordinación de IU, Antonio Maíllo (<xref ref-type="bibr" rid="B51">Maíllo, 2024</xref>). Asimismo, desde otro lugar de enunciación, Juan Carlos Monedero, cofundador de Podemos, se refirió a un proyecto en el que se priorice una identidad común que logre representar a distintos espacios (<xref ref-type="bibr" rid="B56">Monedero, 2024</xref>). Lo que empuja hacia un segundo objetivo que motoriza la investigación: explorar las potencialidades del Frente Amplio como referente de comparación desde la óptica del problema de la permanencia en el tiempo.</p>
      <p>El artículo, por ello, comenzará con un marco teórico en torno al partido político y sus implicaciones, seguido de un apartado metodológico que detalla cómo se llevará a cabo la comparación. Con posterioridad, se pasará al análisis de los dos casos: la primera parte se dedicará a ubicar y sistematizar aquellos factores diferenciales del Frente Amplio, y la segunda parte se centrará en un análisis del ciclo Podemos-Sumar. Previo a las conclusiones, se dedicará un apartado a la puesta en discusión de las tres experiencias analizadas.</p>
    </sec>
    <sec>
      <label>II.</label>
      <title>PARTIDOS POLÍTICOS: ORGANIZACIÓN, TIPOLOGÍAS E INSTITUCIONALIZACIÓN</title>
      <p>En lo que se refiere al estudio de la organización de los partidos políticos, Robert Michels se encuentra entre una de sus figuras fundantes. La teorización de la ley de hierro de las oligarquías en su libro de 1911 <italic>Los partidos políticos, </italic>precisamente en un momento democratizador, de emergencia de los partidos socialistas como partidos de masas, es una de las tesis más influyentes de la ciencia política. Así, la equivalencia que realiza entre organización y oligarquía apunta a la imposibilidad de conjugar la democracia interna con la jerarquía y la burocracia (<xref ref-type="bibr" rid="B55">Michels, 2001</xref>). Esta tesis ha actuado como espada de Damocles sobre la cabeza de los partidos, que toma un carácter de perversidad en aquellos casos que se levantaban frente a ella.</p>
      <p>Más de medio siglo después, la economía heterodoxa de Albert O. Hirschman (<xref ref-type="bibr" rid="B41">1977</xref>) proporcionó otra de esas herramientas que permanecen por su agudeza y sencillez. ¿Qué sucede cuando un consumidor se relaciona con un producto que ya no le satisface al percibir que ha perdido calidad? ¿Y cómo se relaciona esto con las organizaciones políticas? En un mercado de competencia perfecta, la acción más habitual es abandonar el producto y buscar uno sustitutivo (salida). Una segunda opción es permanecer fiel (lealtad) y, en caso de estar descontento, con la posibilidad de quejarse o reclamar (voz). Como regla general, la voz se asocia más al funcionamiento de la política y sería más costosa que la salida, si bien habría que atender a otros factores.</p>
      <p>Dicho esto, se observa que ante una opción de salida masiva el productor u organización queda en riesgo de desaparición, por lo que la pregunta por la solución de los dilemas de acción colectiva entre la voz y la salida cobra especial relevancia. En Hirschman (<xref ref-type="bibr" rid="B41">1977</xref>) se apunta a un sistema de incentivos: los materiales o instrumentales, los solidarios o expresivos, o los teleológicos o intencionales. Otra cuestión de especial interés para la política va a ser la relación entre los mecanismos de salida y voz. Se perfila como escenario óptimo una combinación entre salida, que permita la identificación de la pérdida de calidad, y la permanencia mediada por la lealtad, que permita la queja con margen de tiempo para recuperar calidad sin colapso. De tal manera que los niveles de voz aumentan cuando no hay posibilidades de salida o es costosa, pero se torna de mayor eficacia cuando existe posibilidad de salida y se han generado a la vez mecanismos de lealtad. </p>
      <p>Al abordar la organización de los partidos, se presenta como otra parada fundamental su genealogía clásica. Katz y Mair (<xref ref-type="bibr" rid="B43">1995</xref>) sostienen que en las democracias occidentales se puede rastrear el desarrollo de los partidos a partir de un proceso dialéctico en el que cada nuevo tipo genera una reacción que estimula un mayor desarrollo. En el desarrollo trazado desde finales del siglo <sc>xix </sc>y a lo largo del <sc>xx, </sc>destacan cuatro modelos de organización partidaria. Las dos primeras suelen vincularse a la diferenciación de Duverger (<xref ref-type="bibr" rid="B21">1957</xref>) entre origen interno o externo a las instituciones (especialmente los Parlamentos) y que va de los partidos de cuadros a los partidos de masas. El primero se vincula al parlamentarismo decimonónico del liberalismo clásico y a la defensa de los diferentes sectores de las élites. El segundo queda unido a la ampliación del sufragio, destacando entonces por la gran presencia de los afiliados y una organización central fuerte (<xref ref-type="bibr" rid="B44">Katz y Mair, 2007</xref>). </p>
      <p>El partido de masas, con el tiempo, fue focalizando su acción política al ámbito institucional, lo que junto a cambios sociales y tecnológicos dieron lugar a la emergencia de lo que Otto Kirchheimer definió como los «partidos <italic>catch-all </italic>o atrapalotodo» (íd.). La profundización de esta orientación institucional desemboca en el «partido cartel» teorizado por Katz y Mair (<xref ref-type="bibr" rid="B43">1995</xref>), que permitió dar cuenta de las simbiosis del partido con el Estado, la profesionalización de la política o la pérdida de relevancia de los afiliados. Ahora, alertan de que «todos estos modelos representan tipos polares heurísticamente convenientes, a los que los partidos individuales pueden aproximarse más o menos en un momento dado» (<italic>ibid.: </italic>19). Otra de las tipologías de referencia es la de Panebianco (1990), con arreglo a la distinción entre burócratas y profesionales: el «partido burocrático de masas» y el «partido profesional-electoral».</p>
      <p>Como contrapunto a la mayoría de tipologías basadas en partidos de la Europa Occidental, Gunther y Diamond (<xref ref-type="bibr" rid="B39">2001</xref>) sostienen que se necesita su revisión y ampliación. Estos autores complejizan y proponen quince «especies» ideales de partidos, pertenecientes a su vez a un «género» más amplio de tipos: partidos de élite (local notable y clientelar), partidos de masas (de clase, leninista, nacionalista pluralista, ultranacionalista, confesional y fundamentalista religioso), partidos de base étnica (étnico y del congreso), partidos electoralistas (<italic>catch-all, </italic>programático y personalista) y partidos-movimiento (libertario de izquierda y postindustrial de extrema derecha). </p>
      <p>Asimismo, en las últimas décadas se ha producido una renovación de los tipos partidistas vinculada a la desconfianza generalizada hacia los partidos tradicionales provocada por los efectos de la Gran Recesión. Se destaca el denominado «partido digital», que desde el empleo de la tecnología digital ofrece una nueva participación de base que pueda reparar la crisis de la democracia (<xref ref-type="bibr" rid="B31">Gerbaudo, 2019</xref>). El partido digital se inserta en un conjunto de innovaciones terminológicas presente en la ciencia política que busca reflejar las actuales mutaciones de la forma de partido: partidos empresariales, partidos populistas, partidos antipartido, partidos-movimientos, etc. En torno a estos diferentes tipos de partido, hay un denominador común: su deseo de revitalizarse por medio del contacto con la sociedad y sus componentes (empresas, asociaciones y/o movilizaciones) (<xref ref-type="bibr" rid="B13">Cervera-Marzal, 2024</xref>).</p>
      <p>Por otro lado, al abordar el problema de la permanencia en el tiempo, está en primera línea la cuestión de la institucionalización de los partidos. Implica la consolidación de la organización, desde una fase marcada por la fluidez estructural inicial a una fase de estabilización, en la que se impulsan intereses y lealtades organizativas sostenidas. Si bien los partidos en cierto sentido deben de institucionalizarse para sobrevivir, este proceso no se produce con la misma intensidad en todos ellos, existiendo casos que desembocan en instituciones fuertes y en otros ocasiona instituciones débiles. Ahora, una organización con un alto grado de institucionalización en general dispone de mayores defensas frente a los retos ambientales que una débilmente institucionalizada (<xref ref-type="bibr" rid="B66">Panebianco, 1990</xref>).</p>
      <p>En relación con lo señalado en el párrafo anterior, la definición de institucionalización propuesta por Harmel <italic>et al. </italic>(<xref ref-type="bibr" rid="B40">2018: 6</xref>) permite encapsular con mayor claridad las implicaciones de este concepto: «El proceso de adquirir las propiedades de una organización duradera que es valorada por sí misma y de lograr las percepciones de otros de que lo es». Así, la institucionalización es en cierto sentido un producto del tiempo y las dinámicas de adaptación y modelación de los factores externos por parte de los actores políticos, no algo que pueda nacer solo de un plan lineal deliberado previamente. Esto no significa que necesariamente equivalga a democratización interna ni constituye por sí misma una pérdida democrática derivada de su reglamentación. No obstante, en la crítica a la maduración partidaria aparecen los riesgos democráticos asociados a la pérdida de conexión social y dinamismo interno vinculada al institucionalismo, pero también debe ponerse el foco en cómo la falta de procedimientos definidos puede emplearse para controlar y distorsionar el proceso democrático. Si se aspira a construir estructuras y lealtades partidarias duraderas, se requiere reforzar la institucionalización (<xref ref-type="bibr" rid="B82">Scarrow, 2005</xref>).</p>
      <p>Aterrizando la recepción de la institucionalización en el contexto europeo postcrisis de 2008, se ha de tener presente en primer lugar el fuerte impacto de las olas de indignación que se dieron en los diferentes países en forma de denuncia a la «vieja política» y de quiebra de confianza con las instituciones políticas tradicionales. La ventana de oportunidad que se abrió permitió el advenimiento de nuevos competidores que buscaban proyectarse como herederos de esas protestas y ofrecer una suerte de relación más directa con la población. Al entender que el funcionamiento de los partidos tradicionales mostraban signos de osificación, los nuevos partidos enfocaron su accionar político en la búsqueda de sintonización con las tendencias, desarrollos y movimientos presentes en la sociedad (<xref ref-type="bibr" rid="B80">Sánchez-Cuenca, 2022</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B13">Cervera-Marzal, 2024</xref>).</p>
      <p>En el caso de las fuerzas de izquierda surgidas por esta época, lanzaron plataformas políticas orientadas a abarcar un amplio espectro de la población y en la competencia electoral se vieron favorecidas tanto por la tendencia antipartidos como por una coyuntura de protestas generalizadas. Desde sus inicios, rechazaron la etiqueta de partido y exploraron modos alternativos de funcionamiento y membresía. El problema vino en el momento que se mantenían en la dinámica electoral y se diluían sus vínculos con los movimientos sociales; de ahí que experimentasen un proceso de institucionalización que venía dificultado por su discurso fundacional. También, en ciertos casos, optaban por la participación en Gobiernos. Sin embargo, para mantener un aura de novedad y borrar su dimensión partidaria, han seguido presentando una retórica de movimiento, la cual alude a un imaginario de gestión basado en la horizontalidad, la flexibilidad y el pragmatismo (<xref ref-type="bibr" rid="B14">Charalambous, 2022</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B13">Cervera-Marzal, 2024</xref>). Permanece, por consiguiente, la creencia de que la emergencia de los partidos causa la desaparición de movimientos vigorosos. A lo que Nunes agrega que es una narrativa que «a menudo olvida que nada conserva los mismos niveles de dinamismo para siempre, y que los partidos generalmente florecen no cuando los movimientos están en su apogeo, sino cuando han comenzado a flaquear» (<xref ref-type="bibr" rid="B61">2021:
          237</xref>).</p>
      <p>Con respecto a la coyuntura latinoamericana, se ha generado un cierto consenso en la literatura de que en líneas generales los partidos políticos desde 1990 han permanecido débiles. La construcción de partidos exitosos ha sido todo un reto, y no solo porque son procesos lentos, sino también porque, cuando son de reciente creación, necesitan hacerse un espacio frente a los partidos establecidos o deben competir con una multitud de otros partidos nuevos. De esta manera, aquellos que consiguen echar raíces suelen ser los surgidos a raíz de «conflictos extraordinarios» y no tanto bajo un escenario de estabilidad democrática. La cohesión interna que generan períodos de intensa conflictividad facilita una construcción partidaria exitosa (<xref ref-type="bibr" rid="B48">Levitsky et al., 2016</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B90">Van Dyck, 2021</xref>).</p>
      <p>De la denominada «nueva izquierda» latinoamericana, que abarca desde experiencias surgidas en los setenta hasta aquellas creadas a principios del siglo <sc>xxi, </sc>pocos han sido los partidos que lograron institucionalizarse en la medida que gran parte fracasaron electoralmente y los otros restantes tuvieron un éxito breve. La principal diferencia entonces entre los partidos institucionalizados y los nuevos, es que los últimos carecen —y desconfían— a nivel interno de una toma de decisiones colectiva, no llegan a desarrollar canales institucionales que permitan embridar el conflicto entre facciones. Ya no solo serían las crisis electorales las que provocarían la desintegración de los partidos nuevos, sino también el no estar preparados en términos organizativos para sobrevivir a ellas (<xref ref-type="bibr" rid="B90">Van Dyck, 2021</xref>). </p>
      <p>Del otro lado, pese a disponer de organizaciones más sólidas, los partidos de izquierda institucionalizados en el último tiempo han tenido generalmente más dificultades para generar vínculos con la sociedad civil (<xref ref-type="bibr" rid="B5">Anria, 2018</xref>). No obstante, estos partidos latinoamericanos que suelen ser clasificados en categorías distintas a aquellos con un perfil más contestario y de creación más reciente (<xref ref-type="bibr" rid="B49">Levitsky y Roberts, 2011</xref>) pueden llegar a compartir fuertes similitudes. Con base en la investigación de Anria (<xref ref-type="bibr" rid="B5">2018</xref>), que presta una atención especial al vínculo con las bases sociales populares, el Frente Amplio uruguayo presumiblemente tiene más en común con el Movimiento al Socialismo boliviano que con el Partido de los Trabajadores brasileño, o incluso con el Partido Socialista chileno.</p>
      <p>La literatura, por ende, muestra modos diferentes de cómo se canaliza la institucionalización partidaria en las experiencias de izquierda de Europa y América Latina. En Europa, la institucionalización queda más asociada a la concentración de poder, al verticalismo, aun cuando son conceptos que cuentan con distintas implicaciones (<xref ref-type="bibr" rid="B40">Harmel et al., 2018</xref>). Mientras que en Latinoamérica, no estando ausente lo primero, acaba representando una variable decisiva con vistas a hacer prevalecer en el tiempo la organización partidaria, si bien se ha de considerar, a su vez, el tipo de vínculos que tiene con la sociedad civil.</p>
      <p>En última instancia, yendo un paso más allá de la institucionalización, Rosenblatt (<xref ref-type="bibr" rid="B79">2018</xref>) resalta la «vitalidad» de los partidos que deriva de la interacción de cuatro factores causales (propósito, trauma, canales de ambición y moderadas barreras de salida). La vitalidad provee un claro vínculo causal entre la estabilidad de los partidos a lo largo del tiempo y la calidad de la representación democrática. Por ello, «cuando los partidos persisten como organizaciones vibrantes, es más probable que sigan siendo eficaces como instituciones de representación» (<italic>ibid.: </italic>5).</p>
    </sec>
    <sec>
      <label>III.</label>
      <title>METODOLOGÍA</title>
      <p>El presente artículo se apoya en el método comparativo para el desarrollo del análisis, en una estrategia tan definitoria de las ciencias sociales como es la búsqueda de similitudes y disimilitudes (<xref ref-type="bibr" rid="B81">Sartori, 1994</xref>). Así, siguiendo la sencillez de este efectivo objetivo, las comparaciones de interés se dan entre objetos que cuentan con atributos compartidos (similares) y no compartidos (y declarados no comparables) (íd.). De conformidad con Collier (<xref ref-type="bibr" rid="B18">1992: 21</xref>), la comparación en ciencias sociales cuenta con una definición estándar: «Se refiere a las cuestiones metodológicas que surgen del análisis sistemático de un pequeño número de casos». Se trata de la identificación de dimensiones que permiten una construcción interactiva del argumento teórico. Una vez que los objetos —desde el acercamiento realizado por el investigador— pueden responder a la cuestión: ¿qué es comparable?, se pasa a singularizar en comparables, ¿en qué aspecto? (<xref ref-type="bibr" rid="B81">Sartori, 1994</xref>).</p>
      <p>Ese enfoque en un número pequeño de casos se debe a que existen pocos aspectos singulares del fenómeno a estudiar que dispongan de los atributos diferenciales de interés para el analista. Esto desde la honestidad intelectual que implica la aceptación de que siempre, en cierto sentido, «los puntos de división son arbitrarios y dejados a la decisión de cada uno» (<italic>ibid.: </italic>28). En esta línea, se encuadra la amplitud de los estudios comparados, que pueden contar con una variedad de perspectivas, así como perseguir diferentes objetivos (<xref ref-type="bibr" rid="B18">Collier, 1992</xref>). Por ello, este trabajo tiene como insumos tanto estudios monográficos como otras comparaciones. El uso de monografías tiene especial sentido en relación con el objeto de referencia de las dimensiones de análisis, en este caso el Frente Amplio uruguayo, pues ha sido situado como caso paradigmático en la literatura<xref ref-type="fn" rid="F2"/>. Así, se espera que mediante una aproximación desde la diferencia de totalidades nunca cerradas en su contexto, se pueda lograr fortalecer el conocimiento de cada uno de los casos y contribuir de manera general a la teoría de las organizaciones políticas.</p>
      <p>Con el fin de realizar una comparación consistente, la investigación se centrará en dos casos. Para empezar, al seleccionar las experiencias de Podemos y Sumar, se comprende que son las fuerzas conductoras del espacio de la izquierda más allá del PSOE durante el ciclo 2014-2024. Durante la década de los 2010, la irrupción de Podemos supuso que IU quedase desplazada en el liderazgo de dicho campo político. IU, en sus inicios, había logrado presentar una plataforma renovada que le permitió transformarse en una organización más unida y en la que los partidos integrantes (principalmente el Partido Comunista de España) pasaban a desempeñarse como facciones. A pesar de su modernizada plataforma, IU se mantenía relativamente tradicional en términos ideológicos y organizativos y eso supuso un fuerte contraste con Podemos, por lo que a partir de entonces pasó a tener un rol más de acompañamiento (<xref ref-type="bibr" rid="B72">Ramiro y Gómez, 2017</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B19">Copello, 2024</xref>). De esta forma, el recorrido de diez años que se realizará implica enmarcar los desafíos organizativos del espacio de la izquierda más allá del PSOE a través de la experiencia Podemos (2014-2021) y de la experiencia Sumar (2021-2024). La presente investigación entiende que la decisión de Pablo Iglesias de designar a Yolanda Díaz como su sucesora marca el fin de Podemos como fuerza conductora del espacio y el inicio de Sumar.</p>
      <p>Respecto a la definición del otro caso con el que se comparará, hubo un tiempo en el que se dio un impulso importante a las investigaciones centradas en la comparación de Podemos con fuerzas de la izquierda que provenían también de Europa (<xref ref-type="bibr" rid="B20">Della Porta et al., 2017</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B7">Bickerton e Invernizzi Accetti, 2018</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B31">Gerbaudo, 2019</xref>). Considerando lo señalado en la introducción, el momento actual del espacio de la izquierda más allá del PSOE exige la comparación con otras experiencias que compartan, en líneas generales, lo que este artículo ha llamado la «idea de Frente Amplio». Si se mantiene la atención a las izquierdas europeas, el caso que puede contar hoy con mayores semejanzas es el del Nuevo Frente Popular francés (NFP). No obstante, se descarta la comparación con el NFP, debido a su corta trayectoria y también a que solo ha estado presente en la dinámica electoral, sin llegar a plantearse todavía como una alternativa viable para la conquista del poder (<xref ref-type="bibr" rid="B65">Palheta, 2025</xref>).</p>
      <p>Por ello, el presente trabajo considera que es posible la comparación con alguna experiencia política del continente latinoamericano. En la búsqueda de ese referente de comparación, se podría plantear en un primer momento tres casos que han revitalizado la izquierda latinoamericana gracias a los triunfos electorales cosechados en sus respectivos países: Morena en México, el Frente Amplio en Chile, y el Pacto Histórico en Colombia. Las gestas logradas por las tres fuerzas mencionadas han permitido la instauración de nuevos referentes políticos, que destacan por su capacidad de articular nuevas mayorías y su impulso de una agenda de corte progresista. No sobresalen, sin embargo, por poseer una densa estructura organizativa. Para la investigación, es importante fijar un caso de comparación con éxito político-electoral y densidad organizativa, por lo que el Frente Amplio de Uruguay, que recientemente retornó al Gobierno de su país (<xref ref-type="bibr" rid="B11">Cerro, 2025</xref>), cumple con ambos aspectos. En la medida que el campo de la izquierda española se enfrenta en el último tiempo a nuevos retos, se pone la mirada en el caso del FA, rastreándose desde su creación hasta el momento actual aquellos elementos que permiten configurar a esta fuerza política como coalición y movimiento.</p>
      <p>Se ha de advertir entonces que la comparación de los casos se realiza teniendo en consideración que obedecen a sistemas institucionales diferentes, uno presidencial y otro parlamentario. Más allá de ser organizaciones partidarias con afinidades ideológicas y con capacidad para tender alianzas, lo que permitiría la comparación es que en Uruguay y en España se da un lugar prominente a los partidos tanto en términos de disputa política como de gobernabilidad (<xref ref-type="bibr" rid="B15">Chasquetti, 2004</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B37">Granados, 2019</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B38">Gray, 2020</xref>). En el caso del sistema presidencial uruguayo, «la acción del Poder Ejecutivo requiere buscar alianzas dentro del mapa político partidario» (<xref ref-type="bibr" rid="B8">Buquet, 1997: 13</xref>). Mientras, el sistema parlamentario español se ha caracterizado por contar con formaciones políticas de ámbito estatal y no estatal, las cuales han obtenido un mayor protagonismo desde el colapso del bipartidismo (<xref ref-type="bibr" rid="B62">Orriols y Cordero, 2016</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B38">Gray, 2020</xref>).</p>
      <p>Igualmente, el artículo centrará la comparación en tres aspectos: la militancia, la organización interna y las relaciones con los actores sociales. Estos tres aspectos se entienden como lo más destacados del caso del FA (<xref ref-type="bibr" rid="B68">Pérez Bentancur et al., 2022</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B36">González-Flores y Cerro, 2025</xref>), por lo que también se aplicarán en lo que concierne a los desarrollos organizativos de Podemos y Sumar. Así pues, para los análisis del FA y de Podemos se considerará una variedad de trabajos de académicos que han puesto una atención especial en estas dos experiencias. Referente a Sumar, dado que es una experiencia más reciente, se realizará una revisión a partir de informaciones publicadas por los principales medios de prensa españoles y documentos organizativos difundidos por el propio Sumar.</p>
    </sec>
    <sec>
      <label>IV.</label>
      <title>FRENTE AMPLIO: VOZ, REPRODUCCIÓN MILITANTE Y FRACCIONALISMO</title>
      <p>El Frente Amplio nació en 1971 a partir de la alianza de los comunistas, los socialistas, los democristianos y las escisiones del Partido Colorado y del Partido Nacional. Desde sus inicios, también contó con una fuerte participación desde abajo, algo que la dirigencia del FA no pasó por alto y por ello fue concebido desde el principio como más que una coalición electoral. Inició como una coalición de formaciones políticas e inmediatamente después se impulsó un movimiento de militantes organizado desde abajo (<xref ref-type="bibr" rid="B50">Luna, 2007</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B68">Pérez Bentancur et al., 2022</xref>). Pasó de que su predominio principal se situase en las áreas urbanas a extenderse también a las zonas rurales y adoptar una orientación cada vez más inclusiva (<xref ref-type="bibr" rid="B5">Anria, 2018</xref>).</p>
      <p>Esta estructura dual de coalición-movimiento característica del FA logró sobrevivir en los años en los que Uruguay estuvo bajo una dictadura (1973-1985). En el año 1986, una vez celebradas las elecciones democráticas de 1984, afianzó su estructura organizacional y decisional, institucionalizó a nivel interno la participación de los militantes de base (<xref ref-type="bibr" rid="B91">Yaffé, 2013a</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B68">Pérez Bentancur et al., 2022</xref>). La construcción del FA fue un proceso gradual, quedando igualmente patente en el terreno electoral. La intendencia de Montevideo fue el primer escaparate de dicha fuerza política, cuando Tabaré Vázquez obtuvo la victoria de 1990. Así, hasta 2004 el FA no pudo hacerse con la Presidencia del país (<xref ref-type="bibr" rid="B50">Luna, 2007</xref>). De nuevo, la victoria vino de la mano de Vázquez, inaugurándose un período de quince años de predominio frenteamplista en el sistema político uruguayo.</p>
      <p>Un primer factor que resulta diferencial a la hora de abordar el FA es el rol de su militancia. Los comités de base representan la estructura interna dirigida a la participación de la militancia, siendo decisiva de cara a la continua organización y movilización del partido (<xref ref-type="bibr" rid="B79">Rosenblatt, 2018</xref>). Se encuentran en todo el país al contar con una implantación local y la militancia de estos comités colaboran de forma voluntaria, pero lo más peculiar es su alto grado de rutinización, siendo visibles entre y durante los procesos electorales (<xref ref-type="bibr" rid="B68">Pérez Bentancur et al., 2022</xref>). Son espacios de construcción de poder (<xref ref-type="bibr" rid="B69">Pino et al., 2023</xref>).</p>
      <p>Aun sin ser una estructura orientada a la disputa de poder, la inserción de los comités de base en la orgánica del FA permite que su voz cuente e influya en el rumbo del partido. La militancia de base se encuentra representada en toda la estructura organizativa, incidiendo de forma significativa en los principales órganos decisionales como el Plenario Nacional, la Mesa Política y el Congreso, que ponen en conexión las estructuras del movimiento con las de la coalición. Este rol, que se ve refrendado en las reglas del propio partido, les permite disponer de la capacidad para reproducir militancia, de convertir a los adherentes que se captan en militantes. De este modo, las formas de horizontalidad partidaria se plasman en los comités, generando un «efecto cerrojo» ante las amenazas de oligarquización por parte de las élites partidarias, así como permitiendo reproducir su naturaleza orgánica de masas (<xref ref-type="bibr" rid="B68">Pérez Bentancur et al., 2022</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B91">Yaffé, 2013a</xref>)<xref ref-type="fn" rid="F3"/>.</p>
      <p>Por su parte, la estructura sectorial del FA la constituyen las corrientes internas. En sus orígenes nació como una coalición de partidos, pero con el paso del tiempo se transformó en un partido fraccionalizado (<xref ref-type="bibr" rid="B92">Yaffé, 2013b</xref>). La «fraccionalización» supone que en un mismo partido convivan diferentes corrientes con ideologías variadas. Es un fenómeno político típicamente uruguayo, el cual también está presente en las organizaciones partidarias tradicionales del país (<xref ref-type="bibr" rid="B37">Granados, 2019</xref>). Igualmente, los estatutos han permitido el sostenimiento en el tiempo de los sectores dentro del partido gracias a las cuotas de poder que tienen reservadas en los organismos de dirección. Esto no ha impedido que con el transcurso de los años las fracciones hayan variado su poder, mostrando un gran dinamismo en su composición interna (<xref ref-type="bibr" rid="B91">Yaffé, 2013a</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B92">2013b</xref>).</p>
      <p>Entonces estas fracciones se encuentran altamente institucionalizadas, aunque conviven distintas modalidades de organizaciones y lógicas de conexión con sus bases sociales. Los históricos Partido Comunista (PCU) y Partido Socialista (PS) y el grupo político Movimiento de Participación Popular (MPP) disponen de estructuras con participación continua de la militancia y vínculos sólidos con las bases sociales organizadas. En cambio, otras fracciones como Vertiente Artiguista (VA), el Espacio Socialdemócrata Amplio (anteriormente Nuevo Espacio) y Asamblea Uruguay (AU) cuentan con estructuras menos densas, aproximándose a un modelo profesional-electoral (<xref ref-type="bibr" rid="B6">Antía, 2022</xref>). Eso sí, lo que verdaderamente ha supuesto un reto ha sido mantener la unidad pese a la gran variedad ideológica entre sectores.</p>
      <p>El FA tiene las mayores distancias ideológicas entre sus fracciones con respecto a los otros partidos uruguayos (<xref ref-type="bibr" rid="B46">Lanzaro, 2016</xref>). Desde sus orígenes se han albergado principalmente dos tendencias: una moderada y otra radical (<xref ref-type="bibr" rid="B57">Moreira, 2008</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B79">Rosenblatt, 2018</xref>). Si bien hay sectores que se pueden clasificar con un aura más moderada (AU y Nuevo Espacio) y otros con un aura más contestataria (PCU), están los casos del PS y la VA que han modulado sus respectivas posiciones ideológicas entre estas dos categorías dependiendo de sus correlaciones internas y los contextos (<xref ref-type="bibr" rid="B6">Antía, 2022</xref>). Por parte del MPP, hoy el sector con mayor peso (<xref ref-type="bibr" rid="B60">Nocetto et al., 2020</xref>) y del que procede el presidente Yamandú Orsi (<xref ref-type="bibr" rid="B11">Cerro, 2025</xref>), tradicionalmente ha sido ubicado en el eje más a la izquierda del FA (<xref ref-type="bibr" rid="B29">Garcé y Yaffé, 2014</xref>), pero en el último tiempo ha sido más difícil de clasificar dado que se ha vuelto más pragmático y, a su vez, ha mantenido una cierta aura radical por su pasado tupamaro (<xref ref-type="bibr" rid="B2">Adinolfi y Cianelli, 2024</xref>)<xref ref-type="fn" rid="F4"/>.</p>
      <p>A pesar de que cada fracción cuente con su propia identidad y una autonomía relativa, la unidad que se ha cultivado a partir del proceso de deliberación ha permitido el mantenimiento en el tiempo del proyecto frenteamplista. No se han eludido las disputas al interior del partido, pero ha permanecido la búsqueda del consenso sobre la base de acuerdos en los que todas las partes se vean de una cierta manera aludidas (<xref ref-type="bibr" rid="B92">Yaffé, 2013b</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B79">Rosenblatt, 2018</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B6">Antía, 2022</xref>). Durante su época de gobierno, las parcelas estatales representaron espacio de luchas y alianzas tácticas entre los diferentes sectores, constituyendo el gabinete un centro de decisión relevante (<xref ref-type="bibr" rid="B57">Moreira, 2008</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B15">Chasquetti, 2004</xref>). Las diferencias en el seno del conglomerado se daban en temas estratégicos de la agenda nacional, por lo que el rumbo gubernamental estaba marcado por los debates públicos abiertos, los conflictos y los bloqueos (<xref ref-type="bibr" rid="B46">Lanzaro, 2016</xref>).</p>
      <p>El éxito político y electoral del FA entonces responde a su habilidad para mantener una coalición internamente heterogénea. Aun con la renovación ideológica y programática que llevó a cabo en los años noventa, consiguió que aquellos sectores escorados más a la izquierda no abandonasen el partido. La transición ideológica se manifestó en la política de alianzas. Los costes de la salida al no existir opciones competitivas a la izquierda del FA y los canales de ambición para la emergencia de nuevos liderazgos permitían la consolidación de un espacio común (<xref ref-type="bibr" rid="B50">Luna, 2007</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B29">Garcé y Yaffé, 2014</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B79">Rosenblatt, 2018</xref>).</p>
      <p>Más allá de la identidad frenteamplista tan arraigada en las bases y el amplio número de sectores que configuran la estructura coalicional, el FA se ha caracterizado por sus fuertes vínculos con las organizaciones sociales, siendo otro de los aspectos que ha posibilitado que se mantenga su caracterización como un partido orgánico de masas. Aun con esa moderación ideológica y programática, no renunció a su oposición hacia el neoliberalismo ni se distanció de las organizaciones sociales ni de sus bases (<xref ref-type="bibr" rid="B79">Rosenblatt, 2018</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B91">Yaffé, 2013a</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B68">Pérez Bentancur et al., 2022</xref>). Es decir, «la moderación no terminó transformando las ideas fundamentales y la identidad del partido» (<xref ref-type="bibr" rid="B79">Rosenblatt, 2018: 187</xref>).</p>
      <p>Desde sus orígenes, cultivó un estrecho vínculo con el mundo sindical al igual que con otras organizaciones sociales. Estas buenas relaciones se lograron mantener una vez el FA llegó al poder, sobre todo con la central sindical PIT-CNT. La implementación de los consejos de Salarios y Negociación Colectiva por parte de la presidencia de Tabaré Vázquez permitió la vuelta del diálogo social suspendido en la década anterior. Hubo un fortalecimiento de los repertorios de acción sindical y una mejora de las relaciones laborales y las condiciones de los trabajadores gracias a la política de corte laborista que siguió esta fuerza política durante sus años de gobierno. No obstante, el PIT-CNT no era el «brazo sindical» del FA (<xref ref-type="bibr" rid="B71">Pousadela, 2018</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B46">Lanzaro, 2016</xref>).</p>
      <p>Tanto el sindicalismo como los movimientos sociales con los que se ha vinculado (por ejemplo, asociaciones feministas, estudiantiles, LGTBIQ, o de la memoria y los derechos humanos) mantienen estructuras independientes a las del propio FA. La conexión orgánica con los actores sociales se ha dado a través de las demandas provenientes de sus bases gracias a la capacidad de voz que dota la particular estructura organizacional del partido. De igual modo, la doble militancia de las élites partidarias y de las bases con el movimiento sindical ha forjado otro mecanismo de agregación y canalización de las demandas sociales (<xref ref-type="bibr" rid="B68">Pérez Bentancur et al., 2022</xref>).</p>
      <p>Conforme a los aspectos considerados para la experiencia uruguaya, este artículo distingue dos tipos de doble militancia: la «doble militancia externa», que se basa en la militancia tanto en el FA o en una de sus fracciones como en las organizaciones sociales; y la «doble militancia interna», en el que se es miembro de un comité de base y a su vez de una fracción partidaria.</p>
    </sec>
    <sec>
      <label>V.</label>
      <title>PODEMOS-SUMAR: IRRUPCIÓN DIGITAL MILITANTE, CORRIENTES DE SALIDA Y COALICIÓN GUBERNAMENTAL</title>
      <sec>
        <label>1.</label>
        <title>El ciclo podemos: construcción a partir del desborde</title>
        <p>La presentación oficial de Podemos tuvo lugar el 17 de enero de 2014 en la ciudad de Madrid, y en mayo del mismo año se presentó a sus primeras elecciones al Parlamento Europeo en las que de manera sorpresiva obtuvo cinco eurodiputados. Al hacer un recorrido electoral por sus primeros años, se observa su tercera posición en marzo de 2015 en las elecciones autonómicas de Andalucía, al igual que su importante rol en mayo del mismo año cuando el espacio logró las alcaldías de las principales ciudades del país. En el panorama estatal, fue un momento destacado su entrada como tercera fuerza en las elecciones generales de diciembre 2015 con 69 diputados y su consolidación, sin <italic>sorpasso </italic>al PSOE, se produjo en la repetición electoral de junio de 2016 con 71 diputados ya como Unidos Podemos (UP), tras su coalición con IU. </p>
        <p>En octubre de 2016, Mariano Rajoy fue reelegido como presidente. Sin embargo, un año y medio después, en junio de 2018, prosperaría, con un rol protagónico de UP, la primera moción de censura de la historia del país, convirtiéndose Pedro Sánchez en presidente del Gobierno. El Gobierno fue de partido único (PSOE) en minoría hasta la segunda convocatoria de elecciones en noviembre de 2019 y su investidura en enero de 2020. En estos procesos electorales, se consolidó en la arena estatal una fase de declive de Unidas Podemos al lograr 42 escaños en abril y 35 en noviembre en la repetición electoral. De todos modos, Podemos, pero también Ciudadanos, supusieron el quiebre del sistema bipartidista, modificando sustancialmente el sistema de partidos español (<xref ref-type="bibr" rid="B62">Orriols y Cordero, 2016</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B75">Rodon y Hierro, 2016</xref>). </p>
        <p>La literatura clasificó a Podemos fundamentalmente en su fase inicial como «partido populista» (<xref ref-type="bibr" rid="B34">Gómez-Reino y Llamazares, 2018</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B84">Sola y Rendueles, 2017</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B72">Ramiro y Gómez, 2017</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B53">Mansbridge y Macedo, 2019</xref>)<xref ref-type="fn" rid="F5"/>. También se matizó esta cuestión en una caracterización como «partido tecnopopulista» (<xref ref-type="bibr" rid="B7">Bickerton e Invernizzi Accetti, 2018</xref>). Otra de las clasificaciones vinculadas a Podemos fue la de «partido-movimiento» (<xref ref-type="bibr" rid="B4">Alvarado Espina et al., 2020</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B54">Martín, 2015</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B20">Della Porta et al., 2017</xref>) o la de «partido digital» (<xref ref-type="bibr" rid="B31">Gerbaudo, 2019</xref>). Un matiz interesante lo introdujo Franzé (<xref ref-type="bibr" rid="B27">2017</xref>) referente a la caracterización populista y el eje discursivo pueblo-élite (<xref ref-type="bibr" rid="B84">Sola y Rendueles, 2017</xref>), sumándole la dimensión antagonismo-agonismo. Esto es, la relación de enemistad con el orden político y su impugnación y la segunda relación adversarial y regeneración del orden, siendo la primera característica del primer año y la transformación a una concepción agonista que caracterizaría a Podemos desde enero de 2015 en adelante (<xref ref-type="bibr" rid="B27">Franzé, 2017</xref>). </p>
        <p>La irrupción de Podemos en la izquierda alternativa al PSOE, en suma, implicó la apertura de un ciclo nuevo en el entramado de los partidos progresistas de nivel estatal y por ende se sitúa aquí el punto de referencia. Fue una emergencia inesperada, incluido para los propios actores (<xref ref-type="bibr" rid="B85">Subirats, 2015</xref>). Se ubicó la aparición de Podemos como un momento de efervescencia de simpatizantes y militantes, logrando en sus primeros años superar los cuatrocientos mil inscritos y llegando a más de quinientos mil (<xref ref-type="bibr" rid="B52">Manetto, 2016</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B77">Rodríguez-Teruel et al., 2016</xref>). Esto se podía dar por la ausencia de costes de entrada por la libre inscripción que caracterizó al partido. </p>
        <p>En lo referente a la creación del partido, se han destacado caracteres como la alta formación académica y su vinculación a la Universidad Complutense de Madrid, precisamente su núcleo madrileño, la vinculación a IU y otros partidos de izquierda o el asesoramiento a partidos latinoamericanos (<xref ref-type="bibr" rid="B75">Rodon y Hierro, 2016</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B77">Rodríguez-Teruel et al., 2016</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B3">Alcántara y Rivas, 2019</xref>). En esta fase inicial, como se pudo observar en el manifiesto fundacional <italic>Mover ficha: convertir la indignación en cambio político </italic>(<xref ref-type="bibr" rid="B59">2014</xref>), se produjo una reunión entre participantes y simpatizantes de movimientos sociales y organizaciones políticas de izquierda (<xref ref-type="bibr" rid="B75">Rodon y Hierro, 2016</xref>). </p>
        <p>Un elemento prioritario para el análisis fue la conformación de los círculos, que consistían en el órgano de base que desde enero de 2014 Podemos estableció para la canalización del entusiasmo y desborde de apoyos que caracterizó este momento de arranque. Inicialmente, destacaba por su aperturismo y autonomía, su posibilidad de militancias múltiples, un carácter ciudadanista. Conforme a la concepción de Iglesias (<xref ref-type="bibr" rid="B42">2014</xref>), un círculo era un grupo abierto de ciudadanos que agrupaba distintas sensibilidades y promovía la unidad y la convergencia en su territorio, centro de trabajo o estudio.</p>
        <p>Una vez producido el desborde, principalmente a partir de mayo de 2014, Rodríguez-Teruel <italic>et al. </italic>(<xref ref-type="bibr" rid="B77">2016</xref>) señalaban la existencia de más de doscientos círculos; también se apuntaba a 422 círculos formados en junio de 2014, territoriales y sectoriales (<xref ref-type="bibr" rid="B74">Ríos, 2014</xref>). El rol de los círculos fue uno de los debates fundamentales de la Asamblea Fundacional de Podemos, que tuvo lugar entre septiembre y noviembre de 2014, una disputa que se dio entre las dos candidaturas: ¡Claro que Podemos! (documento del grupo promotor: Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, Íñigo Errejón, Carolina Bescansa y Luis Alegre), y Sumamos Podemos (Teresa Rodríguez y Pablo Echenique).</p>
        <p>Desde la perspectiva del rol de la militancia en la organización, el debate sobre los círculos y los inscritos marcó el inicio de Podemos, a lo que se sumaron los debates sobre la proporcionalidad de la pluralidad interna en los órganos de partido o las formas de participación y fórmulas de elección. Esta pluralidad de visiones fue objeto de disputa entre candidaturas, pero también entre los propios círculos o entre liderazgos y bases (<xref ref-type="bibr" rid="B74">Ríos, 2014</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B54">Martín, 2015</xref>). Finalmente, se optó por un modelo que privilegió la participación abierta de todos los inscritos virtuales en los órganos de dirección y en las candidaturas electorales (<xref ref-type="bibr" rid="B73">Rendueles y Sola, 2019</xref>), modelo que se reprodujo en otros ámbitos territoriales. En este sentido, Rodríguez-Teruel <italic>et al. </italic>(<xref ref-type="bibr" rid="B77">2016</xref>) argumentaron que las estructuras territoriales y sectoriales creadas en la primera asamblea distorsionaron el papel de los círculos. Esta sería la tendencia que luego profundizó Podemos, apostando también por consultas a todos sus inscritos desde la dirección.</p>
        <p>Ahora, debe atenderse que era un modelo organizativo que respondía a una estrategia del grupo fundador que se denominó «maquinaria de guerra electoral» (<xref ref-type="bibr" rid="B35">González Cacheda y Vázquez Refojos, 2020</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B73">Rendueles y Sola, 2019</xref>). Por ello, Gerbaudo (<xref ref-type="bibr" rid="B31">2019</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B32">2021</xref>) apuntó a una función ratificadora de las decisiones y una escasa participación en el proceso, clasificándolo como una forma de «democracia reactiva» plebiscitaria. Moreno Pestaña (<xref ref-type="bibr" rid="B58">2017</xref>), por su parte, argumentó cómo este método de participación habría limitado otras fórmulas de democracia interna y posibilidades organizativas, o Rendueles y Sola (<xref ref-type="bibr" rid="B73">2019</xref>) que contrapusieron el mismo carácter plebiscitario frente a un modelo deliberativo. Incluso, hay visiones como las de González Cacheda y Vázquez Refojos (<xref ref-type="bibr" rid="B35">2020</xref>) que observaron en la evolución de Podemos una cierta cartelización. </p>
        <p>También se sostuvo, especialmente en los primeros años, las innovaciones democráticas y la democratización organizativa que supuso Podemos. Sea en aspectos como la participación directa, la rendición de cuentas organizativa o la facilidad de inscripción, o una visión optimista sobre la participación de los círculos de Podemos, lo que supuso una combinación virtuosa entre modelo asambleario y fuerte liderazgo mediático (<xref ref-type="bibr" rid="B77">Rodríguez-Teruel et al., 2016</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B85">Subirats, 2015</xref>). A lo que se sumó los altos niveles de participación en las primarias y consultas.</p>
        <p>Otro de los elementos de interés y que marcó la evolución del partido fueron la diversidad de corrientes que dieron forma a los primeros años de Podemos. Se dividió entre el sector vinculado al secretario general y principal liderazgo del partido, Pablo Iglesias; el sector vinculado a Íñigo Errejón, número dos de Podemos; por último, la corriente vinculada al partido Izquierda Anticapitalista (IA). Esta fue la gran disputa que definió la experiencia Podemos, entre el «pablismo» y el «errejonismo» (<xref ref-type="bibr" rid="B27">Franzé, 2017</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B73">Rendueles y Sola, 2019</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B67">Pascual, 2022</xref>).</p>
        <p>Precisamente, la asamblea fundacional vino marcada por la alianza pablismo-errejonismo en oposición principalmente al sector anticapitalista<xref ref-type="fn" rid="F6"/>. Mientras que la segunda Asamblea Ciudadana, Vistalegre II, supuso el enfrentamiento entre las dos corrientes principales: el pablismo (Podemos para todas) se impuso al errejonismo (Podemos en movimiento) en los principales documentos en los que se dio la disputa y en la composición del Consejo Ciudadano. En los órganos ejecutivos vinculados al Consejo de Coordinación y las secretarías, que correspondía a la elección de la Secretaría General, se optó por una mayoría no proporcional del pablismo (<xref ref-type="bibr" rid="B22">EFE, 2017</xref>).</p>
        <p>La organización interna, de tal manera, destacó por un reparto no proporcional acorde a los apoyos militantes en los órganos ejecutivos, relativamente matizado en el Consejo Ciudadano y que se agravaba con la centralidad de funciones de la Secretaría General. Considerando algunos de los caracteres descritos en lo referente a la organización, toma de decisiones, gestión de las corrientes internas o modalidad de participación, se realizó una caracterización de Podemos como una organización de carácter vertical (<xref ref-type="bibr" rid="B54">Martín, 2015</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B45">Kioupkiolis y Seoane Pérez, 2019</xref>). Un apunte interesante fue el de Sola y Rendueles (<xref ref-type="bibr" rid="B84">2017</xref>), como combinación ambivalente entre procedimientos de participación directos e inclusivos y el fortalecimiento de los liderazgos.</p>
        <p>Especialmente, a partir de Vistalegre II, Podemos no logró mantener la pluralidad de corrientes internas, acabando por describir la experiencia por una primacía por la salida a la hora de enfrentar la divergencia fruto de la pluralidad. Recorrió un período que llegó hasta, al menos, las últimas elecciones generales de 2023, en el que las principales corrientes y multitud de figuras abandonaron de manera continuada el partido. Es especialmente destacado el abandono de Íñigo Errejón en 2019, cuya corriente formó el partido Más Madrid, que posteriormente tuvo su referente estatal en Más País. La otra de las corrientes fundacionales, Anticapitalistas (antes IA), que habían llegado a algunos acuerdos con el pablismo en el contexto de la disputa con el errejonismo, también optaron por escindirse oficialmente en 2020 con la entrada de UP en el Gobierno de España.</p>
        <p>La cuestión territorial ha sido uno de los puntos destacados a la hora de analizar Podemos, tratándose de un partido de fundación madrileña que logra obtener la victoria en votos en las elecciones generales en Cataluña y País Vasco. Lo hizo en 2015-2016 con un sistema de coaliciones variables en algunos territorios, presentándose en Cataluña como En Comú Podem, en Galicia como Podemos-En Marea-Anova-EU (En Marea, luego Galicia en Común) y en Valencia como Compromís-Podemos (És el Moment). Junto a la política de pactos con partidos de ámbito electoral autonómico, el abordaje del problema de la descentralización es uno de los elementos de tensión fundamentales en Podemos en su organización interna (<xref ref-type="bibr" rid="B35">González Cacheda y Vázquez Refojos, 2020</xref>). Los problemas de gestión e integración de la diversidad fueron de una matriz similar en lo territorial en la experiencia Podemos y se acabó optando por una priorización de la salida ante la divergencia y percepción de declive.</p>
        <p>Para analizar la cuestión de la relación del espacio de la izquierda más allá del PSOE y los movimientos sociales, se debe tener en cuenta que Podemos vino caracterizado como un partido que aglutinó el voto protesta o de los indignados fruto de la crisis de 2008 y la politización de sus efectos a través de movimientos sociales tales como el 15M, las mareas, las marchas de la dignidad, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), etc. Se puede hablar de un ciclo de acción colectiva en los años previos a la irrupción de Podemos (<xref ref-type="bibr" rid="B10">Calvo y Álvarez, 2015</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B73">Rendueles y Sola, 2019</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B19">Copello, 2024</xref>). </p>
        <p>La relación entre Podemos y los movimientos sociales, en especial su relación con el 15M, fue uno de los puntos de mayor relevancia y fricción para los propios movimientos, miembros del partido o la propia literatura académica. Más cuando estos movimientos propugnaban la reforma de los partidos vía formas de democracia participativa. Se ha advertido una relación no institucionalizada y de tensión (<xref ref-type="bibr" rid="B54">Martín, 2015</xref>), pero de «continuidades analíticas y biográficas que permiten ver a Podemos como la incorporación política de un sector del movimiento 15-M» (<xref ref-type="bibr" rid="B10">Calvo y Álvarez, 2015: 120</xref>). Se subrayaron factores como la continuada referencialidad discursiva desde el partido a los movimientos o por la propia trayectoria militante de una parte importante de los liderazgos y de las bases militantes del partido (<xref ref-type="bibr" rid="B54">Martín, 2015</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B10">Calvo y Álvarez, 2015</xref>). </p>
        <p>Un segundo momento destacado de la relación con los movimientos sociales fue el de la fuerte emergencia del movimiento feminista desde 2017 hasta la pandemia, y en la que el 8 de marzo de 2018 y 2019 fueron los principales hitos. En este período, UP inició un giro hacia el feminismo, con la incorporación de demandas de los movimientos, un cambio en la modalidad discursiva o la feminización de sus liderazgos, en el que la percepción del espacio como feminista ha sido el mayor del arco parlamentario (<xref ref-type="bibr" rid="B47">Larionova y Demkina, 2020</xref>). Aspecto que cobró especial significancia con la designación de Irene Montero como ministra de Igualdad en el primer Gobierno de coalición PSOE-UP y la centralidad mediático-política que adquirió con la agenda legislativa de dicho ministerio (ley trans, ley del aborto y ley del solo sí es sí).</p>
        <p>En estas relaciones con la organización no partidista de la sociedad civil, un factor para tener en cuenta era la debilidad del sindicalismo español y la desconfianza hacia los mismos en los años de la crisis económica (<xref ref-type="bibr" rid="B20">Della Porta et al., 2017</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B73">Rendueles y Sola, 2019</xref>). Los sindicatos mayoritarios contaban con reconocimiento institucional, aun cuando los niveles de sindicalización se hallaban por debajo de la media de la OCDE (<xref ref-type="bibr" rid="B63">2014</xref>). Su largo estancamiento vinculado a la desindustrialización y la precariedad, su apuesta por la «paz social» y el carácter «movimentista-espontaneísta» de la acción colectiva llevaron a una escasa capacidad sindical de politización y articulación de los descontentos vinculados a los efectos de la crisis de 2008 (<xref ref-type="bibr" rid="B73">Rendueles y Sola, 2019</xref>). Asimismo, se puede apuntar a factores más generales, como la vinculación de los partidos digitales a la retórica participacionista, de difícil compatibilidad con la estructura organizativa e institucionalización del sindicalismo mayoritario (<xref ref-type="bibr" rid="B30">Gerbaudo, 2017</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B31">2019</xref>).</p>
      </sec>
      <sec>
        <label>2.</label>
        <title>Reconstrucción organizativa en la experiencia sumar</title>
        <p>La entrada de Unidas Podemos en el Gobierno de España implicó la emergencia de nuevas figuras, cuyo caso más relevante es el de Yolanda Díaz. Su nombramiento como ministra de Trabajo le sirvió a Díaz para crear un perfil propio. De esta forma, Pablo Iglesias, en el anuncio de su abandono de la Vicepresidencia Segunda del Gobierno, nombró a Díaz como su sucesora en el liderazgo de este espacio de la izquierda alternativa.</p>
        <p>Desde ese momento, Yolanda Díaz se enfocó en construir un proyecto que fuese más allá de las siglas de Podemos e IU, un «frente amplio» que recabase los apoyos de las distintas organizaciones de izquierda más allá del PSOE. El denominado «proceso de escucha» fue el primer paso que tomó en esta construcción de un proyecto de unidad que luego acabó materializándose en Sumar. Si bien la candidatura de Sumar se había pensado como un proyecto más en el largo plazo (<xref ref-type="bibr" rid="B78">Romero, 2021</xref>), la convocatoria de unas elecciones generales anticipadas para el 23 de julio de 2023 aceleró los plazos que se habían previsto en un principio.</p>
        <p>La conformación de Sumar de cara a estas elecciones se realizó en unos términos apresurados (<xref ref-type="bibr" rid="B16">Chouza, 2023a</xref>), aunque finalmente dieciséis partidos aceptaron concurrir de manera conjunta. Podemos, IU, los Comuns, Compromís o Más Madrid fueron algunas de las formaciones que concurrieron en esta coalición electoral. Así, el 23 de julio obtuvieron 31 escaños, siete diputados menos que en las anteriores elecciones. Pese a ello, con los resultados que se dieron y previa negociación con los partidos soberanistas, el bloque de la izquierda podía revalidar el Gobierno de España. La pregunta que quedaba por resolver en el espacio de la izquierda alternativa era si Sumar iba a ser capaz de generar elementos de coordinación entre las diferentes formaciones que le permitiera ir más allá de una mera coalición electoral (<xref ref-type="bibr" rid="B33">Gil, 2023</xref>).</p>
        <p>El equipo de Yolanda Díaz, previo a las elecciones, había registrado su propio partido político llamado Movimiento Sumar, lo que le permitía negociar mejor el reparto de las listas de las 52 circunscripciones electorales con el resto de partidos que componían la coalición. Una vez se aseguró el acuerdo de coalición gubernamental con el PSOE y la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno de España, se dio inicio al proceso relativo a la forma que adoptaría Sumar.</p>
        <p>La <italic>Ponencia organizativa de Sumar </italic>(<xref ref-type="bibr" rid="B86">2024a</xref>) daba un lugar protagónico en las estructuras a aquellos miembros provenientes del propio Sumar. La Asamblea General, máximo órgano de gobierno y representación, se encargaría de gestionar la organización interna de Sumar, por lo que se dirigiría a aquellas personas que tuviesen un compromiso con el partido a través del abono de cuotas al igual que los militantes de otras organizaciones partidarias que a su vez hiciesen una aportación económica a Sumar. Entre asambleas generales, el máximo órgano sería el Grupo de Coordinación, que se compondría por 80 miembros de Sumar, 37 representantes de los partidos adheridos al proyecto y puntualmente otros 4 miembros de Sumar elegidos por sorteo para cada sesión deliberativa. Los otros dos órganos restantes serían el Grupo Ejecutivo (dirección y gestión ordinaria de la organización) y la Coordinación General (portavocía general y máximo representante de Sumar), cuyos integrantes serían elegidos del Grupo de Coordinación (<xref ref-type="bibr" rid="B86">Sumar, 2024a</xref>).</p>
        <p>Sumar entonces aspiraba a «articular un movimiento popular amplio, plural y arraigado en la sociedad que aglutine organizaciones políticas, personas y colectivos» (<xref ref-type="bibr" rid="B86">Sumar, 2024a: 7</xref>). La I Asamblea fue un primer paso de cara a la constitución de este proyecto. En ella, se constituyó el Grupo de Coordinación referido a la parte de los miembros de Sumar, por lo que 76 puestos fueron para Sumar Avanza, la candidatura de Díaz, y los cuatro restantes para Sumar Baleares. También se ratificó la <italic>Ponencia política, </italic>la <italic>Organizativa </italic>y el <italic>Código ético. </italic>Sin embargo, esta primera asamblea estuvo marcada por una baja participación. De los 70 000 inscritos en total de Sumar, la asamblea contaba con un censo específico de 14 196 personas registradas, aunque acabaron participando en las votaciones 8179 (<xref ref-type="bibr" rid="B23">EFE, 2024</xref>).</p>
        <p>Con ello, las fuerzas que decidieron involucrarse en Sumar fueron IU, Catalunya en Comú, Más Madrid, Verdes Equo, Contigo Navarra-Zurekin Nafarroa e Iniciativa del Pueblo Andaluz (<xref ref-type="bibr" rid="B86">Sumar, 2024a</xref>). En el caso de Compromís, pese a estar dentro del grupo parlamentario de Sumar en el Congreso y haber compartido una misma candidatura para las elecciones al Parlamento Europeo, rechazó integrarse a la estructura orgánica de Sumar. La coalición valencianista defendió la existencia de «relaciones bilaterales» con Sumar. Igualmente, Chunta Aragonesista, Més per Mallorca y Drago Canarias abogaron por una cooperación electoral con el proyecto de Yolanda Díaz, manteniéndose como fuerzas políticas autónomas (<xref ref-type="bibr" rid="B25">Europa Press, 2024a</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B24">El Periódico de Aragón, 2024</xref>).</p>
        <p>La cuestión territorial, como quedó claro en el apartado anterior, es un elemento central para comprender la política de España. La plurinacionalidad del Estado español penetra con mayor o menor grado en las estructuras de las distintas fuerzas políticas (<xref ref-type="bibr" rid="B38">Gray, 2020</xref>). Así pues, la construcción de Sumar como proyecto se ha encontrado atravesado por esta cuestión al convivir partidos de alcance nacional y otro de alcance regional. Referente a las organizaciones de ámbito nacional en Sumar, se podría identificar: aquellos cuadros que representan concretamente a Sumar, aparte de IU y Verdes Equo. Mientras, habría que señalar como formaciones de implantación autonómica las siguientes: Catalunya en Comú, Más Madrid, Contigo Navarra-Zurekin Nafarroa e Iniciativa del Pueblo Andaluz.</p>
        <p>La <italic>Ponencia organizativa de Sumar </italic>(<xref ref-type="bibr" rid="B86">2024a</xref>), en este sentido, reconocía la búsqueda de un modelo organizacional federal plurinacional. Aceptando la complejidad por la variedad de particularidades en las distintas partes del Estado, este documento planteaba en principio la conformación de grupos territoriales, tanto autonómicos como provinciales, a fin de consolidar la marca Sumar en los territorios. Se compondrían de un 70 % de personas inscritas en Sumar y un 30 % de personas pertenecientes a partidos políticos integrados en el proyecto. Estos grupos representarían una fase previa al establecimiento de las correspondientes asambleas territoriales, cuyo diseño emergería de la Asamblea Constituyente. Pese a esto, no dejaba de ser un planteamiento problemático debido a que algunas fuerzas de carácter autonómico del espacio como Más Madrid o Catalunya en Comú exigieron disponer de autonomía propia en sus respectivos territorios ante el temor de que Sumar quisiera implantar su propia organización territorial (<xref ref-type="bibr" rid="B64">Ortiz, 2024</xref>).</p>
        <p>Referente a la militancia de este proyecto, ha apostado por Amigas de Sumar, que representaría la parte del «movimiento» del partido, que daría espacio a los miembros y los inscritos de Sumar para que pudiesen desarrollar actividades orientadas a la cohesión y el sentido de pertenencia en el proyecto. Habría distintas modalidades (locales, profesionales o estudiantiles, operativos y temáticos) en tales grupos de acción (<xref ref-type="bibr" rid="B86">Sumar, 2024a</xref>)<xref ref-type="fn" rid="F7"/>. Asimismo, desde Sumar permitirían la doble militancia, por lo que aplicarían una cuota especial, más reducida, a aquellos integrantes afiliados a su vez en otras fuerzas políticas (<xref ref-type="bibr" rid="B26">Europa Press, 2024b</xref>).</p>
        <p>En las relaciones de Sumar con los actores sociales, habría que señalar dos aspectos. Por un lado, Yolanda Díaz estrechó lazos con el sindicalismo. Ser la titular de la cartera de Trabajo ha significado un fortalecimiento del diálogo social, especialmente con Comisiones Obreras (<xref ref-type="bibr" rid="B9">Cabanillas, 2023</xref>). Por otro lado, este proyecto ha contemplado los grupos sectoriales, proyectados como órganos para tender puentes con entidades, asociaciones, colectivos y otros agentes sociales (<xref ref-type="bibr" rid="B86">Sumar, 2024a</xref>).</p>
        <p>En líneas generales, no se puede realizar un análisis exhaustivo de la experiencia Sumar debido a su corta vida. Asimismo, se ha de destacar que la dimisión de Yolanda Díaz como líder orgánica de Sumar tras las elecciones europeas de 2024 ha reorientado el rumbo trazado en la I Asamblea, por lo que finalmente no se realizó la Asamblea Constituyente de otoño de 2024, en la que se preveía establecer unas normas de funcionamiento comunes y la participación íntegra de los partidos políticos adheridos al proyecto (<xref ref-type="bibr" rid="B86">Sumar, 2024a</xref>).</p>
        <p>En la medida que ya no es evidente que el espacio de la izquierda que va más allá del PSOE camine hacia el «horizonte Sumar», el sector cercano a Díaz ha optado por recuperar el nombre de Movimiento Sumar para mostrarse como un partido más, diferenciado de la coalición Sumar. Por consiguiente, en marzo de 2025 se celebró Asamblea Estatal de Movimiento Sumar con el fin de terminar de concretar la constitución política de dicha formación (<xref ref-type="bibr" rid="B87">Sumar, 2024b</xref>).</p>
      </sec>
    </sec>
    <sec>
      <label>VI.</label>
      <title>DISCUSIÓN COMPARATIVA DE LAS EXPERIENCIAS</title>
      <p>El espacio de la izquierda que va más allá del PSOE en España tuvo su momento de irrupción como orientación mayoritaria con Podemos, ese campo político que logró ser tercera fuerza y modificó algunas coordenadas fundamentales de la política en España. Sin embargo, el contexto es otro: el bipartidismo busca su restauración mediante un «bibloquismo», y pone al resto de partidos ante el reto de construir una organización que permita proyectarse en el tiempo. En el caso de dicho espacio, hoy su lugar de enunciación está claramente atravesado por el momento institucional, de gobierno, a la vez que debe hacerse cargo de los efectos del ciclo 2014-2024. Considerando la diversidad de experiencias de gobierno de las organizaciones progresistas en América Latina, el último momento del espacio de la izquierda alternativa, enmarcado en el proyecto Sumar, lleva a tener como horizonte la idea de Frente Amplio, esto es, la trayectoria de más de cincuenta años que dispone el Frente Amplio de Uruguay.</p>
      <sec>
        <title>1. Militancia</title>
        <p>Uno de los grandes aprendizajes que la literatura muestra de la trayectoria del FA es que la creación y la reproducción de militancia es la mayor garantía para que una organización política se construya con pilares sólidos, cuente con una base de apoyo y crítica en el momento de gobierno, y a su vez disponga de capacidad de reacción ante la pérdida del mismo. Los comités de base son la referencia de organización militante del FA y uno de sus elementos diferenciales, logra capilarizar la organización por todo el territorio y rutinizar la acción militante en sus sedes. La militancia frenteamplista viene caracterizada por su autonomía y percepción de eficacia motivada por el rol decisivo de sus representantes en los principales órganos del partido. Esto fue gracias a una etapa fundacional muy particular de protagonismo militante y una posterior institucionalización que generó un «efecto cerrojo» frente a las tentaciones de los liderazgos partidistas. </p>
        <p>La izquierda más allá del PSOE en España tuvo su momento de desborde militante en 2014-2015 con la irrupción de Podemos. En sus inicios, Podemos habitó la tensión entre un modelo organizativo <italic>top-down </italic>y otro más <italic>bottom-up, </italic>entre la maquinaria de guerra electoral fundada en el fuerte liderazgo de la Secretaría General y un rol de ratificación del conjunto de los inscritos virtuales y una tipología con más sincronía <italic>movimentista </italic>dadas las experiencias organizativas del ciclo 15-M. Los círculos fueron lo más cercano a la posibilidad de un «horizonte Comités de Base». Su relevancia organizacional fue un eje fundamental de disputa en los propios círculos o en las propuestas fundamentales de las diversas corrientes en las asambleas ciudadanas. En definitiva, en la experiencia organizativa de Podemos no se conformó una estructura militante que lograra dotar de autonomía, percepción de eficacia y voz a los círculos. </p>
        <p>Para Sumar, su momento fundacional en cuanto a la búsqueda de su potencial base de simpatizantes y militantes fue el proceso de escucha. Así, ha tratado de fijar posibles formas de organización militante, entre las que destaca la iniciativa Amigas de Sumar. Aun cuando la breve experiencia de Sumar no ha logrado una base militante propia ni dotar de una estructura organizativa precisa, se le añade que en la conformación de los órganos ejecutivos la militancia y simpatizantes ha vuelto a tener un rol de ratificación de la propuesta elaborada por el principal liderazgo. Por ello, se concluye que reproduce las problemáticas de la fase previa.</p>
      </sec>
      <sec>
        <label>2.</label>
        <title>Organización interna</title>
        <p>Otro aspecto a señalar de la experiencia del FA ha sido su habilidad para gestionar la diversidad a nivel interno. La mencionada fraccionalización ha permitido la coexistencia de una diversidad de corrientes. La unidad no se pone en peligro en tanto se produce un constante cambio en la correlación de fuerzas interna y donde el ganador no se lo lleva todo. En la parte de las fracciones, es donde se da la disputa del acceso a los cargos y recursos institucionales. Además de los altos costes que entraña salir del Frente, el permitir la doble militancia interna tanto en los cuadros políticos como en las bases ha sido una forma de reconocer esa diversidad. En cambio, las corrientes que se percibieron desde un principio en el caso de Podemos no acabaron de institucionalizarse en la estructura interna y esa pluralidad se fue desintegrando paulatinamente, convirtiéndose la salida como el canal a través del que se mostraba el disenso.</p>
        <p>Por su parte, el nacimiento de Sumar llevaba entre sus retos articular un proyecto en el que se integrase el amplio número de fuerzas políticas que concurrieron unidas a las elecciones generales de 2023. Es decir, ir más allá de una coalición electoral y al mismo tiempo evitar la fusión de todas las organizaciones conformantes en un mismo partido. Unido al abandono de algunas formaciones y otras que optaron solo por una relación bilateral, la <italic>Ponencia organizativa </italic>elaborada por <xref ref-type="bibr" rid="B86">Sumar (2024</xref>) planteaba un proyecto común en el que aquellos miembros vinculados con el sector de Yolanda Díaz iban a acaparar la mayoría de puestos de la dirección y no permitía la existencia de una relación de mayor igualdad con aquellas fuerzas que sí optaron adherirse. Esto lleva a pensar que las reglas planteadas reducían la capacidad de voz de los miembros que no formaban parte del núcleo de Sumar.</p>
        <p>El FA muestra que para contar con vocación de permanencia se necesitan reglas claras que permitan autonomía y percepción de eficacia en aquellas estructuras orientadas a la vocación de poder e igualmente en los dispositivos de la militancia, que se enfocan en la construcción de la organización desde abajo. Reconocer que las tareas del movimiento son diferentes a las de la coalición, pero eso no significa que sean menos importantes, ya que en los momentos de decisión disponen de un papel protagónico.</p>
        <p>En España, el espacio político analizado ha tenido importantes continuidades en lo que respecta a la organización interna, aun produciéndose esa transición en la conducción entre Podemos y Sumar. Entonces no se puede pensar ambos proyectos acaecidos en el ciclo 2014-2024 sin quienes fueron sus líderes. El fuerte liderazgo fundacional, Pablo Iglesias, y el heredado, Yolanda Díaz, que continuaba ciertas lógicas, no lograban construir institucionalidad partidista con capacidad de incorporar la pluralidad de tradiciones, ideologías y territorios constitutivos del espacio. No existían expectativas de futuro para los disidentes. El desacuerdo se convertía en la construcción de nuevas organizaciones y un progresivo achicamiento de lo que permanecía, sin espacios para la deliberación crítica ni el reparto de recursos para la diversidad.</p>
        <p>Asimismo, los diferentes mecanismos digitales que introdujo Podemos al principio del ciclo supusieron una innovación política en el ámbito partidista español. El objetivo era democratizar la organización para no caer en la oligarquización que apuntaba Michels (<xref ref-type="bibr" rid="B55">2001</xref>) y diferenciarse así de los partidos que habían dominado la escena política hasta el momento. Los resultados de este objetivo, no obstante, se han de matizar en la medida que se vio una deriva hacia un modelo plebiscitario. En tanto, hay otros instrumentos que se han de destacar al mantenerse algunos de ellos también con Sumar: los microcréditos, los inscritos, las listas abiertas, y, sobre todo en Podemos, la numerosa participación en sus consultas.</p>
      </sec>
      <sec>
        <label>3.</label>
        <title>Relaciones con los actores sociales</title>
        <p>Respecto a los vínculos con las organizaciones no partidistas de la sociedad civil, el FA ha estado atravesado por sus convergencias con el movimiento sindical. La acción del sindicalismo se vio fortalecida desde la propia acción gubernamental. En una visión conjunta de su relación con los movimientos sociales, se ha mantenido una relación estable de inclusión de demandas en la agenda gubernamental y dotación de canales de voz al movimiento social, no por ello ausente de tensiones. Son destacables las sinergias producidas por la doble militancia externa movimiento social-partido. </p>
        <p>Podemos, por su parte, nació apelando a los movimientos sociales vinculados a la politización de los efectos de la crisis de 2008, especialmente el 15-M, los cuales estaban dominados por formas de participación normalmente vinculadas al discurso de la democracia directa. Podemos fue el actor partidista que vehiculó tanto las demandas asociadas a los efectos de la crisis como las vías de democratización y transparencia en el ámbito partidista e institucional. Las similitudes y diferencias entre actor partidista y movimiento han sido un eje de debate entre los propios actores y en la literatura académica, las trayectorias compartidas de sus liderazgos y militancias, las interpelaciones en los discursos o la convergencia de demandas hablan de una relación profunda e inestable, teniendo en cuenta los destacados niveles de movilización pero la debilidad organizativa de los movimientos sociales en España (<xref ref-type="bibr" rid="B73">Rendueles y Sola, 2019</xref>). En fases más cercanas, hubo una tendencia similar al respecto del feminismo en el período 2018-2019. En tanto, en la experiencia Sumar hubo un giro laborista, vía el Ministerio de Trabajo que ocupa Yolanda Díaz, y que no se dio en la fase Podemos dada la desconfianza social hacia el sindicalismo y la debilidad de los mismos.</p>
        <table-wrap position="anchor" id="T01" orientation="portrait">
          <label>Tabla 1. </label>
          <caption>
            <title><italic>Comparación de las tres experiencias partidistas</italic>
            </title>
          </caption>
          <table content-type="middle">
            <thead>
              <tr>
                <th colspan="1" rowspan="2"/>
                <th colspan="1" rowspan="1">
                  <bold>Uruguay</bold>
                </th>
                <th colspan="2" rowspan="1">
                  <bold>España</bold>
                </th>
              </tr>
              <tr>
                <th colspan="1" rowspan="1">
                  <bold>Frente Amplio</bold>
                </th>
                <th colspan="1" rowspan="1">
                  <bold>Podemos</bold>
                  <break/>
                  <bold>(2014-2021)</bold>
                </th>
                <th colspan="1" rowspan="1">
                  <bold>Sumar</bold>
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                  <bold>(2021-2024)</bold>
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              </tr>
            </thead>
            <tbody>
              <tr>
                <td colspan="1" rowspan="1">Militancia</td>
                <td colspan="1" rowspan="1">Comités de base<break/>Doble militancia interna</td>
                <td colspan="1" rowspan="1">De los círculos a una estructura digital no autónoma</td>
                <td colspan="1" rowspan="1">Rol de ratificación</td>
              </tr>
              <tr>
                <td colspan="1" rowspan="1">Organización interna</td>
                <td colspan="1" rowspan="1">Fraccionalización<break/>Reglas claras: voz y lealtad</td>
                <td colspan="1" rowspan="1">Corrientes no institucionalizadas<break/>Disenso = Salida<break/>Liderazgo fuerte</td>
                <td colspan="1" rowspan="1">Acaparado por el sector de Yolanda Díaz<break/>Liderazgo fuerte</td>
              </tr>
              <tr>
                <td colspan="1" rowspan="1">Relaciones con los actores sociales</td>
                <td colspan="1" rowspan="1">Doble militancia externa<break/>Relación estable de inclusión de demandas</td>
                <td colspan="1" rowspan="1">Relaciones intermitentes con los movimientos sociales</td>
                <td colspan="1" rowspan="1">Giro laborista</td>
              </tr>
              <tr>
                <td colspan="1" rowspan="1">Aspectos diferenciales</td>
                <td colspan="1" rowspan="1">Fuerte participación desde abajo en sus inicios</td>
                <td colspan="1" rowspan="1">Surgimiento a partir de un momento destituyente</td>
                <td colspan="1" rowspan="1">Construcción desde el gobierno</td>
              </tr>
            </tbody>
          </table>
          <attrib><italic>Fuente: </italic>elaboración propia.</attrib>
        </table-wrap>
      </sec>
    </sec>
    <sec>
      <label>VII.</label>
      <title>CONCLUSIÓN</title>
      <p>El Frente Amplio muestra una capacidad de capilarización organizativa y atracción de voto en todo el territorio, aun disponiendo de una mayor preponderancia en Montevideo (<xref ref-type="bibr" rid="B46">Lanzaro, 2016</xref>). Hay retos organizativos en este gran clivaje de Uruguay (capital-interior), si bien, en comparación, los desafíos territoriales son de una mayor complejidad organizativa en el caso del espacio de la izquierda más allá del PSOE en España. Podemos nació con base madrileña, pese a que logró ser muy competitivo en los territorios históricos. Desde sus primeras elecciones municipales, autonómicas y generales realizó una variable política de alianzas para establecer coaliciones en diversos territorios. Esta tendencia se ha visto profundizada en la experiencia Sumar, que desde un punto de vista coalicional ha incluido a partidos de base autonómica, los cuales se han mostrado reacios a partidos estatales que busquen implantación en sus territorios y han mantenido diversas posiciones en su integración en un proyecto de base estatal. La búsqueda de vías organizativas que logren compatibilizar integración y mantenimiento de la diversidad, más allá de la fórmula electoral de partidos de base autonómica y otros estatales, es uno de los retos diferenciales y fundamentales de este espacio.</p>
      <p>De igual forma, por delante el espacio de la izquierda alternativa tiene el desafío de lograr ser competitivo en los diferentes territorios del país, en especial en aquellas regiones como País Vasco, Cataluña y Galicia en las que compite con fuerzas nacionalistas de izquierda que cuentan con sus propios proyectos. En términos nacionales, también enfrenta a un PSOE que está haciendo valer su posición de socio mayor de la coalición de Gobierno. Ante un panorama marcado por el bibloquismo que lideran las dos formaciones tradicionales del bipartidismo (<xref ref-type="bibr" rid="B76">Rodríguez-Teruel, 2023</xref>), el PSOE de Pedro Sánchez va recuperando la centralidad, lo que dificulta el estatus de ese espacio que se sitúa a su izquierda y que se encuentra en plena reconfiguración interna.</p>
      <p>Se sitúa la condición institucional como lugar de enfrentamiento de los retos fundamentales. En concreto, se vislumbra como objetivo prioritario del espacio la reconstrucción organizativa desde una posición institucional en la que se cuenta con una vicepresidencia y ministerios en el Gobierno, con los peligros de oligarquización que apuntaba Michels (<xref ref-type="bibr" rid="B55">2001</xref>) y la cartelización partidista (<xref ref-type="bibr" rid="B43">Katz y Mair, 1995</xref>) en el horizonte. A lo que se suma la siempre posible burocratización y excesiva dependencia institucional, así como el desdibujamiento ideológico que suele aparejar este momento. No sin contradicciones e impurezas, estas son precisamente algunas de las enseñanzas de la experiencia del FA, que además es identificada como una organización vibrante (<xref ref-type="bibr" rid="B79">Rosenblatt, 2018</xref>). Por ello, sobresale en la trayectoria del FA: por una parte, la capacidad de reproducción de militancia para revolverse frente a la ley de hierro y la cartelización a la vez que se mantiene identidad ideológica; y, por otra, una militancia autónoma y con autopercepción de eficacia, permitida por una institucionalidad partidista que le asegura la capacidad para tener voz en el partido. Estos son factores que cobraron especial relevancia en momentos de derrota, militancia para levantarse y mostrar una vocación de permanencia en el tiempo.</p>
      <p>Al contrario, en el ciclo analizado en la izquierda española, la noción de partido y las acciones políticas vinculadas al mismo se han situado en un campo de significación negativa. Lo que no puede desvincularse de los discursos políticos fundadores del ciclo asociados al 15M —o inmediato post 15M—. Esto se ha podido visualizar en las dimensiones organizativas de las diversas etapas del período, donde la introducción de reglas y procedimientos formales de funcionamiento interno y la distribución de espacios de reparto de poder son vistas como propias de un ámbito institucionalista de la política que no debe transitarse. Si en un primer momento la estrategia de avance electoral sin reglas formales efectivas ni contrapesos se justificó desde la necesidad del asalto en el ámbito electoral, en el final del ciclo vino por el lado de la necesidad de escucha a la sociedad civil, compartiendo la asociación de la organización partidista a la vieja política —o a lo sumo se infravalora—, y por tanto, siempre es una tarea postergable.</p>
      <p>Se incompatibiliza así, en el diagnóstico de la etapa Sumar, la escucha ciudadana con la necesidad de estructura partidaria, en el cual se puede rastrear una separación entre lo social y lo político, o la concepción de una política en dos tiempos, como define Aboy Carlés (<xref ref-type="bibr" rid="B1">2001</xref>). Del lado de lo social, como primer tiempo de la política, quedaría la ciudadanía, los movimientos sociales, como espacio positivo de generación política. Del otro lado, como segundo tiempo de la política, quedaría lo institucional, solo válido en cuanto escucha y necesidad de cercanía a lo social, y lo partidista como su reverso negativo. La reproducción de la desconfianza hacia lo partidista muestra un «fetichismo movimentista» que incapacita para la propia construcción organizativa, pero paradójicamente dificulta la relación con los otros campos de enunciación política, incluidos los movimientos sociales, al socavar su propia legitimidad. Mientras, como contraste, una acción política partidista que se valora a sí misma cuenta con capacidad de creación política y relación porosa y naturalizada con otros lugares de enunciación política.</p>
      <p>En el presente artículo, se ha trazado un contexto en el que el espacio de la izquierda más allá del PSOE ante la pregunta de su porvenir debe interiorizar una vocación de permanencia en el tiempo. El reto está en una asunción de que dicha vocación sea compatible con la centralidad política que ha caracterizado un ciclo que se abrió en una primavera europea de 2014, que sacudió el sistema político en su conjunto y que se cierra en otras elecciones europeas, que otorgan un lugar más humilde a este espacio. Es decir, nuevos retos y contextos, experiencias y potenciales aprendizajes, que nos hablan de cambios de ciclo. Nuevos tiempos para un espacio que conserva la mirada latinoamericana. Una mirada atenta que fue puesta en Bolivia, Venezuela o Ecuador. Una mirada que hoy también observa a México, Chile o Colombia. Pero si quiere asumir una vocación de permanencia, tiene un posible horizonte en el único partido orgánico de masas institucionalizado de izquierda de América Latina, el Frente Amplio uruguayo (<xref ref-type="bibr" rid="B49">Levitsky y Roberts, 2011</xref>; Pérez Bentancur et al., 2022).</p>
    </sec>
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    <fn-group>
      <fn id="F1">
        <p> Investigador que cuenta con financiación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (Gobierno de España) para la Formación del Profesorado Universitario.</p>
      </fn>
      <fn id="F2">
        <p> Para profundizar en esta cuestión: González-Flores y Cerro (2025).</p>
      </fn>
      <fn id="F3">
        <p> Dentro de la izquierda partidista institucionalizada en América Latina, el FA estaría más próximo al partido orgánico de masas, según Levitsky y Roberts (<xref ref-type="bibr" rid="B49">2011</xref>). El orgánico de masas es aquel que mantiene fuertes ramas locales, una militancia de base activa y vínculos sociales estrechos con sindicatos y otras organizaciones sociales.</p>
      </fn>
      <fn id="F4">
        <p> El Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros (MLN-T) fue un grupo guerrillero surgido en los años sesenta en Uruguay, pero en el año 1972 su estructura fue desmantelada y sus principales dirigentes fueron encarcelados. Unos meses después, en 1973, se impondría un régimen autoritario que duraría hasta 1985. Muchos de los tupamaros que sobrevivieron al período dictatorial no se reincorporarían a la militancia guerrillera, por lo que optaron por una estrategia política diferente. Se buscó el ingreso en el FA y en 1989 fueron admitidos, creando entonces el MPP. Con el tiempo, fueron moderando su discurso y sus posiciones. Esa adaptación partidaria tuvo su punto más álgido cuando José Mujica, integrante del extinto MLN-T y candidato del FA, fue elegido presidente de Uruguay en octubre de 2009 (<xref ref-type="bibr" rid="B28">Garcé, 2011</xref>).</p>
      </fn>
      <fn id="F5">
        <p> En una línea similar, Porta Caballé (<xref ref-type="bibr" rid="B70">2024</xref>) utiliza la denominación «movimiento populista».</p>
      </fn>
      <fn id="F6">
        <p> Se aclara que es una simplificación, ya que en el momento fundacional no siempre estaban claras estas fronteras y posteriormente Podemos no se ha caracterizado por una evidente institucionalización de las corrientes.</p>
      </fn>
      <fn id="F7">
        <p> La conformación de un grupo de acción representaría una condición necesaria para ser Amiga de Sumar. Así pues, Sumar recoge la idea de los grupos de acción de La Francia Insumisa (LFI), que fueron diseñados como pequeñas células informales, parecidos a los utilizados por varios movimientos de acción directa (<xref ref-type="bibr" rid="B31">Gerbaudo, 2019</xref>). De acuerdo con el estudio de Cervera-Marzal (<xref ref-type="bibr" rid="B12">2021</xref>) en torno a LFI, estas unidades de base han estado principalmente orientadas a la acción y al apoyo en los momentos de elecciones, si bien el potente rol que desempeñaron en las presidenciales de 2017 no se ha visto en los posteriores comicios. Del mismo modo, dado que Jean-Luc Mélenchon entiende LFI como una «formación gaseosa», no se ha buscado que los mencionados grupos de acción sean espacios donde tenga un mayor peso la deliberación y el debate, y tampoco han sido pensados para que la propia organización se implante territorialmente (<xref ref-type="bibr" rid="B12">Cervera-Marzal, 2021</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B13">2024</xref>).</p>
      </fn>
    </fn-group>
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          <article-title>Apoyo de Mario Bergara a Yamandú Orsi: hay un «costo-beneficio», coinciden politólogos</article-title>
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          <year>2013</year>
          <article-title>Competencia interna y adaptación partidaria en el Frente Amplio de Uruguay</article-title>
          <source>Perfiles Latinoamericanos</source>
          <volume>21</volume>
          <issue>41</issue>
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          <pub-id pub-id-type="doi">10.18504/pl2141-071-2013</pub-id>
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