RESUMEN
El artículo pretende contribuir a la literatura sobre el impacto del populismo en la política exterior mediante un análisis del discurso y actuación internacional de dos movimientos populistas italianos, el Movimento Cinque Stelle y Fratelli d’Italia, entre 2012 y 2024. Utiliza un método cualitativo basado en el análisis de discurso y de documentos. Mediante un proceso de codificación manual analiza una amplia variedad de fuentes como discursos parlamentarios, programas electorales, documentos gubernamentales, acciones legislativas y declaraciones en medios de comunicación de los líderes y representantes de ambos movimientos. En línea con los principales interrogantes e hipótesis extraídos de la literatura sobre populismo y política exterior, el objetivo es hallar posibles diferencias y similitudes en los discursos y actuaciones de política exterior de ambos movimientos y averiguar si su presencia, tanto en la oposición como en el Gobierno, ha supuesto un cambio en la política exterior llevada a cabo por Gobiernos italianos precedentes y regidos por partidos no populistas.
Palabras clave: Populismo; política exterior; teoría de la política internacional; Movimento Cinque Stelle; Fratelli d’Italia.
ABSTRACT
The article aims to contribute to the literature on the impact of populism on foreign policy through an analysis of the discourse and international performance of two Italian populist movements, the Movimento Cinque Stelle and Fratelli d’Italia between 2012 and 2024. It uses a qualitative method based on discourse and document analysis. Through a manual coding process, it analyzes a wide variety of sources, such as parliamentary speeches, electoral programs, government documents, legislative actions, and statements in the media by the leaders and representatives of both movements. In line with the main questions and hypotheses extracted from the literature on populism and foreign policy, the goal is to find possible differences and similarities in the foreign policy discourses and actions of both movements and to find out if their presence, both in the opposition and in the government, has meant a change in the foreign policy of previous Italian governments led by non-populist parties.
Keywords: Populism; foreign policy; International Political Theory; Movimento Cinque Stelle; Fratelli d’Italia.
En la última década, ha habido un creciente interés de la teoría de las relaciones internacionales por el populismo. La razón principal es la estrecha conexión entre los discursos populistas y la percepción social de crisis relacionada con fenómenos globales, como las migraciones o la integración económica (Krastev y Leonard, 2024). Varios movimientos populistas ven en la política exterior el lugar al que trasladar su visión del choque entre pueblo y élites (Wajner y Giurlando, 2024). Politizando la política exterior, aspiran a una representación particularmente expresiva de los agravios populares (Wojczewski, 2023; Wajner, 2022), movilizando la opinión pública alrededor del objetivo de recuperar soberanía (Destradi et al., 2022).
La reciente literatura sobre populismo y política exterior ha producido dos interrogantes principales. El primero concierne la existencia o la no existencia de unos rasgos comunes a las políticas exteriores de los populismos. Por un lado, algunos han observado «similitudes entre agendas populistas, independientemente de su ubicación» o ideología (Holliday, 2020: 15; Dodson y Dorraj, 2008). En política exterior, el populismo sería un «fenómeno autónomo dotado de una lógica propria» (Chryssogelos, 2018: 6) que postula que «la soberanía popular puede verdaderamente realizarse solo dentro de la jurisdicción del Estado» (ibid.: 11). Por el otro, a pesar de ciertas similitudes, «las variaciones en las preferencias de política exterior de los diferentes populismos solo se pueden entender a través de la ideología específica por la que [...] decidan abogar» (Verbeek y Zaslove, 2017: 384). Más allá de una crítica compartida a los fenómenos globales que debilitan la soberanía nacional, y, en algunos casos, a un intento similar de personalizar el manejo de la política exterior (Destradi y Plagemann, 2019), los populistas terminarían persiguiendo objetivos internacionales basados en «caminos ideológicos diferentes» (Wehner y Thies, 2020: 15; Stengel et al., 2019: 366).
El segundo interrogante tiene que ver con la capacidad o la no capacidad del populismo de ser un elemento de discontinuidad en las políticas exteriores de sus países. Según la mayoría, más allá de su capacidad de «distorsionar, simplificar y polarizar los debates» (Balfour, 2016: 14), su impacto en la política exterior sería limitado. Los populismos tendrían que lidiar con unos intereses nacionales proporcionados por una serie de incentivos y obstáculos internacionales que dependen de la posición de sus países en la economía mundial o del tipo de aliados y enemigos de los que disponen y que, por lo tanto, limitarían su margen de maniobra (Verbeek y Zaslove, 2023: 9-11). Distintos intereses nacionales impedirían una efectiva colaboración entre populistas de diferentes países, inhibiendo aún más su impacto internacional (Wajner y Giurlando, 2024: 36-38). En cambio, según otros, los populismos tendrían el potencial de disminuir la cooperación internacional, mediante una convergencia programática finalizada a frenar, o incluso sustituir, los procesos de integración con un mero intercambio transaccional entre Estados (Guth y Nelsen, 2021: 459-60).
Para contribuir a la literatura sobre estos dos interrogantes, se comparan los discursos y actuaciones de política exterior de dos movimientos populistas italianos, el Movimento Cinque Stelle (M5S) y Fratelli d’Italia (FdI), acerca de dos cuestiones internacionales: la integración económica y la gestión de las migraciones. Como país caracterizado, a lo largo de las últimas tres décadas, por una profunda percepción de múltiples crisis, algunas de las cuales relacionadas con la globalización y la integración europea (Calossi y Viviani, 2022), Italia es un caso de estudio privilegiado para entender el impacto del populismo en la política exterior.
El análisis identifica más diferencias que similitudes en sus respectivas propuestas internacionales, debido a sus diferentes contenidos ideológicos. Al mismo tiempo, sus actuaciones de política exterior no permiten hallar discontinuidades significativas respecto a la política exterior de Gobiernos italianos precedentes y regidos por movimientos no populistas.
La literatura politológica sobre el populismo en Italia suele basarse en definiciones ampliamente aceptadas de antipolítica, entendida como una «modalidad de lenguaje utilizada por líderes, partidos y movimientos que se oponen al establishment político denunciando su incapacidad y/o mala fe» (Campus, 2006: 9) y de populismo, entendida como aquella «ideología delgada» que «concibe la sociedad dividida, en el fondo, entre dos grupos antagónicos y homogéneos, un pueblo “puro” y una “elite corrupta” y que defiende que la política debería ser expresión de una voluntad general del pueblo» (Mudde, 2004: 543). Según la literatura, ninguno de los dos conceptos sería exclusivo de una ideología particular, sino que su presencia podría detectarse en proyectos políticos distintos (Mastropaolo, 2005).
A partir de aquí, la literatura parece tener pocas dudas sobre la definición del M5S (Garzia, 2019; Ceccarini y Bordignon, 2016; Corbetta, 2013; Lanzone et al. 2017; Tarchi, 2018) y de FdI (Vampa, 2023; Tarchi, 2023; Garzia, 2023) como populistas. Esto no significa que el M5S y FdI sean los únicos movimientos que hayan avanzado un discurso populista sobre la política exterior o que sean los únicos movimientos populistas que hayan tenido capacidad de influir el manejo de la política exterior de Italia. Como «tierra prometida del populismo» (Tarchi, 2018), Italia presenta también otros casos de movimientos populistas: algunos de tendencia liberal-conservadora, capaces de ser mayoritarios y de llegar a dominar las coaliciones de centroderecha a lo largo de casi dos décadas, como Forza Italia (FI) de Silvio Berlusconi; otros caracterizados por tendencias, a la vez, etnorregionalistas y nacionalistas de derecha radical, como la Lega Nord (LN), más recientemente renombrada La Lega, casi siempre socio minoritario, pero influyente, en Gobiernos de centroderecha y, en un caso, socio minoritario en un Gobierno con el M5S; finalmente, otros más inclinados a la izquierda, como Italia dei Valori (IDV), socio minoritario en algunos Gobiernos de centroizquierda.
En el caso de FI, mientras que caben pocas dudas de que su líder y fundador pueda ser identificado como populista (Mudde y Rovira Kaltwasser, 2017; Tarchi, 2008: 92-96), menos claro es que FI pueda ser clasificado como partido populista tout court. En muchos momentos se ha caracterizado como un movimiento de centroderecha liberal-conservador, más que populista, incluyendo en sus posiciones de mando actores «procedentes de los antiguos partidos centristas» disueltos con el fin de la Primera República, a finales de los años ochenta (Tarchi, 2008: 92). Además, FI ha sido socio mayoritario de todas las coaliciones de centroderecha, desde 1994 hasta 2018, ininterrumpidamente afiliado, desde su fundación en 1994 hasta la actualidad, al Partido Popular Europeo (PPE), que agrupa los partidos de centroderecha europeos. Finalmente, a partir de 2011, FI apoyó, aunque a regañadientes, junto a la centroizquierda, el Gobierno encargado de implementar las medidas de austeridad de la UE y luego a los Gobiernos de unidad nacional hasta las elecciones de 2018 (Calossi y Viviani, 2022: 42).
En cambio, la Lega es más claramente definible como un caso de movimiento populista de derecha radical. Sin embargo, mientras que sobre su etnopopulismo (Bull, 2015; Bull y Gilbert, 2001; Diamanti, 1997) y sobre el impacto de sus tendencias de derecha radical en sus posiciones internacionales (Albertazzi y Vampa, 2021; Albertazzi et al., 2018; Ignazi, 2005) existe una extensa literatura, mucho menos estudiado es el caso de FdI, debido a su más reciente fundación.
Finalmente, tanto la Lega como otros movimientos populistas de izquierda, como IDV, han sido casi siempre socios minoritarios dentro de coaliciones de centroderecha y de centroizquierda, sin posiciones relevantes en la gestión de la política exterior. La única excepción sería el Gobierno entre M5S y Lega en el que el ministro de Interior y líder de la Lega, Matteo Salvini, pudo ejercer un papel relevante en el perseguimiento de una política migratoria restrictiva. Sin embargo, la experiencia de ese Gobierno también ha sido analizada por una amplia literatura (Coticchia, 2021; Baldini y Giglioli, 2020; Garzia 2019; Chiaramonte et al. 2018).
Aplicados a la política exterior, elementos antipolíticos y populistas pueden ser detectados en proyectos internacionales de movimientos de distintas ideologías. Pese a las diferencias, hay una tendencia común a los populismos a representar la política internacional como el resultado de un choque difícilmente conciliable entre intereses nacionales y compromisos internacionales (Emanuele et al., 2022) o como un acuerdo entre elites nacionales y supranacionales para mermar la soberanía nacional (Giurlando et al., 2024).
Debido a su impacto en el ejercicio de la soberanía estatal y a las consecuentes preocupaciones sociales que pueden provocar en términos de percepciones de pérdida de control (Zürn et al., 2012: 71), tanto la integración económica europea como las migraciones ayudan a entender las visiones de los dos movimientos populistas elegidos sobre la política exterior. Además, el análisis de dos movimientos populistas distintos permite hallar posibles similitudes y diferencias entre sus propuestas de política exterior. Finalmente, al haber estado tanto en la oposición como en el Gobierno, su comparación permite detectar si sus discursos y actuaciones presentan continuidades o discontinuidades respecto a las políticas exteriores de Gobiernos anteriores regidos por movimientos no populistas. En este sentido, los casos de los movimientos políticos y de las cuestiones internacionales elegidas resultan relevantes para el objetivo de dar respuesta a los dos interrogantes extraídos de la literatura sobre populismo y política exterior.
En esta línea, basándose en los dos interrogantes extraídos de la literatura sobre populismo y política exterior, este estudio pretende responder las siguientes preguntas de investigación:
—¿Cuáles son las similitudes y diferencias entre los discursos y actuaciones de política exterior de FdI y el del M5S? ¿Hay más similitudes o diferencias?
—¿Han determinado los discursos y actuaciones de M5S y FdI una modificación de las políticas exteriores llevadas a cabo por los anteriores Gobiernos italianos sucesivos a la Guerra Fría y regidos por partidos no populistas?
El estudio se basa en un análisis cualitativo de una amplia variedad de fuentes primarias: discursos parlamentarios, decisiones gubernamentales, programas electorales y declaraciones en medios de comunicación de líderes y representantes. El periodo considerado, de 2012 a 2024, permite estudiar los discursos y actuaciones de ambos movimientos tanto desde la oposición como desde el Gobierno. Se utiliza la técnica de la codificación manual, finalizada a detectar temas recurrentes en los discursos y actuaciones. Después de organizar las fuentes en unidades de análisis, se han clasificado mediante la asignación de códigos. A través de la detección de los códigos más recurrentes de cada área temática, se han encontrado «las categorías más destacadas» (Saldaña, 2013: 213), a partir de las cuales se ha reconstruido la visión de política exterior de ambos movimientos en relación con las cuestiones internacionales elegidas.
La crisis política empezada en Italia en 1992, y caracterizada por una oleada de escándalos de corrupción que llevaron a la desaparición de los partidos tradicionales, difundió en la sociedad un resentimiento antipolítico del que se aprovecharon movimientos como la LN o líderes como Berlusconi (Orsina, 2019). Tales sentimientos se vieron reforzados por una ralentización económica, a menudo relacionada con los procesos de desindustrialización favorecidos por la globalización, y por el impacto de las migraciones (Tarchi, 2008: 86-9). Sin embargo, hasta 2011, las dos principales coaliciones que se alternaron en el poder consiguieron moderar los impulsos populistas de sus componentes más radicales.
Los Gobiernos de centroizquierda (1996-2001, 2006-2008) y los de centroderecha (1994-1995, 2001-2006, 2008-2011) presentaron algunas diferencias en la manera de concebir la integración económica europea y las migraciones. Los primeros fueron tendencialmente más europeístas (Quaglia y Radaelli, 2007) y más dispuestos a facilitar la llegada de trabajadores extranjeros para resolver las necesidades laborales de una sociedad con una tendencia demográfica negativa (Echeverria y Finotelli, 2024: 3; Abbondanza y Bailo, 2017), mientras que los segundos fueron más euroescépticos (Della Sala, 2006) y más restrictivos en términos de controles fronterizos y concesión de permisos de residencia. Estas diferencias se debieron, sobre todo, a la presencia en la coalición de centroderecha de un partido, la LN, euroescéptico y conservador en materia migratoria, minoritario, pero decisivo a nivel de apoyo parlamentario (Echeverria y Finotelli, 2024: 3; Finotelli y Sciortino, 2009).
Sin embargo, según una mayoría de analistas, tales diferencias se mantuvieron, sobre todo, a nivel discursivo, mientras que en términos de actuaciones se hallarían más continuidades que discontinuidades en la política exterior de ambas coaliciones (Testoni, 2020).
En cuanto a la integración económica europea, la prioridad de ambas fue el intento de compaginar la defensa de los intereses nacionales con la necesidad de avanzar en el proceso, buscando en la UE soluciones para resolver los problemas financieros y de crecimiento de la economía italiana (Brighi, 2011; Quaglia, 2005: 288-291). Además, pese a algunas diferencias de discurso —la LN más euroescéptica y proteccionista que los demás partidos—, las políticas comerciales europeas, centradas en el fortalecimiento del mercado común, fueron apoyadas por la mayoría de los integrantes de ambas coaliciones (Caselli et al., 2021; Felsen, 2018: 368-369). En gestión de las migraciones también serían visibles varias similitudes. Pese a unas diferencias en términos de discurso y de algunas acciones concretas llevadas a cabo por la centroderecha, por ejemplo, la tipificación de la migración irregular como un delito (Colombo y Sciortino, 2002) o la limitación del acceso a los puertos italianos a las embarcaciones de las ONG dedicadas a socorrer barcos de migrantes (Cusumano y Gombeer, 2020), ambas coaliciones persiguieron políticas tendencialmente restrictivas (Abbondanza, 2023: 28; Cetin, 2015). En definitiva, desde el comienzo de los años noventa, las pulsiones soberanistas no estuvieron ausentes del debate sobre la política exterior italiana. Sin embargo, hasta 2009 estuvieron relegadas a las franjas más radicales de la centroderecha (Varsori, 2023).
Este sustancial consenso en política exterior fue aún más claro en correspondencia de situaciones de crisis. Sobre todo a partir de 2011, las dos coaliciones recurrieron a la formación de Gobiernos tecnócratas o de gran coalición, apoyados por partidos ideológicamente distintos, muchas veces repletos de técnicos no elegidos y no procedentes de ningún partido político, sino de sectores como la Administración pública, la universidad o el sector privado (Castaldo y Verzichelli, 2023). Tales Gobiernos buscaron soluciones despolitizadas y bipartidistas a los problemas relacionados con la integración global y europea.
Esto fue el caso del Gobierno presidido por Mario Monti, entre 2011 y 2013, o de los Gobiernos de gran coalición que se dieron entre 2013 y 2018, apoyados en el Parlamento por la mayoría de los partidos, tanto de centroizquierda como de centroderecha. Tales Gobiernos se encargaron de asumir el riesgo político, de cara a la opinión pública, de implementar las impopulares medidas de austeridad económica recomendadas por la UE (Stolfi, 2013). Además, mantuvieron el compromiso hacia una política comercial abierta, oponiéndose al «creciente sentimiento proteccionista estadounidense», por ejemplo, durante las negociaciones sobre el Transatlantic Trade and Investment Partnership (TTIP) entre UE y EE. UU., fracasado por la oposición del presidente Donald Trump (Felsen, 2017: 368-369). Finalmente, continuaron en la línea de políticas migratorias sustancialmente restrictivas (Abbondanza, 2023), facilitadas por una opinión pública mayoritariamente preocupada por el fenómeno (ISPI, 2017: 159-169; ISPI, 2018: 246-248).
Pero es precisamente a partir de aquella experiencia de crisis cuando se intensificó en la opinión pública una percepción de pérdida de soberanía nacional. Esto aumentó el resentimiento tanto hacia las dos coaliciones, cuya suma de sus votos pasó del 90 % entre 1994 y 2008 a menos del 50 % en 2013 (Tronconi, 2018: 166), como hacia la UE (CIRCAP/LAPS y IAI, 2013: 10-19). Esto contribuyó a difundir pulsiones soberanistas finalizadas a una repatriación de competencias desde la UE hacia Italia (Basile y Borri, 2022: 368) y favoreció la creciente politización de cuestiones internacionales como la globalización económica, el comercio y las migraciones (Caiani y Padoan, 2021).
El M5S se fundó en 2005 como movimiento regeneracionista de una clase política acusada de incompetente y corrupta (Betti y Rico, 2020). En las elecciones generales de 2013 consiguió el 25 % de los votos, obligando los principales partidos de centroderecha y centroizquierda a crear un Gobierno de gran coalición. En la oposición, el M5S se dedicó a politizar los agravios sociales causados por las políticas de austeridad de la UE. En las elecciones generales de 2018 resultó el primer partido, con el 32 % de los votos. Aprovechando la crisis de un sistema político que pasó de ser bipolar y centrado en la alternancia entre dos coaliciones a tripolar (Pasquino, 2020) y el consecuente surgimiento de impredecibles alianzas poselectorales (Emanuele y Chiaramonte, 2020), negoció la formación de un Gobierno soberanista (Garzia, 2019) con la LN.
Después de muchos desacuerdos sobre políticas presupuestarias, en verano de 2019 la LN retiró su apoyo al Gobierno. Sin embargo, el M5S consiguió elegir otro Gobierno, presidido por el mismo primer ministro Giuseppe Conte, pero, esta vez, apoyado por el partido europeísta de centroizquierda, Partito Democrático (PD). Por un lado, esto evidenciaba la capacidad de un movimiento posideológico, «ni de derecha, ni de izquierda» y «del lado de los ciudadanos» (Blog M5S, 2011), para negociar Gobiernos con partidos ideológicamente distintos. Por el otro, favoreció la imagen de un movimiento indefinido y dividido entre franjas más conservadoras y progresistas.
La dificultad para consensuar la difícil gestión de la crisis pandémica llevó a unas divisiones entre M5S y PD que provocaron la caída del segundo Gobierno Conte. En febrero de 2021, el presidente de la República decidió encargar a Mario Draghi, expresidente del Banco Central Europeo (BCE), la formación de un nuevo Gobierno tecnócrata, con el objetivo de gestionar el Plan de Recuperación de la UE, apoyado por todos los partidos, incluyendo M5S y LN, pero no por FdI. Los desacuerdos en una mayoría parlamentaria tan fragmentada llevaron también al colapso del Gobierno Draghi. En las elecciones generales anticipadas de 2022, el M5S obtuvo el 15 %, perdiendo así más de la mitad de sus votos, sobre todo, a favor de partidos de derecha radical, como la LN y FdI (Jones, 2023: 8), pero reteniendo la mayoría de sus electores de corte progresista (Genovese y Vassallo, 2023: 131-132).
Abandonado por sus sectores más conservadores y euroescépticos, el M5S empezó la búsqueda de una nueva identidad, caracterizada, sin embargo, por unos conflictos internos entre su líder, Conte, y su fundador, Beppe Grillo sobre cuestiones de organización interna, que en la actualidad no están del todo resueltas (Conte, 2024). En las elecciones europeas de 2024 confirmó estas dificultades, consiguiendo menos del 10 % de los votos.
Desde sus comienzos, el M5S fue particularmente critico de aspectos de la globalización, como la libertad de movimiento de capitales, señalando, por ejemplo, aquellas empresas italianas que «trasladan su producción en el exterior» (Grillo, 2010). Por esto, desde la oposición, el M5S avanzó una propuesta económica proteccionista y euroescéptica, centrada en «el consumo nacional interno» y en la crítica al mercado común europeo, que, en su afán liberalizador, impondría a los Estados miembros decisiones irracionales, como la importación de productos de los que disponen en abundancia (M5S, 2014: 6).
Esto se acompañaba a un discurso nacional-populista, según el cual Italia no debería dar por hecho el respeto de los compromisos europeos en materia presupuestaria (Blog M5S, 2013a). Con tal de proteger los italianos frente a la «finanza especulativa», cualquier opción era posible, incluso el retorno a una «soberanía garantizada por una moneda nacional» (Grillo et al., 2013).
Esto no significa que las posiciones del M5S en materia europea fuesen siempre coherentes. Incluso en la oposición, el M5S jugó un papel ambiguo frente a las instituciones europeas, muy crítico de sus políticas, pero indeciso respecto a la necesidad de seguir perteneciendo o no a la UE. Tales ambigüedades reflejaban el hecho de que sus propios electores se mostraban divididos sobre la cuestión (CIRCAP/LAPS y IAI, 2013). La falta de una línea clara fue aún más evidente después de las elecciones europeas de 2014. Inicialmente, los eurodiputados del M5S intentaron negociar su adhesión al grupo de los Verdes en el Europarlamento (Grillo, 2014). Fracasada la negociación con este grupo, intentaron negociar la entrada en el grupo Alianza de los Liberales y Demócratas Europeos (ALDE). Sin embargo, después del rechazo de ALDE (ALDE, 2014), el M5S se decantó, mediante un discutido voto online entre los inscritos, por el euroescéptico Europa de la Libertad y de la Democracia Directa, del que formaban parte personalidades como Nigel Farage. Pese a esto, durante la legislatura, sus eurodiputados votaron muchas veces a favor de medidas propuestas por los Verdes o la Izquierda Europea, obviando el hecho de pertenecer a otro grupo político (Salvati, 2018).
Sin embargo, la desafección de una opinión pública cada vez menos favorable a las políticas de austeridad y al cumplimiento de las reglas fiscales europeas (DISPOC/LAPS y IAI, 2017: 7) favorecieron la acumulación de consenso. En la campaña electoral de 2018, prometió, en un país ya altamente endeudado, generosas políticas redistributivas, si es necesario «mediante déficit» (M5S, 2018: 17). Además, se comprometió a boicotear, mediante «cláusulas de salvaguardia», tratados de libre comercio negociados por la Comisión Europea (CE), como el TTIP y el CETA, que sometiendo los «derechos sociales y medioambientales» al respecto de reglas puramente «financieras», constituyen una amenaza a la soberanía y bienestar de los países (M5S, 2018: 10-11).
La formación de un Gobierno con la LN prometió forzar «la revisión de las reglas sobre la gobernanza económica europea […] y los procedimientos de infracción» en caso de su violación. Según una lógica soberanista, Italia tenía derecho a llevar a cabo generosas medidas de gasto social (M5S y Lega, 2018: 33-34) y reducción de impuestos (M5S, 2018: 19), aunque esto significara no respetar los compromisos relacionados con la integración en la economía europea y mundial. Además, el acuerdo de Gobierno mencionaba el libre comercio como responsable de un dumping social y económico que «amenaza los intereses de la pequeña industria» (M5S, 2018: 54). Sin embargo, este discurso euroescéptico y proteccionista chocó con la determinación de una UE decidida a evitar violaciones de sus reglas. Esto obligó el Gobierno a renunciar a sus promesas de redistribución económica para evitar incurrir en un doloroso procedimiento de infracción (Conte 2019a), aumentando las tensiones entre los dos socios de Gobierno.
Mientras tanto, las ambigüedades del M5S volvieron a manifestarse con fuerza. Después de las elecciones europeas de 2019, sus eurodiputados fracasaron nuevamente a la hora de negociar su integración en los Verdes, a pesar del gran interés del M5S por las cuestiones medioambientales, luego en el grupo de la Izquierda Europea, que no toleraba la alianza del M5S con la LN en el Gobierno de Italia y, finalmente, en el grupo euroescéptico de los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR) (Wired, 2019). Frente a estos rechazos, el M5S se afilió a los no inscritos. Al comienzo de la legislatura, sus eurodiputados dieron otra muestra de ambigüedad ideológica, votando a favor de una europeísta como Ursula von der Leyen como nueva presidenta de la CE y resultando decisivos para su elección. Es posible que esta decisión reflejara la voluntad del M5S de romper una situación de aislamiento en las instituciones europeas, además de unas crecientes divergencias con el aliado de Gobierno de la LN (ISPI Online, 2019).
En este contexto, el M5S dio un giro ideológico a su acción exterior, formando un nuevo Gobierno, sin la LN, y apoyado por el europeísta PD. Esta maniobra lo mantuvo en el Gobierno, pero a costa de su discurso soberanista y euroescéptico. El acuerdo con el PD no renunciaba a prometer unas medidas económicas «expansivas», pero sin perjuicio por el «equilibrio de las finanzas públicas» y el respeto de los vínculos europeos (M5S y Partito Democrático, 2019: 1). Además, Conte definió el proteccionismo como «una respuesta no adecuada», prometiendo políticas comerciales consensuadas «con los demás países europeos» (Conte, 2019b). Enfrentándose a una dura situación pandémica y económica, el Gobierno solicitó a la UE «una flexibilidad presupuestaria en apoyo a nuestras familias y empresas», a través de «un espíritu […] de verdadera solidaridad» (Conte, 2020). El Plan de Recuperación concedido por la UE favoreció una notable mejora de la imagen de las instituciones europeas entre los electores del M5S (DISPOC/LAPS y IAI 2020a: 3). Esto contribuyó a que, a pesar de la caída del segundo Gobierno Conte, el M5S apoyara el sucesivo Gobierno tecnócrata del europeísta Draghi.
Antes de las elecciones generales de 2022, Conte se dedicó a consolidar el giro europeísta y no proteccionista del M5S. El programa electoral apuntaba ahora a la necesidad de reforzar una «economía europea social de mercado» (M5S, 2022: 9-10). Sin renunciar a denunciar algunos efectos adversos de la globalización, como «la deconstrucción de los sectores productivos tradicionales» (M5S, 2018: 138), el M5S proponía ahora un «comercio internacional libre e inclusivo», pidiendo que los acuerdos de libre comercio no olvidaran «proteger el medioambiente y los derechos» (M5S, 2018: 215). En la misma línea, el programa para las elecciones europeas de 2024 pedía una «economía al servicio de los ciudadanos», fundada en la construcción de un «presupuesto europeo federal más ambicioso» (M5S, 2024: 26) y la negociación en sede europea de unos acuerdos comerciales finalizados tanto a la «liberalización tarifaria» como a la «protección de los derechos […] del medioambiente y de los trabajadores.» La crítica a acuerdos que no preveían «sanciones en caso de violaciones de los compromisos medioambientales y de los derechos de los trabajadores» se enmarcaba ahora en una idea no proteccionista, centrada en un comercio «no basado en barreras y tarifas» (ibid.: 49).
Varios de los representantes del M5S elegidos a nivel local se mostraron inicialmente comprometidos con la «integración de los migrantes» (M5S, 2009: 15), considerados importantes «recursos que valorizar» (M5S, 2013: 41; M5S, 2012: 8). Sin embargo, la cuestión creó rápidamente muchas divisiones internas. Después de las elecciones de 2013, con el M5S todavía en la oposición, Grillo atacó a aquellos diputados del propio M5S que votaron, juntos a los partidos progresistas, la eliminación del delito de «indocumentación», aprobado por anteriores Gobiernos de centroderecha, argumentando que ese voto habría atraído futuras migraciones ilegales (Blog M5S, 2013b). Además, se opuso (Grillo, 2012) a los intentos de algunos diputados del M5S de corte progresista (Camera dei Deputati, 2015a) de instituir un derecho de ius soli, mientras que se alineó con aquellos diputados del M5S de corte conservador empeñados en denunciar las políticas de ayuda a los migrantes irregulares (Camera dei Deputati, 2015b).
El Gobierno con la LN de 2018 fue, en este sentido, una victoria para las franjas conservadoras del M5S. El acuerdo planteaba «el alejamiento inmediato del territorio nacional» por cualquier delito «cometido por solicitantes de asilo» (M5S y Lega, 2018: 27). Además, los miembros del M5S del Gobierno no se opusieron al restrictivo Decreto sobre Seguridad y Migraciones, impulsado por el ministro de Interior y líder de la LN Salvini (Gazzetta Ufficiale, 2018), y apoyaron la reducción de los fondos de cooperación destinados a la acogida de migrantes (Ministero Economía e Finanza, 2019). Sin embargo, representantes más progresistas del M5S, como el presidente de la Cámara de los Diputados, alabaron el principio de acogida, posicionándose en contra de varios miembros del Gobierno de su propio movimiento (Fico, 2018), o impulsaron medidas para garantizar el socorro de los migrantes en el mar (Di Maio, 2019).
Estas tendencias cogieron fuerza con la formación del nuevo Gobierno entre M5S y el progresista PD, cuyo primer ministro Conte prometió garantizar la acogida «de los que tienen derecho a quedarse» (Conte, 2019b). Además, la nueva mayoría reformó el «decreto seguridad» aprobado por el anterior Gobierno M5S-LN, flexibilizando varias de sus medidas restrictivas (Gazzetta Ufficiale, 2020), aunque las resistencias de los diputados más conservadores del M5S impidieron su completa abolición. Estos debates internos reflejaban divisiones existentes en su electorado, cuya mitad definía los migrantes «una amenaza» para los trabajadores italianos (DISPOC/LAPS y IAI, 2020b).
El giro ideológico impulsado por Conte hacia un perfil más progresista se evidenció en el programa electoral para las generales de 2022, en el que se afirmaba la necesidad de favorecer la «integración e inclusión social» de los migrantes (M5S, 2022: 57), aumentando los fondos nacionales y europeos necesarios (ibid.: 223; 236-237) y solicitando la institución entre los Estados miembros de la UE de unas cuotas «vinculantes y generalizadas» de migran- tes económicos (ibid.: 58). El programa para las europeas de 2024 profundizó en esta línea, proponiendo medidas libres de «enfoques ideológicos y simplistas» (M5S, 2024: 39), centradas en la mejora de las «vías de acceso legales» y en la lucha a las organizaciones criminales responsables de la trata. Tales medidas tendrían que ser acompañadas de proyectos de cooperación internacional dirigidos a resolver las causas profundas del fenómeno, incluyendo los «cambios climáticos y las catástrofes naturales» (ibid.: 39-1). En la oposición, el M5S atacó, junto a todos los partidos progresistas italianos, los planes de externalización de las migraciones a países terceros, avanzados por el Gobierno de FdI (Euractiv, 2024a).
Heredero de anteriores partidos de derecha, como el Movimento Sociale Italiano, marginado en la política italiana a lo largo de toda su historia (Tarchi, 2013; Ignazi, 2015) y Alleanza Nazionale, aliado crucial de los Gobiernos de centroderecha entre 1994 y 2011 (Pasquino, 2021; Ignazi, 2005), FdI se fundó en 2012, como movimiento de derecha radical, euroescéptico y nacional-populista. En las elecciones de 2013, obtuvo el 1,9 % de los votos, presentándose en coalición con la centroderecha de Berlusconi. En la oposición a todos los Gobiernos tecnócratas y de gran coalición que se dieron entre 2013 y 2022, FdI se benefició de la crisis de liderazgo de Berlusconi en la centroderecha (Raniolo, 2016), disputando a la LN el electorado euroescéptico y preocupado por las migraciones (Passareli y Tuorto, 2022). Esto le permitió encontrar su ubicación en el panorama de las derechas radicales y soberanistas europeas (Vampa, 2023: 71-73).
La estrategia de radicalización aumentó sus votos en las generales de 2018 (4 %) y en las europeas de 2019 (6,4 %). Siguiendo en la oposición, aprovechó tanto el descontento hacia la UE y la globalización como el desgaste electoral de la LN, que había formado un inestable Gobierno con el M5S. Finalmente, la pandemia proporcionó a FdI la oportunidad para desplegar una retórica euroescéptica y anticasta, dirigida, sobre todo, contra las medidas anti-COVID (Zanotti y Meléndez, 2023). Beneficiándose de su oposición también al Gobierno Draghi, apoyado en cambio por todos los partidos, incluida la LN, FdI terminó ganando la competición entre derechas (Bruno 2022: 170-181). En un contexto de creciente volatilidad y desafección del electorado (Bordignon et al., 2023; Chiaramonte et al., 2022), no solo rebasó electoralmente la LN, sino que recuperó aquellos votos populistas de derechas que, en años anteriores, habían beneficiado el M5S (Genovese y Vassallo, 2023: 131-2). En las elecciones generales de 2022 fue el partido más votado (26 %), pudiendo negociar desde una posición de fuerza un Gobierno junto a LN y FI, con su líder, Giorgia Meloni, como primera ministra. En las elecciones europeas de 2024 confirmó su hegemonía, siendo, otra vez, el partido más votado (29 %).
Presentando la UE como «burocrática y oligárquica» y contraria a «los intereses de los pueblos» (FdI, 2013), FdI propuso, desde la oposición, «la disolución consensuada […] de la eurozona», oponiendo a «la Europa de la finanza y de la oligarquía», «la Europa de los pueblos» (íd.). Sin embargo, además de propuestas soberanistas de este tipo, el programa para las elecciones europeas de 2014 pedía también la ayuda europea en materia fiscal mediante la transformación del BCE en un prestador de última instancia (FdI, 2014).
En temas comerciales, FdI se opuso a cualquier intento liberalizador avanzado por la UE considerado contrario a las exigencias de los sectores productivos italianos; por ejemplo, la directiva Bolkenstein, finalizada a garantizar la competencia entre empresas y profesionales europeos en las concesiones nacionales para la gestión de servicios públicos (Procaccini, 2020). Su proteccionismo fue evidente también en su estrenua defensa de la Política Agrícola Común de la UE, que, aunque imperfecta, se consideraba fundamental para «la protección de los productos italianos» (Procaccini, 2021a) y la «soberanía alimentaria» de Europa (Berlato, 2020).
Antes de las elecciones de 2018, abandonó la propuesta de disolver el euro, aunque postulando la transformación de la UE en un sistema de cooperación entre «Estados soberanos», sin cesiones relevantes de competencias (FdI, 2019: 1). Manteniendo su oposición a las políticas de austeridad, FdI pedía también que la Constitución Italiana fuese superior al derecho comunitario (FdI, 2018: 4). En línea con las posiciones de «euroescepticismo suave», típicas del grupo parlamentario del que formaba parte en el Europarlamento, ECR (Steven y Szczerbiak, 2022), FdI avanzó la propuesta de una «confederación europea de Estados soberanos», que sustituyera aquella «entidad supranacional gobernada por burócratas y tecnócratas no elegidos por nadie» (FdI, 2019: 1).
Sin embargo, este discurso seguía acompañado de peticiones para una mayor solidaridad europea. Por ejemplo, durante la negociación del Plan de Recuperación, FdI pidió que no fuera constituido de préstamos, sino únicamente de ayuda no rembolsable (De Bertoldi, 2020). Ante de las elecciones generales de 2022, continuó alternando estas dos facetas. Por un lado, reiteró su crítica a los vínculos fiscales europeos (Malan, 2021), lo cual reflejaba una opinión difusa entre sus electores (DISPOC/LAPS y IAI, 2020b). Por el otro, exigió a la UE un fondo contra las consecuencias económicas de la guerra en Ucrania (Rauti, 2022).
En materia de seguridad europea y transatlántica, desde la oposición, FdI y Meloni alternaron un firme apoyo a las misiones internacionales de la OTAN (Rauti, 2021; Malan, 2021b) y algunas críticas, por ejemplo, cuando Italia decidió desplegar, en 2016, tropas en Letonia, alegando que esta medida podría haber favorecido un «clima de Guerra Fría con Rusia» (Meloni, 2016). Sin embargo, se trató de críticas esporádicas, con frecuencia acompañadas de declaraciones filoatlantistas; por ejemplo, cuando Finlandia y Suecia declararon su voluntad de adherir a la OTAN (Lollobrigida, 2022; Betti, 2024).
Desde el Gobierno, FdI moderó ulteriormente su euroescepticismo y proteccionismo. Significativo, en este sentido, fue el nombramiento de Antonio Tajani, de FI, como nuevo ministro de Asuntos Exteriores. Representante de un partido de centroderecha, moderadamente europeísta, Tajani simbolizaba la voluntad de reducir la imagen euroescéptica del nuevo Gobierno. Sin embargo, Meloni no renunció del todo a una actitud confrontativa. Por ejemplo, confirmó la «plena adhesión de Italia al proceso de integración europea» (Centrodestra, 2022: 1), pero prometiendo, a la vez, una defensa enérgica de los intereses italianos en la UE, aunque en el pleno respeto de los compromisos europeos (Meloni, 2022a). En esta línea, el mercado común fue descrito como «conquista que defender», pero siempre y cuando «valorizara la economía nacional» (Fidanza, 2023a). Cuando la UE aumentó los fondos para la agricultura contenidos en el Plan de Recuperación, los representantes de FdI describieron la decisión como un efecto «de la mayor credibilidad» de un Gobierno que sabe «dictar la línea a nivel europeo», frente a la «subalternidad» a la UE de los anteriores Gobiernos italianos (De Carlo, 2022).
La estrategia de Meloni para reforzar la capacidad de Italia de defender sus intereses en la UE se alejó parcialmente del euroescepticismo de la época de la oposición. En cambio, se caracterizó por una intensa actividad diplomática con los principales representantes de los Gobiernos e instituciones europeas (Euractiv, 2023a), de cualquier inclinación ideológica (Euractiv, 2023b). Además, se alejó parcialmente de las pulsiones intergubernamentales de sus compañeros del grupo ECR en el Europarlamento, apoyando medidas más típicamente supranacionales, como remplazar la unanimidad con la mayoría cualificada en las votaciones del Consejo sobre política exterior o dotar al Europarlamento de la facultad de iniciativa legislativa (Euractiv, 2023c).
En definitiva, a pesar de no abandonar del todo sus posiciones euroescépticas, todavía evidentes en ocasiones como el voto conjunto con eurodiputados húngaros y polacos en contra de las críticas del Europarlamento a las políticas anti-LGTBI de Hungría (Euractiv 2023d), Meloni no renunció a buscar el apoyo de fuerzas moderadamente europeístas. El ejemplo principal fueron las frecuentes relaciones con el grupo de los Populares Europeos, desembocadas en iniciativas como el voto favorable de los eurodiputados de FdI a la presidenta del Europarlamento Roberta Metsola. Estas relaciones tenían como objetivo encontrar un entendimiento político con los populares en la gestión de las instituciones europeas. Sin embargo, este entendimiento nunca se concretó, llevando, en 2024, después de las elecciones europeas, a los eurodiputados de FdI a votar en contra del nuevo mandato de Ursula von der Leyen como presidenta de la Comisión (Euractiv, 2023e).
En una línea parecida, desde el Gobierno, Meloni eliminó cualquier ambigüedad en materia de relaciones transatlánticas, recordando a menudo que Italia es país fundador de la OTAN y que la defensa de Ucrania representa «la mejor manera de defender nuestro interés nacional» (Meloni, 2022b). Se trataba de posturas en clara contradicción con el pacifismo antibélico de M5S, el populismo simpatizante de Rusia de la Lega Nord y las relaciones amistosa entre el líder de FI, Berlusconi, y el presidente ruso Vladimir Putin (Betti, 2021). Como primera ministra, Meloni mostró siempre su firme apoyo al presidente ucraniano Volodimir Zelenski, con frecuentes visitas reciprocas en Kiev y Roma (Euractiv, 2023f; Betti, 2024).
A nivel comercial, FdI se presentó como el defensor de las «excelencias alimentarias» del Made in Italy, frente a un «globalismo» que quiere imponer «la dieta vegetariana» o «el vino aguado» (Stancanelli, 2021). En esta línea, definió el nutriscore, propuesto por la CE para certificar la calidad de los alimentos, «un favor a las multinacionales que hacen de la globalización y de la homologación de los productos», en contra de las especificidades alimentarias nacionales, «su único interés» (De Carlo, 2023).
La voluntad de proteger los sectores productivos nacionales se conectó a menudo con el rechazo de las normas globales y europeas en materia medioambiental por no privilegiar los intereses de trabajadores y empresas (Procaccini, 2021b). Por esto, FdI se opuso a iniciativas de la CE, como la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (Procaccini, 2022a) o la prohibición de los combustibles fósiles en el sector transporte (Fidanza, 2022). Muchas de las iniciativas relacionadas con el Pacto Verde europeo se describieron como el producto de una «tecno-burocracia green» que hay que «desactivar» (Fidanza, 2024), defendiendo los «intereses de los italianos» (Procaccini 2023a), ya que «la descarbonización al precio de la desindustrialización sería una tragedia» (Meloni, 2024a). Cuando organizaciones de agricultores europeos, a lo largo de 2023 y 2024, se movilizaron contra tales medidas, los representantes de FdI se pusieron decididamente de su lado, denunciando «esta ideología pseudoverde» que ha producido «reglamentos capaces de infligir heridas sangrientas al sector agroalimentario» (Procaccini, 2024).
Sin embargo, la actitud confrontativa hacia la UE se acompañó también de propuestas más constructivas, como la de «mejorar el Pacto de Estabilidad» (íd.), que, en cambio, desde la oposición, había sido criticado como el origen de todas las dificultades económicas de Italia. En los últimos meses de 2024, Meloni volvió a mostrar una alternancia de críticas y solicitudes de ayuda europea. Por ejemplo, relacionando materias fiscales y medioambientales, afirmó que «los ambiciosos objetivos de Europa tienen que ser soportados por inversiones y recursos suficientes» (Meloni, 2024a). En esta línea, el ministro de Industria y representante de FdI, Adolfo Urso, se declaró disponible a buscar compromisos en la UE en materia de transición energética (Euractiv, 2024b).
En la oposición, FdI atacó la UE y los anteriores Gobiernos italianos por querer resolver «el envejecimiento de la población, la reducción de la fuerza laboral y el incremento del gasto en pensiones», atrayendo migrantes. Lo único que se obtendría de esta manera sería la «sustitución étnica» de los pueblos europeos (Del Mastro, 2020a). Además, aprovechó la pandemia para politizar el tema migratorio, afirmando que «el virus viaja en los barcos ilegales» (Meloni, 2020), «mientras que el Gobierno», en aquel entonces regido por PD y M5S, «se dedica a distribuir […] millones de euros para la cooperación internacional» (Del Mastro, 2020b). Meloni atacó también el sucesivo Gobierno Draghi porque frente a las migraciones, «defender las fronteras debería ser prioritario» (Meloni, 2022c).
FdI celebró la formación del Gobierno Meloni como la señal de que, después de años de políticas migratorias productoras de «inseguridad y un vergonzante negocio de la acogida», el nuevo Gobierno se comprometía a «parar las salidas ilegales» y «decidir quién tiene derecho a la protección internacional» (Procaccini, 2022b).
En esta línea, el Gobierno negoció una serie de acuerdos con países como Libia (Zedda, 2023), Etiopia (Petrucci, 2023) o Túnez (Barcaiuolo, 2023), finalizados a ayudar África a desarrollarse, según un esquema «ni predatorio ni caritativo o paternalista.» Esto permitiría a África y Europa una «cooperación entre iguales […] que ofrecerá una alternativa de desarrollo y crecimiento respecto a la inmigración forzada» (Meloni, 2024b).
En la UE, FdI postuló que la cuestión migratoria tuviera un enfoque común, centrado en una «gestión integrada de las fronteras europeas» (Procaccini, 2023b; Fidanza, 2023b). Había que acabar con «la paradoja», según la cual, por un lado, «se realizan controles fronterizos para contrarrestar los movimientos secundarios de los migrantes ilegales entre un país europeo y otro […] pero, por el otro, se favorece la apertura de las fronteras externas a la inmigración ilegal, transformando los países de primera entrada en enormes campos de refugiados» (Procaccini, 2023c). Frente a esta falta de solidaridad, FdI pedía que la UE acabara con la «mala costumbre» de «descargar la responsabilidad» de acoger y gestionar los migrantes «sobre los países de primera llegada» (Sofo, 2023a). La expectativa era que la UE reconociera que las «fronteras de Italia son las fronteras de Europa» (Balboni, 2024).
En términos prácticos, esto debería significar una gestión integrada de las peticiones de asilo, finalizada a repartir de manera equitativa los migrantes entre los Estados miembros. Una vez más, FdI alternaba unas críticas a la UE —por sus carencias en la gestión del fenómeno— con unas peticiones a la misma UE de mayor ayuda y solidaridad. Sin embargo, en la actualidad, el principio de redistribución obligatoria y automática no ha conseguido el apoyo de la mayoría de los países miembros. En el Pacto Migratorio votado por el Parlamento Europeo se ha mantenido, de momento, voluntario (Euractiv, 2024c), lo cual atrajo duras críticas de FdI (Sofo, 2023b).
Faltando un enfoque europeo, el Gobierno buscó la colaboración de una serie de países no miembros de la UE para que actuaran como «filtros externos» de la migración irregular (Sofo, 2023c). Por ejemplo, el Gobierno financió la construcción de unos centros de acogida en Albania para los migrantes rescatados en el Mediterráneo. Los migrantes se quedarían en tales centros, mientras Italia procesara sus solicitudes de asilo. Los migrantes cuyas solicitudes fueran rechazadas serían repatriados a sus países de origen. Se trataba de un efectivo proceso de externalización que, según los representantes de FdI, se convertiría en «un modelo de disuasión de la migración» (Della Porta, 2023), devolviendo a Italia la soberanía sobre «quien puede y quien no puede entrar» (Malan, 2024a).
En octubre de 2024, los centros construidos en Albania empezaron a funcionar (Euractiv, 2024d). Mientras que Gobiernos europeos de distinta procedencia ideológica y la propria presidenta de la CE alabaron la medida (Euractiv, 2024e), Amnistía Internacional la tildó de «inviable e ilegal» por someter los migrantes a «detenciones prolongadas y otras violaciones de derechos fuera del escrutinio de las autoridades judiciales» (Amnistía Internacional, 2023). La Corte Constitucional italiana también señaló obstáculos legales y humanitarios para su implementación, como la falta de garantías de los derechos de los migrantes en los países a los que fueran repatriados, remitiendo el asunto a la Corte Europea de Justicia (Euractiv, 2024f).
FdI reaccionó con irritación, acusando los jueces italianos y europeos de «actuar como un contrapoder» contra un «Gobierno legítimamente elegido» (Barcaiuolo, 2024). Acusó también a varias ONG de «boicotear el acuerdo con Albania», llevando ilegalmente los migrantes a los puertos italianos y demostrando que «para ellos es una cuestión política y no humanitaria» (Euractiv, 2024g). El Gobierno replicó a las decisiones judiciales elaborando un decreto que actualiza el listado de países seguros a los que poder repatriar los migrantes (Euractiv, 2024h), aunque los obstáculos judiciales no parecen terminados (Euractiv, 2024i).
En relación con el primer interrogante extraído de la literatura, el análisis indica que los discursos y actuaciones de política exterior de M5S y FdI presentan algunas importantes similitudes, pero también un mayor número de diferencias.
En cuanto a los procesos de integración, ambos aspiraban, sobre todo en la oposición, a establecer una «línea de demarcación» entre intereses nacionales y compromisos internacionales (Emanuele et al., 2022), denunciando un entendimiento entre élites transnacionales, italianas y europeas que penaliza a Italia (Giurlando et al., 2024). Vestigios de esta percepción se remontan en Italia a la firma del Tratado de Maastricht en 1992, aunque relegados en las franjas más radicales de la centroderecha (Varsori, 2023; Quaglia, 2005). En cambio, aumentó exponencialmente durante la crisis de 2009 y el sucesivo ajuste presupuestario europeo. Por esto, según algunos, no deberían sorprender experimentos como el Gobierno M5S-LN, en el que populismos ideológicamente distintos formaron un Gobierno soberanista (Calcara y Poletti, 2023).
Sin embargo, perseguir proyectos soberanistas no significa concebir pueblo y soberanía de manera análoga o asignar los mismos significados a las inquietudes que los procesos de integración puedan generar (Guth y Nelsen, 2021; Zúquete, 2018). Populismos de diferente ideología pueden ser igualmente críticos de la falta de soberanía en materia económica (Bernard y Kriesi, 2019). De hecho, tanto FdI como el M5S se beneficiaron electoralmente por la crisis económica (Bordignon et al., 2023) y ambos avanzaron propuestas proteccionistas en materia presupuestaria y comercial (Bruno y Downes, 2024). Sin embargo, el proteccionismo de FdI tiende a postular la desactivación de cualquier medida europea o global que pueda suponer un sacrificio para los productores nacionales, incluyendo, por ejemplo, disposiciones de tipo medioambiental. En cambio, este aspecto no está presente en la propuesta internacional del M5S que, desde sus orígenes, incluso cuando estaba dividido entre componentes conservadoras y progresistas, defiende medidas de protección medioambiental (Padoan, 2024).
Además, a una parecida retórica de protección de los «perdedores de la globalización», FdI añade un componente cultural e identitario, presente solo en parte en el M5S (Ivaldi et al., 2017; Borriello y Brack, 2019) y casi completamente ausente en sus recientes desarrollos políticos. Por ejemplo, las propuestas y actuaciones más restrictivas del M5S en materia migratoria se remontan a sus primeras experiencias de oposición y de Gobierno, cuando, hasta 2022, estuvo dividido entre sectores progresistas y conservadores. Incluso en aquella fase, su actitud fue ambigua (Berlucchi, 2022) y caracterizada por la coexistencia de visiones «humanitarias», presentes todavía en la actualidad, y «securitarias» (Gianfreda, 2023: 122-123), desde hace tiempo redirigidas hacia FdI y LN (Genovese y Vassallo, 2023: 131-132). Sus «enemigos del pueblo» no son aquellos «elementos extranjeros que amenazan la pureza de la comunidad nacional», sino los burócratas y políticos de profesión (Calossi y Viviani, 2022: 40-41). En cambio, la concepción del pueblo de FdI es mucho más claramente «nativista» (Vampa, 2023: 15-36) y volcada a proteger la identidad italiana frente a culturas distintas (Puleo y Piccolino, 2022).
La literatura no internacionalista sobre populismo parece confirmar estas diferencias cuando, por un lado, no duda en clasificar FdI como un populismo de derecha radical (Vassallo y Vignati, 2024; Vampa, 2023), mientras que, por otro lado, tiende a clasificar el M5S como un populismo «catch all» (Ceccarini y Bordignon, 2016) o «polivalente» (Pirro, 2018), poco interesado en la división izquierda-derecha y caracterizado por una propuesta ideológicamente desdibujada y volcada principalmente en la lucha contra «castas» nacionales y transnacionales «corruptas» (Zulianello y Larsen, 2024).
Esta indefinición ideológica es evidente en sus diferentes experiencias de Gobierno con partidos euroescépticos de derecha radical, como la LN, europeístas de centroizquierda, como el PD, e incluso en apoyo a Gobiernos europeístas tecnócratas, como el de Draghi. Además, bajo el liderazgo de Conte, el M5S ha empezado un paulatino proceso de moderación de su populismo hacia un movimiento más progresista (Coticchia, y Vignoli 2020) y moderadamente europeísta (Diodato, 2023). Estas dinámicas están completamente ausentes en el caso de FdI. A pesar de haber moderado una parte de su discurso escéptico sobre los procesos de integración, FdI sigue manteniéndose claramente en el campo de los movimientos de derecha radical, como demuestran sus propuestas internacionales, por ejemplo, en materia migratoria y medioambiental, y sus alianzas europeas y transnacionales con movimientos parecidos (Vassallo y Vignati, 2024; Vampa, 2023).
Desde el punto de vista del segundo interrogante, el análisis evidencia algunas discontinuidades en las políticas exteriores de M5S y FdI respecto a los anteriores Gobiernos italianos, pero, sobre todo, muchas continuidades.
En la oposición, y coherentemente con sus proyectos soberanistas de repatriación de competencias a nivel nacional (Fabbrini y Zgaga, 2024), tanto FdI como el M5S mantuvieron un discurso particularmente crítico de los procesos de integración, llegando incluso a plantear la salida de Italia de la moneda única o, por lo menos, la voluntad de violar los compromisos europeos, con tal de llevar a cabo políticas económicas expansivas. Esta actitud no se limitó a temas fiscales, sino que tanto el M5S como FdI prometieron políticas más asertivas de cara a la UE, también en cuestiones como el comercio, las migraciones y, en el caso de FdI, el medio ambiente. Sin embargo, esta asertividad se mantuvo, sobre todo, a un nivel retórico. En este sentido, el análisis empírico evidencia diferencias importantes entre los discursos de ambos movimientos en la oposición, mucho más aseverativos y críticos de los anteriores Gobiernos italianos y de las instituciones europeas, y sus discursos y actuaciones en el Gobierno, más en continuidad con las políticas de Gobiernos anteriores y más colaborativos hacia las instituciones europeas.
Por un lado, la voluntad de perseguir los intereses nacionales de manera asertiva, tanto en la UE como en la política internacional, no es una novedad en la historia italiana. Desde el Tratado de Maastricht de 1992, empezando por la centroderecha (Varsori, 2023; Quaglia, 2005), luego imitada por la centroizquierda (Coticchia y Davidson, 2019), la mayoría de los Gobiernos italianos, independientemente de sus ideologías, han aspirado a soluciones que garanticen una adecuada representación de los intereses italianos frente a sus socios internacionales (Andreatta, 2008). Es una tendencia que no indica necesariamente la voluntad de desengancharse de las instituciones supranacionales, sino de obtener mejores condiciones. Además, está presente en muchos países europeos, no solo en Italia, sobre todo desde que la integración ha pasado de basarse en un «consenso permisivo» a un «disenso constrictivo» (Hooghe y Marks, 2009). Por ejemplo, perseguir políticas migratorias restrictivas —encaminadas a proteger el interés de un país fronterizo, como Italia— frente a una percepción de desinterés de la UE y de varios de sus miembros, ha sido una constante en prácticamente todos los Gobiernos italianos de las últimas tres décadas de centroizquierda, centroderecha, tecnócratas (Abbondanza, 2023) y populistas (Echeverría y Finotelli, 2024).
Por el otro, pese a los elementos confrontativos de sus discursos, tanto el M5S como FdI han ido moderando sus actuaciones conforme se acercaba la posibilidad de gobernar, tanto en temas económicos y comerciales como migratorios. Mientras que en la oposición se han presentado como los que «desafían el sistema», en el Gobierno han tendido a presentar soluciones más constructivas (Cavalieri y Froio, 2022; Vachudova, 2021).
Esto se debe, en buena medida, a la situación geopolítica y geoeconómica de Italia en el sistema internacional contemporáneo. La persistente aspiración de Italia de perseguir sus intereses de manera más autónoma encuentra un obstáculo relevante en su relativa debilidad internacional. Tanto la crisis económica de 2009 como la sanitaria de 2020 pusieron en evidencia la escasez de recursos para conseguir un objetivo tan ambicioso como la reestructuración de la política exterior en un país altamente endeudado y necesitado de apoyo internacional. Esto permite entender la coexistencia, por un lado, de críticas a las instituciones supranacionales responsables de los procesos de integración y, por el otro, de constantes solicitudes de ayuda a aquellas mismas instituciones. Esta coexistencia se ha hecho aún más evidente en un contexto internacional caracterizado por el creciente unilateralismo y revisionismo de Estados económica y militarmente superiores.
Viendo de manera conjunta estos factores, es posible entender por qué, a pesar de la amplia presencia de movimientos populistas y potencialmente transformadores, tanto en la oposición como en algunos Gobiernos, la «concepción internacional» de Italia, consolidada a lo largo de las décadas sucesivas a la Guerra Fría, no ha cambiado de manera relevante (Gabusi y Caffarena, 2024).
Aunque se haya enfocado exclusivamente en el caso italiano y resulte, por lo tanto, difícil extrapolar conclusiones aplicables a la política exterior de populismos de otros países, el análisis refuerza algunas de las principales expectativas de la literatura sobre populismo y política exterior.
En primer lugar, aunque sus discursos y actuaciones internacionales indiquen la presencia de elementos comunes, las respectivas diferencias ideológicas entre M5S y FdI identifican dos proyectos esencialmente distintos. A esto se refiere una parte de la literatura cuando concluye que la política exterior de los populismos puede variar significativamente, dependiendo de «condiciones contextuales», entre las que prima la ideología (Wajner y Giurlando, 2024: 36).
Por un lado, no se observa una relación clara entre populismo y perseguimiento de una política exterior específica. Más que de una política exterior populista, sería más correcto hablar, en plural, de políticas exteriores populistas (Wojczewski, 2023: 327-333). Esto refutaría uno de los hallazgos de una parte de la literatura, según el cual habría un núcleo de valores y objetivos comunes a populismos de diferente procedencia ideológica o nacional; por ejemplo, una oposición parecida a los procesos de internacionalización del Estado (Guth y Nelsen, 2021: 459-460; Chryssogelos, 2018). Pese a esta genérica similitud, la ideología tiende a moldear el tipo de crítica al identificar enemigos externos y objetivos diferentes (Stengel et al., 2019; Verbeek y Zaslove, 2017).
Por el otro, tales diferencias limitan la posibilidad de una colaboración internacional entre populismos. Recientes estudios demostrarían que, de hecho, populismos ideológicamente distintos compiten entre ellos con una intensidad parecida a la que compiten con los partidos tradicionales (Schwörer et al., 2023). Más que representar un pensamiento internacional autónomo u original o anhelar al surgimiento de una internacional populista, los diferentes populismos parecen aspirar a perseguir los intereses de sus respectivos países de manera más asertiva y unilateral, aprovechando las ventanas de oportunidad que puedan ofrecer, según las circunstancias, sus respectivos contextos nacionales e internacionales. Lejos de ser una exclusiva de los populismos, esta tendencia se puede encontrar también en la política exterior de Gobiernos no identificables como populistas y que deseen perseguir los intereses de sus países de manera menos cooperativa (Destradi y Plagemann, 2019: 728). Las diferencias entre las políticas exteriores de los unos y de los otros serían, por lo tanto, sobre todo retóricas (Chryssogelos, 2021).
En segundo lugar, según algunos, esto se debería al hecho de que el comportamiento internacional de un Estado sigue siendo influenciado principalmente por una multiplicidad de «factores estructurales internacionales», relacionados con «su posición en el panorama económico y político mundial» (Plagemann y Destradi, 2019: 298). Tales factores incluyen el acceso a unos recursos de poder internacional que siguen distribuidos de manera profundamente desigual (Giurlando et al., 2024), el nivel de ayuda externa de la que dependa cada Estado, la intensidad de los compromisos adquiridos con sus aliados, el nivel de integración en autoridades supranacionales (Coticchia, 2021; Moury y Pritoni, 2024) o el grado de enemistad o amistad de sus vecinos (Stengel et al., 2019: 365-372). Dependiendo de las circunstancias, tales factores estructurales pueden resultar decisivos no solo para empoderar, sino también para inhibir (Coticchia y Donelli, 2023) el impacto del populismo en la política internacional.
Por estas razones, futuras investigaciones deberían centrarse no solo en el estudio de las condiciones contextuales tanto nacionales como internacionales (Wajner y Giurlando, 2024) que favorecen el populismo, sino también en los factores que puedan limitarlo.
Esto debería servir para identificar de manera más detallada los incentivos y obstáculos internacionales y nacionales que intervienen para aumentar o disminuir las posibilidades del populismo de conseguir sus objetivos internacionales (Stengel et al. 2019; Weyland, 2022; Coticchia y Donelli 2023). Mientras que un análisis de los incentivos internacionales y nacionales podría incluir las tensiones globales entre potencias, la parálisis decisional de las instituciones internacionales o las crisis económicas y políticas en las democracias contemporáneas, un análisis de los obstáculos internacionales y nacionales podría incluir la existencia de instituciones supranacionales eficaces y legitimas o la acción de autoridades nacionales independientes del poder político, como los tribunales constitucionales y los cuerpos diplomáticos. Tales investigaciones serían de utilidad también para identificar de manera más precisa los diferentes sentidos contextuales que los líderes populistas asignan a sus discursos y actuaciones, dependiendo de la escena política nacional o internacional en la que actúen (Cavalieri y Froio, 2022; Vachudova, 2021).
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