
eISSN: 1989-9742 © SIPS.
DOI: https://doi.org/10.7179/PSRI_2025.47.13
http://recyt.fecyt.es/index.php/PSRI/
Victor Horacio ESPARZA BERNAL
https://orcid.org/0000-0003-0960-6378
César Jesús BURGOS DÁVILA
https://orcid.org/0000-0001-7701-8266
Universidad Autónoma Sinaloa (México)
Fecha de recepción: 14.VIII.2024
Fecha de revisión: 17.X.2024
Fecha de aceptación: 09.I.2025
CONTACTO CON LOS AUTORES
Víctor Horacio Esparza Bernal: Facultad de Ciencias de la Educación Ave. Cedros y s/n Fracc. Los Fresnos, C.P. 80034., Los Sauces, Culiacán Rosales, Sinaloa. México. E-mail: victoresparza.fce@uas.edu.mx
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PALABRAS CLAVE: Educación; juventudes; investigación cualitativa; narcotráfico; violencia. |
RESUMEN: En entornos marcados por el narcotráfico, inseguridad y violencia criminal, la escuela se encuentra en disputa entre su función social de formar sujetos útiles para la estructura social y la realidad marcada por la desigualdad que orilla a las juventudes a definir sus proyectos de vida desde la ilegalidad. En México, el narcotráfico se ha caracterizado por procesos de violencia de alto impacto y una cultura de la transgresión que es interiorizada por las juventudes. Bajo un enfoque biográfico, se analizaron 12 entrevistas en profundidad realizadas a estudiantes, docentes, prefectos y vigilantes, con el objetivo de comprender cómo los contextos de violencia criminal afectaban las expectativas, proyectos de vida, experiencias y significados que las juventudes construyen. El trabajo de campo se realizó en la Escuela Preparatoria 2 de Octubre, en Culiacancito, Sinaloa. Se exponen los resultados a partir de las siguientes categorías: el narcotráfico como proyecto de vida; proyecto de vida hegemónico y alternativo; condiciones sociales, familiares e institucionales-educativas que posibilitan la definición de proyectos de vida. Concluimos que un núcleo familiar rasgado, presencia del narcotráfico, carencias económicas y afectivas y un desinterés educativo son condiciones que posibilitan la definición de proyectos de vida desde el narcotráfico. |
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KEYWORDS: Education; youth; qualitative research; drug trafficking; violence. |
ABSTRACT: In environments marked by drug trafficking, insecurity and criminal violence, the school is in conflict between its social function of forming useful subjects for the social structure and the reality marked by inequality that forces youth to define their life projects from illegality. In Mexico, drug trafficking has been characterized by high-impact processes of violence and a culture of transgression that is internalized by youth. Using a biographical approach, 12 in-depth interviews were analyzed with students, teachers, prefects and security guards, with the aim of understanding how contexts of criminal violence affected the expectations, life projects, experiences and meanings that youth construct. Fieldwork was carried out at the Preparatory School 2 de Octubre in Culiacancito, Sinaloa. The results are presented based on the following categories: drug trafficking as a life project; hegemonic and alternative life project; social, family and institutional-educational conditions that enable the definition of life projects. We conclude that a broken family nucleus, the presence of drug trafficking, economic and emotional deficiencies and a lack of educational interest are conditions that make it possible to define life projects based on drug trafficking. |
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PALAVRAS-CHAVE: Educação; juventudes; pesquisa qualitativa; narcotráfico; violência. |
RESUMO: Em ambientes marcados pelo narcotráfico, insegurança e violência criminal, a escola encontra-se em disputa entre sua função social de formar sujeitos úteis para a estrutura social e a realidade marcada pela desigualdade, que leva as juventudes a definirem seus projetos de vida a partir da ilegalidade. No México, o narcotráfico tem se caracterizado por processos de violência de alto impacto e por uma cultura de transgressão que é interiorizada pelas juventudes. Sob uma abordagem biográfica, foram analisadas 12 entrevistas em profundidade realizadas com estudantes, professores, prefeitos da escola e seguranças, com o objetivo de compreender como os contextos de violência criminal afetam as expectativas, os projetos de vida, as experiências e os significados que os jovens constroem. O trabalho de campo foi realizado na Escola de ensino médio Preparatória 2 de Outubro, em Culiacancito, Sinaloa. Os resultados são apresentados a partir das seguintes categorias: o narcotráfico como projeto de vida; projeto de vida hegemônico e alternativo; condições sociais, familiares e institucionais-educacionais que possibilitam a definição de projetos de vida. Concluímos que um núcleo familiar desestruturado, a presença do narcotráfico, carências econômicas e afetivas, e o desinteresse educacional são condições que favorecem a definição de projetos de vida vinculados ao narcotráfico. |
El narcotráfico en México se ha instaurado en la vida cotidiana de las personas. Es una problemática social que configura la transgresión como norma e inserta expresiones de violencia como parte de un paisaje cotidiano (Galtung, 2016). Desde una dimensión cultural el narcotráfico define experiencias, expectativas de vida y legitima comportamientos e identidades transgresoras (Valdez et al., 2023). Siguiendo a Jiménez-Bautista (2018), el narcotráfico configura entornos de violencias híbridas que se han cronificado en los últimos años (Pearce, 2019). Esto responde a procesos sociohistóricos de instrumentalización ubicua y desproporcionada de la violencia (Arendt, 2005), afectando dimensiones estructurales, culturales (Galtung, 2016) y simbólicas (Bourdieu y Passeron, 2019). Esta concepción trasciende la manifestación directa, observable y mesurable de la violencia. Para Burgos et al. (2023) los eventos violentos de alto impacto muestran otras formas de transgresión ubicuas y enraizadas en la vida cotidiana: el miedo y la inseguridad; la proximidad, convivencia y aceptación del narcotráfico en el espacio social; la trivialización de la violencia; las expectativas de vida y legitimación de la narcocultura; la vulnerabilidad de las juventudes; la corrupción, impunidad e invisibilización de las víctimas.
La presencia del narcotráfico es notable entre la población juvenil, puesto que se configuran expectativas de futuro desde la idea de ganancias inmediatas y efímeras, las cuales funcionan como un modelo de identificación, un espacio donde pueden obtener reconocimiento y prestigio a partir del ideal de éxito que se refleja en el entorno social (Fernández y Romero, 2024; Gómez y Almanza, 2016; Moreno et al., 2016). En la vida cotidiana de las juventudes se construyen paisajes de violencia directa, manifiestas en el territorio con un clima constante de inseguridad, un fenómeno creciente de desaparición forzada y un aumento en el número de personas asesinadas. Según datos recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (2022), durante el 2022 se presentó un incremento en la percepción de inseguridad en el país entre personas de más de 18 años. Para el 66,2% vivir en su ciudad era inseguro. De acuerdo con la Secretaría de Gobernación, al 31 de diciembre de 2019 habían más de 61 mil personas en calidad de desaparecidas (Díaz, 2020).
Si bien, la población en general se ha visto envuelta en estas dinámicas violentas, son las juventudes quienes las padecen de manera sistemática y con mayor intensidad. De 2015 a 2022 se registraron alrededor de 240,322 personas asesinadas (Instituto para la Economía y la Paz, 2023), de las cuales aproximadamente 92,110 eran hombres y mujeres jóvenes entre los 15 a 29 años (INEGI, 2024). Para Reguillo (2015, p. 65) el escenario neoliberal configura y acentúa las condiciones de vulnerabilidad, desigualdad y falta de oportunidades donde se sitúan las juventudes. Esto puede colocarles como jóvenes “al servicio del crimen organizado”.
La juventud en México enfrenta pocas o nulas oportunidades para construir un futuro digno (Tezoco, 2020). En el ámbito escolar, las desigualdades se acentúan. La violencia, exclusión y marginalidad la experimentan también en su rol de estudiantes. Aunque el gobierno busca atender estas problemáticas, se enfoca en soluciones superficiales como apoyos económicos y becas, ignorando las causas estructurales reales de la violencia (Red por los Derechos de la Infancia en México, 2021). Nateras (2016) ha documentado que para las juventudes mexicanas existe un descontento hacia las instituciones educativas como espacios legítimos que posibilitan la construcción de un futuro alentador. Se pone en tensión el extenso tiempo que deben pasar por estas instituciones formativas sin la certeza de un mañana prometedor, lo que, de acuerdo con Fernández y Romero (2024), posibilita el reforzamiento de conductas delictivas. Es en este escenario en el que el proyecto de vida se encuentra en disputa entre lo esperado socialmente por las instituciones educativas y las posibilidades reales que oferta el espacio social para las juventudes (D’Angelo, 2000).
En un escenario postpandemia, la problemática se ha acentuado y la escuela ha dejado de significar un recurso valioso para las juventudes (Butrón, 2020). Según datos del INEGI (2021) 20.6 millones de personas entre los 3 a 29 años de edad no se inscribieron al ciclo escolar 2019-2020. Mientras que en el ciclo 2020-2021 fueron 21.4 millones. Entre las razones destacan la falta de gusto por el estudio, necesidad de trabajar, logro de meta educativa alcanzado, falta de recursos y por la pandemia por COVID-19. De acuerdo con la Red por los Derechos de la Infancia en México (2023), durante el ciclo escolar 2021-2022 la tasa de abandono escolar fue de 10.2 en educación media superior, 3.9 en secundaria y 0.2 en primaria.
Si bien, históricamente la escuela ha sido el lugar ideal para que infancias y juventudes adquieran lo necesario para formar parte de la estructura social como personas funcionales y puedan proyectar estilos de vida esperados (Bourdieu y Passeron, 2019; Giroux, 2002; Masschelein y Simons, 2014), reconocemos que en México, las experiencias escolares se ven afectadas por la violencia criminal y sus actores se encuentran situados en entornos con presencia de sujetos armados que mantienen un clima de inseguridad constante en la población (Colin, 2021). Estos escenarios caracterizan al narcotráfico como una máquina devoradora de trayectorias de vida. De este modo, asumimos que escuelas, docentes y estudiantes trabajan en situaciones de emergencia constante en donde se ha cronificado la violencia (Pearce, 2019). Violencia que es experimentada en el trayecto a la escuela, sobre lo que es permitido hablar o no dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje, sobre las expectativas de futuro e identidades que las juventudes construyen en estos escenarios (Solano y Trujillo, 2021). Para Sánchez (2021), los contextos atravesados por la violencia criminal y la cultura del narcotráfico, representan entornos propicios para la definición de proyectos de vida desde el narcomundo, los cuales su mera consideración tensiona los límites escolares y el valor social de la escuela como institución formadora.
Consideramos necesario asumir la escuela como un espacio de problematización sobre las condiciones de violencia, las desigualdades y distintos conflictos con los que conviven las juventudes. De acuerdo con Solano y Trujillo (2021) esta relación ha sido documentada ampliamente desde sucesos de alto impacto específicos, mostrando la afectación sobre la población en general, pero no se ha profundizado en el ambiente cotidiano de violencia que dan forma a las experiencias de niñas, niños y jóvenes en su papel de estudiantes. Para Nateras y Mendoza (2016) la escuela es un espacio de intercambio y socialización que posibilita dicho análisis de las problemáticas que trastocan los contextos en los que las juventudes se sitúan. Por lo tanto, asumimos la escuela como un espacio que permite la reflexión de experiencias, expectativas y proyectos de vida, la reconstrucción de las violencias y problemáticas territoriales (Almonacid y Burgos, 2023).
Así, en este artículo, nos aproximamos al pensamiento cotidiano, las expectativas de vida, las vivencias e interpretaciones sobre la violencia criminal y su relación con la escolaridad, puesto que reconocemos que las juventudes definen experiencias, significados y proyectos de vida desde espacios atravesados por el narcotráfico (Burgos et al., 2023). Las preguntas que guiaron la investigación fueron: ¿Cómo, desde dónde y cuáles son los proyectos de vida que las juventudes construyen en contextos de violencia y narcotráfico?, ¿de qué forma el narcotráfico y la violencia atraviesa los diferentes escenarios de la vida de las juventudes: escuela, familia y amistades?, ¿cuáles son las estrategias de resistencia y convivencia que se construyen desde la escuela ante la presencia cotidiana del narcotráfico en el entorno?
Realizamos un estudio cualitativo orientado a la comprensión sociocultural y biográfica de las juventudes (Feixa, 2003; Gurdián-Fernández, 2007; Íñiguez, 1999). Desde la perspectiva biográfica (Bertaux, 2011; Kornblit, 2007) consideramos las vivencias de las juventudes como una fuente válida de conocimiento. Desde sus propias experiencias construyen, negocian, significan y transforman activamente sus realidades. Nos aproximamos a las experiencias vividas de jóvenes estudiantes, docentes y otros trabajadores de la escuela para comprender cómo las juventudes construyen sus proyectos de vida, así como las estrategias que desarrollan para resistir, afrontar o transformar el clima de inseguridad y violencia que enfrentan constantemente.
El trabajo de campo lo realizamos en la Escuela Preparatoria 2 de Octubre. La escuela se ubica en la sindicatura de Culiacancito, un poblado que forma parte de la periferia de la ciudad de Culiacán. En la historia reciente, Culiacancito ha sido una comunidad representada como zona de muerte por sus raíces míticas, la presencia del narcotráfico, las notas constantes en la crónica roja y los testimonios de sus habitantes1 (Almonacid, 2022). Su comunicación por carretera y su cercanía con Navolato y Culiacán la posicionan como punto estratégico para el Estado (Gobierno de Culiacán, 2021) y para las organizaciones criminales que disputan el control territorial (Almonacid y Burgos, 2023).
Realizamos 12 entrevistas en profundidad (Taylor y Bogdan, 1992) a 5 estudiantes, 5 docentes, 1 vigilante y 1 prefecto de la Preparatoria (Ver Tabla 1). La calidad de informante se dio por el grado en que sus experiencias contribuyeran a la comprensión del fenómeno de interés (Restrepo, 2018), por ello la elección de colaboradores se realizó por un muestro intencionado (Sanz Hernández, 2005). Así, los criterios de inclusión fueron la disponibilidad y accesibilidad para participar y el conocimiento del tema.
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Tabla 1. Características de colaboradores |
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Participantes |
Edad |
Género |
Puesto |
Lugar de Origen |
Antigüedad Preparatoria 2 de Octubre |
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Natalia |
16 |
M |
Estudiante |
Culiacancito |
Estudiante primer año |
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Ismael |
16 |
H |
Estudiante |
Culiacancito |
Estudiante segundo año |
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Miguel |
16 |
H |
Estudiante |
Las Palmas |
Estudiante segundo año |
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José |
16 |
H |
Estudiante |
La Higuerita |
Estudiante segundo año |
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Christian |
16 |
H |
Estudiante |
Culiacancito |
Estudiante segundo año |
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Naomi |
42 |
M |
Docente |
Culiacancito |
22 años |
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Armando |
29 |
H |
Docente |
Culiacancito |
9 años |
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Marcela |
36 |
M |
Docente |
Culiacancito |
11 años |
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Andrés |
44 |
H |
Docente |
La Paz, Baja California Sur |
22 años |
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Saúl |
39 |
H |
Docente |
Culiacancito |
20 años |
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Joseph |
29 |
H |
Prefecto |
Culiacán |
5 años |
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Benjamín |
44 |
H |
Vigilante |
Culiacancito |
21 años |
Con el fin de atender las consideraciones éticas del trabajo con personas (APA 2017), durante la recolección de datos se le explicó a las y los colaboradores que su participación era voluntaria y anónima en todo momento. Para cumplir con el criterio de anonimato se utilizaron seudónimos y en la exposición de resultados se omite cualquier información que permita reconocer a las y los colaboradores.
El acceso al campo para la recolección de datos inició con la presentación con autoridades del plantel, así como la entrega de una carta en la que se expusieron los motivos, objetivos y alcances de la investigación. Posteriormente, se socializó el proyecto a docentes y administrativos con la finalidad de justificar nuestra presencia en el plantel, planear recorridos por la escuela y contar con su apoyo para identificar a posibles jóvenes colaboradores.
A partir de esto, se trabajó en dos etapas: 1) al tratarse de personas menores de edad, fue necesario enviar una carta de consentimiento a padres, madres o tutoras que explicaba motivos, implicaciones y condiciones para la participación; 2) obtenido el consentimiento, contactamos directamente a las y los jóvenes, quienes a su vez se les dio una carta de asentamiento informado.
Dividimos la entrevista en tres campos temáticos: definición de proyectos de vida y condiciones posibilitadoras, narcotráfico como opción de vida y experiencias con la violencia criminal. La duración de las entrevistas, en promedio, fue de entre 30 a 50 minutos. En algunos casos, fue necesario más de una sesión. Realizamos el trabajo de campo de marzo a junio de 2023.
Para la fase de análisis transcribimos y preparamos los materiales (Bassi, 2015); retomamos la propuesta de codificación de Strauss y Corbin (2002), apoyados en el software Atlas.ti 9, tomando como eje central las preguntas y objetivos de nuestra investigación. Las categorías propuestas surgieron por medio de un proceso inductivo. Posteriormente agrupamos las categorías y códigos correspondientes con sus significados (Vázquez, 1996). Identificamos dos categorías centrales que cobran relevancia en la construcción del proyecto de vida: narcotráfico como proyecto de vida y proyectos de vida hegemónicos y alternativos. Además, surgieron tres categorías transversales, las cuales posibilitan la definición del proyecto de vida: condiciones sociales, condiciones familiares y condiciones institucionales-educativas (Ver Tabla 2).
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Tabla 2. Descripción de categorías, subcategorías y códigos |
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Categoría |
Subcategoría |
Códigos |
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Narcotráfico como proyecto de vida |
Condiciones sociales |
Cercanía, referentes del narcotráfico, actores armados, acoso a estudiantes, violencia cotidiana, incertidumbre, influencia del narcomundo, normalización, oportunidades laborales. |
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Condiciones familiares |
Carencias afectivas, carencias económicas, falta de orientación, desarticulación familiar, abandono, perdida de valores. |
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Condiciones institucionales-educativas |
Asistir por obligación, disgusto por la escuela, falta de orientación, docentes no capacitados. |
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Proyectos de vida hegemónicos y alternativos |
Condiciones sociales |
Actividades deportivas, actividades culturales, reapropiación de espacios, reconocimiento de problemáticas. |
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Condiciones familiares |
Referentes en el hogar, apoyo económico, apoyo afectivo, formación académica de padres. |
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Condiciones institucionales-educativas |
Docentes multiroles, cercanía de docentes, cuestionamiento de realidades, pensamiento crítico, dinámicas de resistencia, espacio de escucha, saberes no formales, situar el conocimiento. |
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La sindicatura de Culiacancito se configura como un entorno ubicado en la periferia de la ciudad de Culiacán. Por su cercanía con Navolato y Culiacán, es asumido como frontera económica estratégica para las organizaciones criminales, siendo un territorio disputado por agrupaciones rivales del narcotráfico (Almonacid y Burgos, 2023). Como margen, Culiacancito no escapa a la concepción de espacio excluido de la sociedad de centro en donde se impone la voluntad del más fuerte que construye realidades marcadas por la alteridad, al amparo de la impunidad (Serje, 2011). Esta sindicatura, a nivel estatal es descrita como “un rancho pobre, maloliente, nido de punteros, tiradero de muertos, pueblo huachicolero o albergue de desplazados” (Almonacid, 2022, p. 111).
En nuestros primeros pasos por la comunidad se hizo notar la presencia de las fuerzas armadas del ejército en la localidad y la ausencia de jóvenes punteros2 y camionetas. Docentes y estudiantes nos explicaron que se referían a camionetas de modelos recientes con jóvenes fuertemente armados que fungen el papel de vigilantes y pistoleros. Su ausencia no duró más de una semana. Nuestra primera suposición fue que el segundo culiacanazo3 había sucedido dos meses antes: el 5 de enero del 2023. Ante este evento, claramente el Estado debía hacerse presente como fuerza legítima de la seguridad y el orden. Este hecho marcó de manera significativa a miembros de la comunidad escolar. Naomi, maestra de la preparatoria y originaria de Culiacancito, con más de 20 años de servicio nos compartió que días posteriores a este evento de alto impacto, hubo repercusiones en su vida cotidiana:
Me daba miedo hasta salir, porque luego decían “van a pasar”. Y luego si escuchábamos ruido “encerradas, encerradas, no vamos a salir”. Al día siguiente, no recuerdo qué tiempo hubo, ya pudimos salir. Yo me vine aquí a Culiacancito, me acuerdo, venía la niña conmigo porque ya ves que no hubo clases ni nada. Entonces nos vinimos, y cuando ya pudimos salir, creo que fue dos o tres días, no recuerdo exactamente […] fue una impresión […] Todos los carros quemados. Contamos desde la casa hasta ahí y creo que fueron como ocho carros por todo el camino (D. Naomi, comunicación personal, 08 de marzo del 2023).
En distintas entrevistas, la comunidad es descrita como “zona secuestrada” por la violencia criminal y la presencia del narcotráfico. En el primer momento en que las autoridades se retiraron de la sindicatura, los actores del narcotráfico se reapropiaron de los espacios y “del pueblo en general” (D. Naomi, comunicación personal, 08 de marzo del 2023). En conversación con la maestra Marcela, nos explicó que los alrededores de la preparatoria no se encuentran exentos de la violencia criminal, puesto que es un punto de encuentro para personas asociadas con actividades delictivas. Incluso, es utilizado como espacio para golpear, amedrentar y vender drogas.
Como estamos a la orilla del pueblo […] su punto de reunión [es] aquí enfrente de la escuela […] Antes de que pasara el culiacanazo había un… duró fácil como unos dos meses que no había día que no se pusieran aquí unas treinta, cuarenta o cincuenta camionetas. Toda la entrada. Toda la escuela rodeada. Y ya se bajaban los muchachos empecherados, con pistolas y eso […] Aquí en los árboles que están enfrente les dio también por venir a golpear a las personas a la hora que fuera, aunque estuvieran en clase. Nomás se escuchaban los llamados tablazos, pues. Entonces, eso yo creo que sí les generaba inquietud a muchos, miedo y temor a otros, y a otros el “qué perro”, el “mira, que padre” (D. Marcela, comunicación personal, 06 de marzo del 2023).
Las experiencias descritas con situaciones de violencia, nos exponía a las paradojas de las juventudes escolarizadas y las juventudes al servicio del narcotráfico. Dos realidades que a primera vista se presentan como opuestas, pero que conviven y se encuentran próximas en el perímetro del plantel educativo. Entre charlas informales y entrevistas, el profesorado compartió que no es posible negar la cultura de violencia que existe en Culiacancito, “pues la tenemos muy cerca” (D. Armando, comunicación personal, 03 de abril del 2023). Inmediatamente entendimos que los episodios de violencia no son eventos aislados, sino que la escuela y sus actores se encuentran sitiados por el narcotráfico y la violencia. No cercados únicamente por una cercanía física con el narcomundo, sino también cultural en donde se legitiman estilos de vida, comportamientos e identidades transgresoras aceptadas por las juventudes. Para los informantes, no sólo se trata de juventudes escolarizadas o juventudes al servicio del narcotráfico, sino que “hay familias enteras, primos, papás que se dedican a la delincuencia [y las juventudes] ya lo ven como algo normal” (D. Armando, comunicación personal, 03 de abril del 2023).
Esta cercanía con los núcleos del narcotráfico es parte de la cotidianidad de muchos jóvenes, incluso aquellos no involucrados directamente. Conocer a alguien relacionado con el narcotráfico es común en su día a día. Algunos estudiantes nos compartieron experiencias que desafían la idea” por “que desafían la idea de que los jóvenes son sólo estudiantes o criminales. La opinión pública, influenciada por narrativas estatales, suele criminalizar a los jóvenes de zonas periféricas. Lo cierto es que, de acuerdo con las propias experiencias de los informantes, su rol como estudiantes no los excluye de la violencia presente en la comunidad.
Yo me llevaba antes con puro, así pues, donde estaban los puntos. Me llevaba y fumaba. Sí fumaba todos los días. Y hasta que me dejé de juntar de eso, me puse a trabajar bien […] porque miré mal. Miré que estaban matando mucho. Mataron a mi mejor amigo. Yo me la llevaba con él por el punto. Hubo una balacera y mataron a mi mejor amigo y yo me salvé […] Estaba temblando, la neta, porque no tenía con qué defenderme ni nada (E. Miguel, comunicación personal, 12 de junio del 2023).
Es común que esta cercanía no sea percibida de manera inmediata, puesto que la violencia se configura como legítima en el espacio. La transgresión de la norma es parte intrínseca de la cultura del narcotráfico. La convivencia permanente, las justificaciones cotidianas, la minimización de ciertas prácticas impiden reconocer las afectaciones del narcotráfico en la comunidad. Esto se hace evidente en experiencias de estudiantes y docentes al encontrar, en palabras de las propias personas entrevistadas, una incapacidad de dimensionar la violencia.
Le puedes preguntar a algunos docentes y te van a decir “no, Culiacancito es bien tranquilo, no hay violencia”. Y sí, puede que no hay ahorita que tiren balazos, ahorita en estos días, y eso en la percepción general puedes decir que es tranquilo, pero ¿y las camionetas que andan?, ¿las casas de seguridad que están ahí te dan tranquilidad? Pero las tienes normalizadas (D. Naomi, comunicación personal, 08 de marzo del 2023).
Durante el proceso de definición de proyectos de vida en contextos atravesados por la violencia criminal, las condiciones sociales, familiares e institucionales-educativas juegan un papel fundamental. Para las personas colaboradoras, el clima de violencia vuelve legitimas las expectativas de vida orientadas al narcomundo. Esto no se da en un vacío social, sino que se adscribe a un entramado de precariedad y vulnerabilidad social: a una falta de bienestar económico, afectivo y la poca oferta de referentes en su hogar, barrio y escuela que los lleven a construir expectativas de vida encaminadas a lo socialmente esperado. Para el profesorado, las juventudes sí encuentran estos referentes en actores del narcotráfico.
Acá hay estudiantes que tienen muchas carencias, no solamente las materiales. O sea, algunos no tienen carencias de que no tienen piso de concreto en su casa, pero tienen carencias afectivas, de reconocimiento social […] Primero, ‘tengo carencias, yo como adolescente voy a llegar a tener carencias y en ese círculo [el del narcotráfico] recibo cierto reconocimiento, por lo menos ahí sí me hablan o pa’ jalarme las orejas o algo, pero me hablan. Y por lo menos si me pendejean, ese vato tiene lo que yo quiero’. ¿Qué? Poder. ¿Poder de qué? Poder de reconocimiento, poder económico, poder de armas, poder. Y si en su casa no los pelan, o en su escuela tampoco le damos reconocimiento todo un cuerpo de docentes […] esa raza sí se los da (D. Andrés, comunicación personal, 05 de abril del 2023).
El resquebrajamiento del núcleo familiar es un factor importante que contribuye a la definición de proyectos de vida desde el narcotráfico. Jóvenes que no cuentan con figuras y acompañamiento en sus hogares. Viven con tíos, abuelos, hermanos pequeños o solos en espacios precarios económicos y simbólicos. Para la maestra Marcela, es parte de la identidad de los jóvenes de Culiacancito, el “chico que tiene problemas, que sus papás están separados, que vive con la abuelita, que tiene cinco hermanos y uno es de cada papá”. A falta de la estabilidad emocional y económica que ofrece la familia “pues la ilusión es andar ahí y subirse en una moto, en una camioneta (D. Marcela, comunicación personal, 06 de marzo del 2023). Las experiencias de estudiantes corroboran las afirmaciones que realizan sus docentes:
A veces también la familia, los papás que no le ponen atención a los hijos. Se descarrilan los hijos, se van por otro lado, les empieza a gustar el vicio. Primero andan en las motos, luego ahí. Pero pues, no sé la chavalada qué piensa. Es quererse meter ahí, a nomás quererse matar. Pues lo único que les gusta es traer armas. Ahorita cualquier tonto te puede matar también, todos traen armas. Pero pues sí, yo digo que a veces es eso: el vicio y la falta de atención (E. José, comunicación personal, 06 de junio del 2023).
El cómo se muestra el narcotráfico en el entorno social es un elemento que también contribuye a la definición de futuros desde el narcotráfico. Para los informantes, el estilo de vida es uno de los elementos centrales que abonan “para que los plebes también se inclinen hacia allá” (D. Armando, comunicación personal, 03 de abril del 2023). Muchas veces, “se identifican con el que trae pistolas, se identifican con el que trae un carrazo, se identifican con los que toman cerveza, y bueno, [por eso] eligen muchas veces ese espacio” (D. Saúl, comunicación personal, 27 de abril del 2023).
Para el profesorado es muy difícil no poder hacer algo para evitar que sus estudiantes se orillen al narcotráfico: “es una impotencia el escuchar decir ‘yo vengo a la prepa porque me mandan de mi casa, pero me voy a casar con un narco’ […] o [ver a] los chicos que andan en moto, que se ponen en las esquinas” (D. Naomi, comunicación personal, 08 de marzo del 2023). Natalia recuerda que en su primer año de preparatoria llevó una materia de orientación educativa donde les preguntaban sobre su proyecto de vida. Era común que sus compañeros se sintieran escépticos y desmotivados a terminar sus estudios. Muchos de ellos mostraban interés por actividades del narcotráfico como punteros y pistoleros.
Hay varios compañeros que los obligan sus mamás [a ir a la escuela], pero ya no quieren estudiar. No sé si lo dicen de juego, pero que quieren dejar los estudios para ser punteros (E. Natalia, comunicación personal, 15 de marzo del 2023).
Desde el entorno escolar se asume que los jóvenes no cuentan con un proyecto de vida, cuando no se adscribe a los esperado por las instituciones educativas y sociales. Para Benjamín, vigilante de la preparatoria, no contar con este proyecto de vida se debe a “una falta de visión del muchacho, de que no tiene bien definido realmente qué es lo que quiere o desea hacer con su futuro” (V. Benjamín, comunicación personal, 16 de marzo del 2023). Esta perspectiva es compartida por otros miembros y autoridades escolares. Para Joseph, se debe a que hay una falta de orientación por parte de padres y maestros: “el papá nomas le dice ‘vete a la escuela’, pero no saben a qué los mandan. Es una forma de tener al muchacho ocupado mientras ellos trabajan” (P. Joseph, comunicación personal, 16 de marzo del 2023). Para el maestro Armando:
Son contados los jóvenes que ya tienen definido su proyecto de vida, qué van a estudiar […] O sea, no hay algo definido realmente. No tienen esa visión ya sobre su proyecto académico, hasta los alumnos de tercero, que ya se supone que están por brincar a la licenciatura. Hay alumnos que aún no se deciden qué estudiar (D. Armando, comunicación personal, 03 de abril del 2023).
Algunos docentes perciben que los comentarios sobre la falta de proyectos de vida se vinculan a la expectativa social de seguir una trayectoria académica tradicional, como estudios superiores, empleo formal o emprendimientos. Desde el entorno escolar, se suele considerar que opciones como ser puntero, pistolero u otras labores asociadas con el narcotráfico no son proyectos de vida.
Primero me preguntaría, ¿desde qué lugar?, ¿bajo qué argumentos un docente puede decir que tiene o no tiene proyecto de vida un estudiante?, ¿no? Si supongamos que ese docente pasó por el área de orientación educativa del bachillerato, dio clases o conoce, o por lo menos revisó en el currículum del bachillerato, si sabe cuál es el perfil de egreso, y si desde ahí asume que ese puede ser un buen proyecto, pues bueno. Esto lo digo porque a veces el estudiante al no cumplir con la demanda del docente, en lo que el docente tiene en su cabeza que es un buen proyecto de vida o un buen estudiante, dice ‘ah, este güey no tiene un proyecto de vida, ¿no?’ (D. Andrés, comunicación personal, 05 de abril del 2023)
Esta narrativa se tensiona cuando las propias juventudes visualizan al narcotráfico como una parte de su proyecto de vida. Por ejemplo, en el caso de Iván, considera que el narcotráfico momentáneamente le puede aportar la posibilidad de cumplir su objetivo de ser piloto aviador comercial.
Si te metes para piloto privado de volada te llegan así de que “¿quieres trabajar así para el narcotráfico de llevar viajes de la sierra hasta la ciudad?” […] En la carrera de piloto privado no hay mucha gente que te contrate que sea pues legal […] Y ahí pues la gente se aprovecha y te meten así (E. Iván, comunicación personal, 20 de junio del 2023).
Las y los estudiantes reconocen que las actividades que pueden realizar en el narcotráfico son poco lucrativas, pero aun así muchos las configuran como parte de su proyecto de vida. José reconoce que punteros y pistoleros “nunca traen dinero, se lo gastan todo. La neta, les llega la raya, les llega la quincena y ya se la gastaron en cosas [refiere a drogas] para andar activos” (E. José, comunicación personal, 06 de junio del 2023). En el caso de Iván, desde entornos familiares ha tenido contacto con espacios del narcotráfico denominados de alto y bajo rango, reconoce que son actividades precarias que sólo los llevan a la muerte.
Aquí estamos [en la escuela], se puede decir, más seguros […] Y es donde yo digo, ‘pero ¿por qué todos se quieren meter ahí si no van a ganar nada?’. No van a ganar nada, yo sé. Por eso no me llama la atención estar ahí (E. Iván, comunicación personal, 20 de junio del 2023).
Aun cuando son espacios mal pagados, el andar en las camionetas, ser pistoleros o punteros, en ocasiones para los jóvenes son sus únicas alternativas para salir adelante. Para algunos, porque necesitan solventarse económicamente a sí mismos o a algún familiar; para otros, ese futuro les brinda beneficios simbólicos, como el ser reconocidos y apoyados por sus pares. Les brinda oportunidades, un espacio de pertenencia y ocupar una posición en la jerarquía social predominante en la comunidad.
Ante la violencia y la apropiación de expectativas de vida desde el narcotráfico, los colaboradores compartieron que miembros de la comunidad escolar configuran dinámicas de resistencia, redes de apoyo y estrategias pedagógicas encaminadas a la autopreservación y a la configuración de referentes distintos a los del narcomundo. Para el profesorado, incentivar el pensamiento crítico y proponer espacios dentro del aula para cuestionar la realidad social a la cual se adscribe el estudiantado son estrategias valiosas y necesarias que ayudan a romper las tendencias hacia la ilegalidad.
El sentido común de nuestras plebes y nuestros plebes está construido con base en muchos de esos referentes. Entonces, para ellos el sentido común es eso. O sea, es como esta cosa positivista de nazco, crezco, voy a la primaria del pueblo, a la prepa del pueblo y luego ya con mi título, pues ya empiezo a buscar ahí si cuido la casa grande; o mientras soy estudiante le convengo al pesadillo, porque pues traigo uniforme, pero puedo estar dando el pitazo. […] Estoy utilizando mi supuesto rol como estudiante para formar parte dé. Y ahí ¿cómo resistes a eso? A lo mejor platicándole al morro “mijo, existe algo que se llama poder, y existe algo que se llama resistencia y existe algo que se llama imaginario social”. Yo te digo porque es mi materia, pues. Cada quien tiene que encontrarle (D. Andrés, comunicación personal, 05 de abril del 2023).
El cuidado y apoyo también son condiciones importantes a la hora de la definición de los proyectos de vida alejados del narcotráfico. En la comunidad, la figura docente no es sólo la de impartir una clase, sino que se apropian de distintos roles en beneficio de sus estudiantes.
No vemos a los muchachos como muchachos, de ‘ah, es que él es un estudiante y hasta ahí’. No. Hay una conexión muy personal con la mayoría de los alumnos. Todos vemos por ellos, todos nos preocupamos, todos sabemos ‘ah, es que tú eres el hermano de tal, ¿verdad? Ah, pues fíjate que más atención te voy a tener porque yo tengo contacto con tu mamá’. […] O sea, hay esa fraternidad, como pudiera llamar (D. Marcela, comunicación personal, 06 de marzo del 2023).
El fomento de actividades extracurriculares es también otra dinámica aplicada por el profesorado. Si bien, no son espacios concurridos por los estudiantes, docentes comparten que cada vez hay más interesados por ferias de ciencias, concursos académicos y actividades culturales como teatro y deporte. El maestro Andrés compartió que “una escuela como la prepa 2 de Octubre [que] tenga un fuerte cronograma de actividades culturales para los plebes, esa es una resistencia” (D. Andrés, comunicación personal, 05 de abril del 2023). Para Marcela, el profesorado siempre trata de motivar a los estudiantes a que se inscriban a los concursos y actividades culturales, aunque no siempre reciban la mejor respuesta: “siempre estamos motivando de esa manera de ‘hey, ándale, vamos a participar, vente’, ‘es que mira aquí en Química, Biología, en Comunicación’. Yo aquí tengo todas mis convocatorias” (D. Marcela, comunicación personal, 06 de marzo del 2023).
Para una definición de un futuro alejado del narcomundo los referentes dentro de la familia son indispensables. Un núcleo familiar que apoye afectiva y económicamente a las juventudes, sumado a condiciones educativas favorables, vuelven posible imaginar otro futuro más próspero. De acuerdo con Riquelme et al. (2019) esto se debe a que las infancias y juventudes aprenden a definirse a sí mismas, a entender el mundo y a relacionarse con este a partir de lo que observan en escenarios próximos como la familia. Joseph considera que, si “sus padres tuvieron una formación académica”, es probable que “esos poquitos alumnos [tengan] ese proyecto de vida” (P. Joseph, comunicación personal, 16 de marzo del 2023). Iván reconoce que tiene el apoyo de su familia para ser piloto aviador comercial.
Tengo el apoyo de mi familia. Mi mamá casi no quiere, pero mi papá no dice nada. Sí me apoya mi papá. Y tengo de [otros familiares] apoyo de ellos, de que me pueden recomendar con gente que sea piloto. Y al final de cuentas nomás que me relacione poquito con los aviones para saber, que me acerquen a estar en aviones, de que me enseñen poquito y ya no me veo tan riesgoso. […] De que “bueno, sabes qué papá, hazme el favor de ser piloto”, que me pague la carrera, y de ahí ya no voy a comenzar de cero (E. Iván, comunicación personal, 20 de junio del 2023).
Debido al reconocimiento de la inseguridad y la falta de espacios donde las juventudes depositen sus expectativas de vida, han configurado códigos y acciones para la sobrevivencia y búsqueda de un futuro esperanzador. Las manifestaciones directas, estructurales y simbólicas (Galtung, 2016) de la violencia criminal legitiman identidades, comportamientos y expectativas de vida desde la transgresión (Sánchez, 2009). Al ser el narcotráfico un fenómeno cercano con el que conviven (Córdova, 2007; Moreno et al., 2016) sus alcances los experimentan cotidianamente en su trayecto a las escuelas con la presencia de sujetos armados en los alrededores, dentro de las instituciones educativas con prácticas que transgreden y retan la autoridad, incluso algunos utilizan su rol de estudiantes para labores de halconeo. Esto concuerda con lo que Jiménez-Bautista (2019) documenta sobre la hibridación de la violencia, lo cual condiciona climas de insensibilidad que legitiman prácticas, identidades y expectativas de vida desde el narcomundo.
Una constante en la vida de los estudiantes de Culiacancito es la experiencia de un núcleo familiar resquebrajado. Jóvenes que viven solos o con familiares que no representan un apoyo para definir su futuro. Las carencias afectivas se encuentran relacionadas con condiciones económicas precarias, lo que resulta en la necesidad de trabajar desde edades tempranas y desatender los estudios. En este artículo, concluimos que ante situaciones que condicionan la vulnerabilidad en contextos de proximidad psicosocial con el narcotráfico (Moreno y Flores, 2015), los estudiantes mantienen una valoración positiva con las prácticas, el ideal de reconocimiento, estilos de vida y beneficios simbólicos y económicos de los narcotraficantes. Afirmamos que la desestabilidad en el núcleo familiar, la presencia del narcotráfico fuertemente arraigado, carencias afectivas y económicas sumado a un desinterés educativo y una imposibilidad del profesorado como apoyo ante problemáticas territoriales, vuelve posible que las juventudes encuentren en el narcotráfico una opción para definir su proyecto de vida.
No obstante, aun cuando la opción del narcotráfico es legítima en el territorio, muchos jóvenes encuentran en sus docentes un referente para definir su futuro. El cuidado, apoyo y cercanía que ofrece el profesorado representa una alternativa para cuestionar expectativas de vida y realidades sociales marcadas por la violencia criminal. Como sugieren (Reyes-Sosa et al., 2017) la proximidad a eventos de alto impacto y el sentido de inseguridad trastocan las formas en las que se relacionan las juventudes y aceptan al narcotráfico en el territorio. Para Bello-Ramírez y Pereira-Vianna (2021), esto posibilita que docentes y estudiantes se apropien de espacios y pedagogías del cuidado para cuestionar la realidad social violenta.
Esto nos remite al planteamiento de tesis académicas y mediáticas insostenibles sobre las juventudes como sujetos pasivos e influenciables en la construcción de sus aspiraciones de vida (Burgos et al., 2023). En este estudio afirmamos que reconocen las limitaciones y disputas presentes en los distintos escenarios a los que pertenecen. Articulan, definen y reconstruyen constantemente sus expectativas sobre el futuro.
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Este artículo se enmarca en el programa de Becas Nacionales para Estudios de Posgrado 2024-1 por parte de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación.
Declaración de conflicto de intereses
Los autores declaran que no existe ningún conflicto de intereses.
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CÓMO CITAR EL ARTÍCULO
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Esparza, V. y Burgos, C. (2025). Juventudes escolarizadas en contextos de violencia criminal: estudio sobre la construcción de proyectos de vida. Pedagogía Social. Revista Interuniversitaria, 47, 221-234. DOI:10.7179/PSRI_2025.47.13 |
DIRECCIÓN DE LOS AUTORES
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Victor Horacio Esparza Bernal. Facultad de Ciencias de la Educación Ave. Cedros y s/n Fracc. Los Fresnos, C.P. 80034., Los Sauces, Culiacán Rosales, Sin. México. E-mail: victoresparza.fce@uas.edu.mx. César Jesús Burgos Dávila. Facultad de Ciencias de la Educación Ave. Cedros y s/n Fracc. Los Fresnos, C.P. 80034., Los Sauces, Culiacán Rosales, Sin. México. E-mail: cj.burgosdavila@uas.edu.mx. |
PERFIL ACADÉMICO
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VICTOR HORACIO ESPARZA BERNAL https://orcid.org/0000-0003-0960-6378 Licenciado en Psicología y Maestro en Educación por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Estudiante de Doctorado en Educación por la UAS. Colaborador en el Laboratorio de Estudios Psicosociales de la Violencia de la facultad de psicología UAS. Miembro del Sistema Sinaloense de Investigadores y Tecnólogos (SSIT) como tecnólogo asistente. CÉSAR JESÚS BURGOS DÁVILA https://orcid.org/0000-0001-7701-8266 Licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), México. Máster en Investigación en Psicología Social y Doctor en Psicología Social por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), España. Realizó estancia Posdoctoral en el Department of Ethnic Studies de la University of California, Berkeley, EEUU. Es Profesor Investigador Tiempo Completo – C comisionado en la Facultad de Ciencias de la Educación (FACE), UAS. Coordinador de la Maestría y del Doctorado en Educación de la FACE, UAS. Coordinador del Laboratorio de Estudios Psicosociales de la Violencia de la facultad de psicología UAS. Integrante del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores Nivel I e Investigador Honorífico del Sistema Sinaloense de Investigadores(as) y Tecnólogos. |
Notas
1 Revisar a Almonacid (2022) para profundizar en una contextualización histórica y geográfica de Culiacancito, así como en los antecedentes de la Escuela Preparatoria 2 de octubre.
2 Jóvenes que trabajan en la estructura del narcotráfico. Se ubican en puntos del territorio para realizar tareas de vigilancia, seguimiento y enfrentamiento con elementos de seguridad, grupos criminales o cualquier situación que les despierte sospecha. En otras regiones de México son conocidos como “halcones” o “estacas”.
3 Evento de violencia desbordante tras el operativo para capturar a Ovidio Guzmán López, hijo de Joaquín Guzmán Loera. El segundo culiacanazo implicó una disputa entre las estructuras del narcotráfico y el Estado. Las condiciones de violencia que prevalecían en Culiacán sitiaron a gran parte de la población en sus hogares.